Imagen del petardo 'Cochino cagón'.
El petardo de moda de las Fallas 2026
Las tiendas de venta directa de material pirotécnico registran en estos días más del 70 % de la facturación de todo el año
Conforme va avanzando el mes de marzo Valencia pasa a ser una ciudad en la que, prácticamente, se puede escuchar un petardo a cualquier hora del día. En teoría hay unos horarios con ciertas multas, pero lo habitual es que no reine el silencio hasta la ya madrugada del 20 de marzo. Los hay de todo tipo y de cualquier magnitud, pero en las tiendas hay algunos que otros que se piden con cierta asiduidad. ¿Cuál es el petardo de moda en las Fallas de Valencia?
Raúl Guijarro, dueño de Petardos Campanar, vive estos días su particular agosto, como bien suele marcar el tópico. «Teóricamente sí que hay una hora de cierre, pero si hay gente me quedo un par de horas. Hay momentos en los que no deja de entrar gente», señala a El Debate.
Y entre esa vorágine los clientes centran sus miradas en varios artículos pirotécnicos que después son los más vistos y escuchados en las calles de Valencia. «Depende mucho de la edad. A partir de los 10 años ya entran pidiendo el petardo más fuerte que pueden tirar por su edad», explica antes de desvelar cuál es el petardo de moda en estas Fallas 2026.
«En niños el 80 % son las bombetas. Se venden miles y miles. No sabría decirte exactamente la cantidad de cajas que podemos llegar a vender incluso cada día. Hasta tenemos packs de 15 y 40 cajas para que resulte más económico porque se tiran bastante rápidas», explica.
Los pequeños también buscan artefactos de color. «Están las luces 'Girasuelos', aunque hay varios modelos. La bola de un planeta incluso y fuentes pequeñas que son muy vistosas y a los más pequeños les encantan», comenta Raúl a este periódico entre atender a unos clientes y otros que buscan petardos y más petardos.
«Pero sin duda hay uno que se vende muchísimo. Ya el año pasado volaba y este año sigue en el mismo plan: El 'Cochino cagón'», explica el dueño. Resulta que este material consistente en un tubo y un cartón exterior que tiene la imagen de un cerdo. «Al encender la mecha hace un efecto de luz y comienza a tirar una ceniza que simula que el animal está defecando. Eso a los niños les hace mucha gracia y se venden muchísimo», detalla Raúl Guijarro.
Superada esta tapa más infantil los jóvenes también tienen sus preferencias. «Están los minipiratas y los 'Chinos' de toda la vida, pero también están arrasando las varitas de bengalas de colores», comenta el dueño de Petardos Campanar.
Imagen de Raúl Guijarro en la tienda Petardos Campanar.
«A partir de los 10 y 15 años la cosa ya cambia, porque entran a la tienda y directamente te piden el petardo más fuerte que pueden lelvarse. Para esas edades está el 'Gatito', aunque también se venden otros más tradicionales como 'Superfalleros' o 'Megafalleros'», explica Guijarro.
¿Y los mayores de edad? Pues tirar petardos no es una cosa de niños. Sólo hay que andar por Valencia para ver como los más adultos son los que tiran de forma descontrolada ciertos petardos de una magnitud considerable. «Entran pidiendo el petardo más potente y bien se llevan el 'Súpergato' que lleva 2 gramos de pólvora por unidad o el 'Súperprono nº3', que sólo lleva un gramo pero de forma muy prensada y hace un ruido más seco y potente».
Durante las Fallas este tipo de tiendas llegan a hacer hasta el 70 % de la facturación y venta de todo el año, aunque en el caso de Raúl Guijarro el porcentaje varía un poco. Y todo ello entre estrictas medidas de seguridad: «El año pasado en marzo tuve tres inspecciones de la Guardia Civil y otras tres de Policía Local. Ellos siguen un control y nosotros tenemos que cumplir a rajatabla ciertas medidas de seguridad. Por ejemplo, no puedo tener más de 150 kilos de material pirotécnico en la tienda y tampoco puedo fuera del búnker más de un 20 % del material registrado. Hasta tenemos un seguro de responsabilidad civil y debemos notificar todos nuestros trabajadores a Delegación del Gobierno».
Y así Raúl Guijarro vende cajas y cajas de petardos por minutos, sus estanterías están repletas y hay cajas llenas de 'bombetas', para que cuando un padre entre en busca del petardo más infantil pueda tenerlo al alcance de la mano. Fuera, en la calle, en un abrir y cerrar de ojos se monta una fiesta entre mechas, pólvora y seguridad.