Imagen del interior de la capilla del Real Monasterio de Santa María de la Valldigna, Valencia
La 'Capilla Sixtina' valenciana: la reliquia escondida en un monasterio de más de ocho siglos de historia
La Comunidad Valenciana guarda importantes joyas históricas y culturales en su interior, fruto de un pasado en el que se sucedieron reinos, civilizaciones y tradiciones que dejaron una herencia tan diversa como valiosa. Castillos, monasterios, murallas y auténticas piedras preciosas salpican su territorio y ayudan a entender la riqueza patrimonial de estas tierras. Una de estas reliquias es la considerada 'Capilla Sixtina' valenciana, enclavada en el monasterio de Simat de la Valldigna, un lugar que sorprende tanto por su historia como por la intensidad artística que alberga entre sus muros.
En pleno corazón de la comarca de la Safor, entre montañas suaves y una huerta fértil que ha marcado la vida del valle durante siglos, se alza el Real Monasterio de Santa María de la Valldigna. El enclave transmite desde el primer momento una sensación de recogimiento y grandeza, reforzada por el entorno natural que lo rodea. No es casual que este espacio haya sido comparado con algunos de los grandes templos decorados de Europa, ya que su iglesia conserva un conjunto pictórico barroco de enorme riqueza, donde frescos, bóvedas y luz natural se combinan para crear una atmósfera casi envolvente.
Imagen del Real Monasterio de Santa María de la Valldigna, Valencia
La historia del monasterio se remonta a finales del siglo XIII, cuando el rey Jaime II el Justo decidió fundar un nuevo cenobio cisterciense en este valle entonces conocido como Alfàndec. La tradición cuenta que, al atravesar estas tierras tras las campañas en Murcia y Alicante, el monarca pronunció una frase que acabaría dando nombre al lugar, al considerarlo digno para levantar un monasterio de la orden del Císter. Más allá de la leyenda, lo cierto es que en 1298 se formalizó la concesión de las tierras al abad de Santes Creus y comenzaron las obras de un complejo que se desarrollaría a lo largo de varios siglos.
El conjunto monástico fue creciendo y transformándose con el paso del tiempo. A la estructura gótica inicial se le fueron sumando reformas y ampliaciones, muchas de ellas motivadas por los daños provocados por los terremotos que sacudieron la zona en 1396 y 1644. Estas catástrofes obligaron a reconstrucciones profundas que derivaron, especialmente entre los siglos XVII y XVIII, en una renovación de carácter barroco que es la que hoy define buena parte de su fisonomía. La iglesia actual, levantada en la segunda mitad del siglo XVII, destaca por su planta de cruz latina, su cúpula sobre el crucero y, sobre todo, por la exuberante decoración pictórica que cubre bóvedas y paredes, razón principal por la que se la conoce popularmente como la 'Capilla Sixtina' valenciana.
Imagen del interior de la capilla del Real Monasterio de Santa María de la Valldigna, Valencia
El monasterio se organiza como un recinto amurallado al que se accede a través de una monumental portada flanqueada por torres, vestigio de su carácter defensivo. Tras el acceso, se abre un espacio que conduce a distintas dependencias monásticas, entre ellas el claustro, núcleo de la vida cisterciense, alrededor del cual se disponían las estancias más importantes. Aunque hoy solo se conservan restos de arcos y muros, el conjunto permite imaginar la vida cotidiana de los monjes, marcada por el silencio, la oración y el trabajo. El refectorio, la sala capitular o el palacio del abad completaban un complejo que llegó a ser uno de los más influyentes del antiguo Reino de Valencia.
La decadencia llegó en el siglo XIX, cuando la desamortización provocó el abandono del monasterio y su progresivo deterioro. Durante décadas, el antiguo cenobio fue expoliado y reutilizado con fines agrícolas, hasta que la preocupación de historiadores e intelectuales valencianos evitó su desaparición definitiva. Finalmente, ya en el último tercio del siglo XX, la movilización social y la implicación de las instituciones permitieron su recuperación. La adquisición del conjunto por parte de la Generalitat Valenciana en 1991 marcó el inicio de un ambicioso proceso de restauración que ha devuelto al monasterio gran parte de su esplendor original.
Hoy, el Real Monasterio de Santa María de la Valldigna se ha consolidado como uno de los grandes referentes del turismo cultural en la provincia de Valencia. El acceso libre y la posibilidad de realizar visitas guiadas facilitan que el visitante pueda comprender la magnitud histórica y artística del lugar. La experiencia se completa con un paseo por Simat de la Valldigna, un municipio íntimamente ligado al agua y al paisaje agrícola del valle, donde fuentes, antiguas infraestructuras hidráulicas y una gastronomía basada en productos de la huerta refuerzan la sensación de estar descubriendo un rincón con identidad propia.
Visitar esta 'Capilla Sixtina' valenciana no es solo adentrarse en un monumento, sino recorrer siglos de historia concentrados en un enclave que resume la espiritualidad, el arte y la memoria colectiva de la Comunidad Valenciana. Un lugar que demuestra que, más allá de los grandes iconos conocidos, el territorio valenciano esconde auténticos tesoros capaces de emocionar y sorprender a quien se detiene a contemplarlos.