Montaje de una imagen de Ibi y de los cocineros del restaurante Sol Repsol 'Erre que erre'
El restaurante con un Sol Repsol donde comer en medio de la naturaleza por un precio asequible en Alicante
Este local de alta cocina está situado en un enclave natural en la popularmente conocida «Villa del juguete»
La Comunidad Valenciana vive desde hace años un momento especialmente dulce en lo gastronómico. A la tradición mediterránea, arraigada en el producto y el recetario popular, se ha sumado una nueva generación de cocineros que reinterpretan ese legado con técnicas actuales y una mirada contemporánea. El resultado es una oferta amplia y diversa en las provincias de Alicante, Valencia y Castellón, donde cada vez es más fácil encontrar restaurantes de gran nivel a precios que, sin ser bajos, sí resultan más accesibles para quienes buscan una experiencia gastronómica cuidada sin caer en excesos.
En ese mapa de propuestas que equilibran calidad y precio destaca un restaurante reconocido con un Sol Repsol que ha sabido hacerse un hueco entre quienes buscan comer bien en un entorno especial. Se trata de un espacio donde la cocina de producto, la creatividad medida y el respeto por la tradición se combinan con una filosofía clara: ofrecer una experiencia gastronómica honesta, cercana y adaptada a un público amplio. Todo ello en un enclave que suma tanto como el propio menú, rodeado de naturaleza y situado en una localidad conocida como la «villa del juguete».
Ese lugar es Ibi, y el restaurante es 'Erre que erre'. Detrás del proyecto está Ricardo Moltó, un cocinero que conoce bien la alta cocina y fue jefe de cocina en Monastrell, distinguido con un Sol Repsol, y que, tras años de aprendizaje, decidió regresar a su origen para levantar un proyecto muy personal. El nombre del restaurante no es casual: responde a su propia forma de ser, insistente y perseverante. «Soy testarudo, soy erre que erre», ha explicado en más de una ocasión, y esa filosofía se percibe tanto en la evolución del local como en su propuesta culinaria.
El establecimiento, que en 2026 ha sido reconocido con un Sol Repsol y una placa Michelin, tiene sus raíces en el antiguo Restaurante Ricardo, un negocio familiar que durante décadas fue punto de encuentro de empresarios y comensales habituales. Con la crisis llegó el cambio, y lo que comenzó como un discreto gastrobar fue transformándose poco a poco en un restaurante gastronómico con identidad propia. Hoy, su cocina mira al territorio sin renunciar a explorar ingredientes y técnicas más allá de lo local, siempre con el producto como eje central.
La experiencia puede articularse a través de carta o de un menú degustación que ronda los 70 euros, una cifra que lo sitúa en ese segmento cada vez más demandado: alta cocina accesible. En mesa aparecen elaboraciones como la croqueta de «aladroc», la ostra escalfada con granizado y caviar de cereza o el sabroso «sagí», una manteca de cerdo aromatizada con tomillo y romero que invita a mojar pan sin reparos. También hay espacio para los sabores más tradicionales, como la pericana de pimiento seco, aceite de oliva y bacalao desmigado, un guiño a la memoria gastronómica de la zona.
El discurso culinario de Moltó se apoya en el producto de temporada y de proximidad, aunque sin cerrarse a materias primas de otros puntos de España o incluso de Europa si la calidad lo justifica. A ello se suma una bodega con protagonismo de vinos cercanos, gestionada por la sumiller Patricia Monllor, que completa una experiencia coherente y bien hilada. El proyecto, además, tiene un marcado carácter familiar, con la incorporación de la siguiente generación, que ya empieza a tomar posiciones tanto en cocina como en sala.
«La Villa del juguete»
Pero si algo potencia la visita es el entorno. Ibi se sitúa a los pies del monte Teixereta, entre los cerros de San Miguel y Santa Lucía, en pleno corazón de la Foia de Castalla. Rodeada por espacios naturales como el Parque Natural del Carrascal de la Fuente Roja y la sierra de Biscoi, esta localidad de interior ofrece un paisaje que combina monte, aire limpio y tranquilidad, a apenas media hora de la costa.
Conocida como la «villa del juguete», Ibi ha construido su identidad en torno a una potente industria manufacturera que marcó generaciones. Esa historia se puede recorrer en espacios como el Museo Valenciano del Juguete o el Museo del Arcade Vintage, además de monumentos como el dedicado al centenario del juguete o el singular Monumento de los Reyes Magos, único en Europa y profundamente ligado a la tradición local.
Dos niños, viendo el Museo Valenciano del Juguete, en la localidad alicantina de Ibi
El visitante también encuentra en Ibi un destino con vida cultural y festiva. Las fiestas de Moros y Cristianos, que se celebran en septiembre, transforman sus calles en un gran escenario histórico, mientras que el Día de los Inocentes sorprende con una peculiar batalla festiva cargada de humor y participación popular. A ello se suman rutas por sus cerros y ermitas, como las de Santa Lucía o San Miguel, que permiten descubrir el patrimonio natural y religioso del municipio.
Así, la experiencia en Erre que erre no se limita a la mesa. Es una invitación a descubrir un territorio donde tradición e innovación conviven con naturalidad, donde la gastronomía se integra en el paisaje y donde un cocinero, fiel a su carácter, ha demostrado que, a base de insistencia, ‘erre que erre’, se puede construir un destino culinario con identidad propia.