Imagen de los almendros en flor en el valle de Guadalest, Alicante
La escapada perfecta para ver almendros en flor esta primavera que recomienda National Geographic
Se trata de la última reserva de la Comunidad Valenciana de este tipo de campos
La primavera está a la vuelta de la esquina y los días empiezan a alargarse con temperaturas más agradables. El buen tiempo y el sol invitan a salir de casa y planear alguna escapada, especialmente ahora que se acercan los festivos de Semana Santa, una oportunidad perfecta para descubrir nuevos rincones. Entre los planes más populares de esta época del año destacan visitar pueblos medievales, recorrer rutas por el interior o disfrutar de uno de los espectáculos naturales más esperados del final del invierno: los almendros en flor.
Cada temporada, la floración de estos árboles transforma algunos paisajes de España en auténticos tapices de pétalos blancos y rosados, un fenómeno que atrae a viajeros y amantes de la naturaleza que buscan pasear entre campos en plena eclosión antes de que llegue definitivamente la primavera. Aunque muchos sueñan con viajar a Japón para contemplar este tipo de paisaje en su máximo esplendor, lo cierto es que existen lugares mucho más cercanos donde disfrutar de escenas muy similares sin salir de la Comunidad Valenciana.
Uno de esos lugares recomendados por National Geographic se encuentra en el interior de la provincia de Alicante. Se trata de la Vall de Guadalest, un valle rodeado por las montañas de Sierra de Aitana, Serrella y Xortà. La particular combinación de altitud, orientación y temperatura crea un microclima que permite que la floración de los almendros se prolongue más que en otros puntos cercanos, haciendo que el espectáculo natural pueda disfrutarse durante varias semanas. En esta zona, los árboles se distribuyen por bancales agrícolas y laderas escalonadas, formando un paisaje salpicado de tonos blancos y rosados que muchos comparan con un «sakura español».
Durante estos meses, pasear por el valle significa adentrarse en campos que parecen cubiertos por una ligera nube de pétalos. Una de las rutas más agradables para contemplar esta estampa es la que une el pueblo de Guadalest con Callosa d'en Sarrià. El recorrido atraviesa huertos tradicionales, antiguos bancales y caminos rurales que serpentean entre cultivos de almendros y otras plantaciones mediterráneas. Dependiendo del itinerario elegido, el trayecto puede superar los diez kilómetros y realizarse en varias horas de paseo tranquilo, permitiendo disfrutar con calma del paisaje y detenerse en miradores naturales desde los que observar el valle en plena floración.
A lo largo del recorrido es frecuente caminar entre campos escalonados donde los almendros florecidos dominan el paisaje y contrastan con el verde de las montañas que rodean el valle. Los caminos rurales que conectan las pequeñas localidades de la zona permiten diseñar rutas sencillas para senderistas o paseos más cortos entre cultivos tradicionales. En muchos tramos el sendero discurre junto a antiguos muros de piedra seca y pequeñas parcelas agrícolas que han marcado el carácter del valle durante generaciones.
Imagen de la llegada al castillo de Guadalest, Alicante
La visita a este entorno natural puede completarse recorriendo el propio pueblo de Guadalest, considerado uno de los más bonitos del interior alicantino. Su castillo, situado sobre un peñasco, y los diferentes miradores permiten contemplar el valle desde lo alto y apreciar mejor la extensión de los campos salpicados de almendros. Desde estas panorámicas es fácil entender por qué este lugar se ha convertido en uno de los destinos más buscados durante los últimos inviernos para disfrutar de la floración.
Este espectáculo natural, sin embargo, se ha vuelto cada vez más valioso en la Comunidad Valenciana. La expansión de la bacteria Xylella ha afectado a miles de almendros en distintas comarcas, dificultando su floración y provocando la desaparición progresiva de estos paisajes. Por ese motivo, la Vall de Guadalest se considera hoy uno de los enclaves donde todavía es posible contemplar decenas de almendros floreciendo entre los meses de febrero y marzo, un momento especialmente esperado tanto por los vecinos como por quienes visitan la zona.
En los alrededores del valle también destacan pequeñas localidades que forman parte de este entorno natural y desde las que se puede disfrutar de la misma estampa primaveral. Pueblos como Confrides, Abdet, Benifato, Beniardá o Benimantell completan este paisaje de montaña donde la floración de los almendros convierte los campos en uno de los escenarios más singulares del interior de Alicante. Durante unas pocas semanas, antes de que las flores caigan y los árboles den paso a las hojas, el valle ofrece una imagen efímera que marca el final del invierno y anticipa la llegada definitiva de la primavera.