La emotiva carta de una madre valenciana: «Cuidemos a los que nos cuidan»
«Muchísimas gracias a todas las personas que han hacer han contribuido a que hoy mi hijo esté vivo»
Queridos todos:
Escribo esta carta para compartir mi agradecimiento por todo lo que os voy a contar a continuación. Empezaré explicando muy brevemente el caso de mi hijo: al nacer, el pediatra del hospital privado en el que di a luz, le detectó un soplo, una condición que en muchos casos suele ser funcional y benigna, pero que aun así requiere una exploración del especialista. Con el informe de alta fui a mi ambulatorio y mi pediatra -de la Seguridad Social- me concertó una cita con cardiología en el Hospital General (el que me toca por zona). Un martes fui a esa cita en la que me atendió una cardióloga que se tomó su tiempo con la ecografía, que pidió un electro y que llamó a otra compañera para contrastar sus hallazgos. Me dijeron que además del soplo veían otras anomalías. Me citó para el día siguiente, miércoles. Volvió a ver al niño junto con otra compañera distinta de la del día anterior y, efectivamente, se confirmó: veían varias afecciones cardiacas que debían ser atendidas no con urgencia inmediata, pero si con cierta premura. Esa doctora me explicó que todas las cardiopatías infantiles de toda la Comunidad Valenciana se derivan al Hospital La Fe y que ella misma iba a llamar a sus colegas personalmente para derivarles el caso. Me quedé sorprendida por la rapidez de la gestión y la perfecta coordinación entre ellos. Al salir de la consulta me fui a mi casa en coche, y todavía no había llegado cuando recibí una llamada de esa misma doctora avisándome de que al día siguiente -jueves- tenía cita con el servicio de cardiología de La Fe a las nueve de la mañana y que el niño ya se iba a quedar ingresado. Pasmoso: hacía tres días mi hijo estaba en casa tan tranquilo y nosotros ajenos a toda su problemática, y tres días después estaba ingresado y con una cirugía de riesgo programada (previo estudio concienzudo por parte del equipo de cardiólogos y cirujanos). Increíble.
El cardiólogo que nos atendió por primera vez en La Fe lo hizo con una calidez humana que no me esperaba, la verdad, y que agradecí inmensamente dadas las circunstancias. Habían recibido todas las imágenes que les habían enviado previamente sus compañeras del General, entonces ya conocía el caso. Tuvo la paciencia de explicarnos bien en qué consistía la condición de mi hijo y respondió a nuestras preguntas con mucha amabilidad. Nos indicó que la operación quedaba programada para el siguiente lunes y que hasta entonces quedaría el niño -el bebé- ingresado por precaución. Durante esos cuatro días previos a la operación una de las cirujanas vino a la habitación y nos explicó con toda delicadeza en qué iba a consistir la intervención, y todos los riesgos que implicaba. Total que el lunes entró en quirófano. O sea, en el plazo de una semana mi hijo había sido diagnosticado, derivado y su intervención programada y ejecutada, sin escatimar en pruebas de imagen, analíticas, etc. Soy consciente de que detrás de este rápido y eficaz proceso está la implicación de mucha gente que no sólo ha hecho bien, muy bien, su trabajo, sino que se ha hecho cargo de nosotros personalmente. A todos ellos gracias infinitas: desde el primer pediatra de aquel centro privado, hasta el equipo de cirujanos de La Fe que ejecutó la intervención quirúrgica, pasando por mi pediatra del ambulatorio, las cardiólogas del General, y todos los que se han visto involucrados en este proceso: desde auxiliares a enfermeras, pasando por todo tipo de especialistas (radiólogos, anestesistas, perfusionistas…), sin olvidar a los que mantienen el hospital en condiciones para poder trabajar y ser atendido en sus instalaciones. Gracias también a las voluntarias de «Latiendo Juntos», por darnos información muy valiosa en momentos de incertidumbre y por estar siempre cercanas.
Imagen del Hospital La Fe de Valencia
Gracias al Sistema que tenemos, sí, pero el Sistema -al final- son las personas que lo forman: cuidémoslas, reconozcamos su incansable trabajo, más aún, la misión que llevan cabo: ayudar a salvar vidas, las nuestras, las de nuestros hijos.
Al acabar la operación -lunes por la tarde- mi hijo pasó a la UCI Pediátrica y en menos de cuarenta y ocho horas se produjo una complicación inesperada que le llevó al borde la muerte. Allí hemos pasado de los momentos más críticos de nuestra vida. Permaneció en la UCI catorce días. Quiero dar infinitas gracias al equipo de pediatras de la UCI. Han sido siempre muy humanos y delicados, amables y pacientes y sobre todo: han luchado con todas sus fuerzas por la vida de mi hijo, noche y día. Gracias al que metió literalmente los dedos en el tórax abierto de mi hijo para reanimar su corazón. Eso es impagable. Simplemente puedo contemplarlo, guardarlo y agradecerlo el resto de mi vida.
Gracias a las enfermeras y enfermeros que lo cuidaron, también a las auxiliares. Gracias por vuestra accesibilidad y transparencia. Gracias porque la UCI Pediátrica de la Fe sea abierta 24 horas y por disponer de un espacio íntimo para los familiares. Y no olvido a ese par de payasos cantarines que entraron un día para ofrecernos su cercanía y cariño.
El trabajo que hacéis es inestimable, así que sólo puedo daros las GRACIAS y deciros -a todos- que a partir de ahora formáis parte de nuestra familia de algún modo, que os llevamos en nuestro corazón y que estaréis siempre en nuestras oraciones.
El pequeño fue mejorando muy poco a poco y después de catorce días subió a planta para acabar de recuperarse. Allí pasó doce días y tengo que decir que me he quedado impresionada. Han pasado frecuentemente todos los especialistas: cardiólogos, cirujanos, otorrinos, logopedas, neuropediatras, el neurocirujano, los de cirugía plástica, y ¡también los payasos! Gracias a todos ellos. Gracias a la pediatra que está en planta haciéndose cargo sin escatimar esfuerzos. Gracias a las enfermeras, auxiliares y personal de limpieza. ¡Gracias por dar de comer al acompañante! Y también gracias a la trabajadora social que me orientó con toda afabilidad.
Esto es el Sistema que tenemos, un tesoro. Esto es la Seguridad Social: las personas que lo conforman y todos los que contribuimos. Tendrá deficiencias, pero creo que en ocasiones como estas los profesionales se merecen un reconocimiento y un agradecimiento infinitos. En otra parte del mundo mi hijo no tendría ninguna posibilidad o yo no tendría la capacidad de costeársela.
¡Cuidemos a los que nos cuidan, por favor! Cuando tu hijo va a ser intervenido en una operación de riesgo te importa mucho, entre otras cosas, que los cirujanos que le van a intervenir hayan descansado bien la noche anterior, que estén contentos con su trabajo y de buen humor (si es posible). Cuando estás casi dos semanas en planta agradeces que la atención sea competente y profesional, pero también que el ambiente sea distendido, agradable y humano. Todo eso requiere, entre otras cosas un salario y un horario acorde con la responsabilidad y el peso moral que muchos de ellos soportan cada día.
En fin, muchísimas gracias a todas las personas que han hecho este increíble viaje posible. Gracias a Nacho, Esther, Nuria, Antonio, Esteban, Alex, Consuelo, Silvia, Ana, María, Anaïs, Alfredo, Juan, Isabel, Matías, María Jesús, Belén y un larguísimo etcétera de personas que con su buen hacer han contribuido a que hoy mi hijo esté vivo. Juntos podemos hacer grandes cosas: cuidemos lo que tenemos.