Imagen de Miquel Gilabert

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Mare, el restaurante escondido en un pueblo del interior de Alicante con más botellas de vino que habitantes

En el corazón de Benidoleig, un pequeño pueblo del interior de Alicante de apenas setecientos habitantes, el restaurante Mare se ha convertido tras su fachada discreta en un espacio cálido, con pocas mesas, donde la cocina de proximidad, la brasa y la memoria familiar marcan el ritmo de cada servicio.

Al frente de Mare está Miquel Gilabert, conocido en el entorno gastronómico como Suculent Gilabert, un cocinero con experiencia en restaurantes como Etxebarri que ha decidido volver a sus raíces para reinterpretar la tradición valenciana desde una mirada muy personal. El nombre del establecimiento homenajea a su madre, quien todavía le ayuda en la recolección de botánicos para complementar sus platos.

En un restaurante ubicado en un pueblo de sólo 700 habitantes se sirven más de 3.000 gambas rojas al año, alcanzando un consumo de 43 kilos, con un repunte especial durante las fiestas navideñas.

Asimismo, la bodega del establecimiento supera ya las 900 referencias, convirtiéndose en un hito al disponer de mayor número de botellas que de personas en el municipio.

La propuesta gastronómica de Mare se articula en torno a varios menús degustación (también se puede pedir a la carta) que cambian según el mercado y la temporada, siempre con el producto local como punto de partida. Miquel mantiene una relación muy estrecha con productores de la zona y acude a la lonja casi a diario, lo que se traduce en pescados del día impecables y verduras que llegan al plato en su mejor momento.

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Imagen de Miquel GilabertEl Debate

La brasa tiene un peso fundamental: por ella pasan desde cortes de carne y pescados hasta vegetales tratados con mimo, buscando sabores nítidos y ese punto de humo que recuerda a las comidas de antaño.

El interior de Mare combina piedra vista, madera y una decoración sobria que genera un ambiente íntimo, casi doméstico.

La experiencia se completa con una banda sonora cuidada –incluido un tocadiscos que aporta un punto romántico– y una bodega bien pensada, centrada en referencias que acompañan sin eclipsar la cocina.

Mare no es un sitio de paso: es un restaurante al que se va ex profeso, buscando una cocina honesta, de proximidad y con discurso propio. Desde la Marina Alta y la costa cercana hasta quienes llegan desde Valencia o Alicante, cada vez son más los comensales que reservan mesa para descubrir el proyecto.

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