Imagen de archivo del Toro de Osborne de Tavernes (Valencia), vandalizado por Arran en 2018
El toro de Osborne, mutilado en una carretera de Valencia
Las hipótesis sobre la causa de los destrozos van desde las fuertes rachas de viento a un posible sabotaje
El toro de Osborne de la N-332, uno de los hitos más reconocibles del tramo costero de la Safor, ha vuelto a caer. La silueta negra que desde hace décadas domina el paisaje a la altura de Tavernes de la Valldigna amaneció este viernes prácticamente destruida, con el cuerpo abatido y solo la cabeza aún en pie, sostenida por dos de los pilares de la estructura. El alcance de los daños obliga a abrir una investigación para determinar si se trata de un nuevo episodio de vandalismo o de las consecuencias de un temporal especialmente intenso.
Las causas del derribo no han sido aclaradas por el momento. Entre las hipótesis que se barajan figura el fuerte viento registrado durante la noche, con rachas que alcanzaron los 70 kilómetros por hora en esta zona de la Valldigna. La ubicación del toro, en lo alto de un montículo muy expuesto, lo convierte en un elemento especialmente sensible a los temporales, una circunstancia conocida tanto por los vecinos como por la propia empresa propietaria.
El precedente más reciente se remonta a octubre de 2024, cuando la dana provocó la pérdida del recubrimiento de una de las patas. Aquel episodio no afectó al armazón principal ni a las planchas de acero de cuatro centímetros que conforman la silueta, que resistieron intactas. El estado en el que ha quedado ahora, con daños estructurales generalizados, marca una diferencia sustancial.
Un historial marcado por los sabotajes
La prudencia se impone porque no es la primera vez que el toro de Tavernes resulta gravemente dañado. En 2009 la estructura metálica cedió y fue necesaria su reconstrucción. Más tarde, en diciembre de 2016, la silueta fue derribada tras un sabotaje en el que se serraron previamente las patas, aprovechando después la acción del viento. Osborne repuso el toro en el verano de 2017.
Apenas unos meses después, en abril de 2018, se produjo un nuevo ataque con un modus operandi similar y coincidiendo también con una jornada de fuertes rachas. En esa ocasión, el sabotaje fue reivindicado por el colectivo independentista Arran. Desde entonces, la figura ha requerido distintas reparaciones por daños provocados tanto por fenómenos meteorológicos como por actos vandálicos.
Un icono protegido y en suelo privado
La reiteración de incidentes ha llevado a la empresa a plantearse en algún momento un cambio de ubicación, aunque por ahora no se ha tomado ninguna decisión. El terreno donde se asienta el toro es de propiedad privada, un factor que añade complejidad a cualquier traslado.
La silueta del toro de Osborne goza además de una protección singular. Aunque la legislación prohíbe los anuncios publicitarios junto a las carreteras, en 1998 el Gobierno de España otorgó a estos toros un estatus especial al considerarlos parte del patrimonio cultural del país y declararlos Bien de Interés Cultural. Desde entonces, las figuras repartidas por la geografía española cuentan con un régimen de protección específico.