Vista de Tollos, el municipio con menos habitantes censados de AlicanteWikipedia

Así es el pueblo más pequeño de Alicante: entre sierras y barrancos, con 32 vecinos y un pasado medieval

Este enclave forma parte de la Ruta 99, un proyecto impulsado por la Generalitat para dar visibilidad a los municipios con menos de cien habitantes de la Comunidad Valenciana

La Comunidad Valenciana está llena de pequeñas rarezas geográficas y humanas que la convierten en un territorio de contrastes. Aquí conviven un pueblo con más gatos y calles que vecinos, la isla habitada más pequeña del país en Tabarca y una red de aldeas de interior donde el silencio pesa más que el tráfico. Entre esas curiosidades poco conocidas aparece un nombre que casi pasa desapercibido en el mapa, pero que guarda un récord singular: ser el municipio con menos habitantes de la provincia de Alicante. Ese lugar, que apenas supera la treintena de censados y forma parte de la Ruta 99 de la Generalitat, es Tollos.

Lejos de la imagen habitual asociada a la provincia, marcada por playas y paseos marítimos, Tollos se esconde en el interior montañoso, en pleno valle del río Seta, dentro de la comarca de El Comtat, a 25 kilómetros de Alcoy. El relieve abrupto, rodeado de sierras y barrancos, explica en parte por qué su demografía ha ido menguando con el paso de los años. Según los últimos datos censales, ronda la treintena larga de habitantes, lo que lo sitúa no solo como el pueblo menos poblado de Alicante, sino como uno de los más pequeños de toda la autonomía.

Pese a su tamaño, Tollos conserva rincones que hablan de su pasado. La iglesia parroquial, dedicada a San Antonio, ocupa el corazón del casco urbano y llama la atención por su sencillez. Su campanario, de base cuadrada y mampostería, no es un elemento cualquiera: es el vestigio de la antigua fortaleza islámica que existió en este enclave y que, siglos después, se transformó en templo cristiano.

De aquel castillo apenas queda en pie esta torre, pero basta para imaginar la importancia estratégica que tuvo el lugar tras la conquista del siglo XIII, cuando se citaba como ‘hisn Tulu’ dentro de los dominios de Al-Azraq. Más tarde pasaría a manos de los marqueses de Guadalest y, tras la expulsión de los moriscos en 1609, quedó prácticamente deshabitado hasta una lenta repoblación posterior.

El recorrido por el pueblo se completa con el antiguo lavadero municipal, testigo de la vida cotidiana de otra época, y con la Fuente Vieja, uno de los manantiales que todavía abastecen a la localidad. A pocos pasos, el paisaje se impone con fuerza en el Barranco de Malafí, un paraje abrupto por el que discurre el río Gorgos y que, aguas abajo, forma los impresionantes cañones del Infierno.

Un enclave para senderistas

Para quienes disfrutan caminando, Tollos es también punto de partida de rutas senderistas exigentes que atraviesan la sierra de Alfaro y conectan con otros pequeños municipios casi suspendidos en el tiempo como Famorca, Fageca o Benimassot.

La vida aquí transcurre a otro ritmo. No hay prisas, apenas tráfico y el contacto con la naturaleza es constante. Eso sí, los servicios básicos obligan a desplazarse a localidades vecinas, una condición que sus pocos habitantes asumen a cambio de tranquilidad y comunidad. Las fiestas marcan los momentos de mayor bullicio, especialmente las celebraciones en honor a San Vicente Ferrer en abril y las patronales a finales de julio, dedicadas a San Antonio y la Virgen del Rosario, cuando el pueblo recupera por unos días un ambiente más animado.

La gastronomía es otro de sus pequeños tesoros. Platos como la olleta de blat picat, un guiso contundente con trigo, legumbres y carne, o los tradicionales minxos, elaborados con harina de maíz y rellenos antiguamente con hierbas silvestres, siguen formando parte de la identidad culinaria de esta zona del interior alicantino. Quien se acerque puede probarlos en el bar del pueblo o completar la escapada alojándose en alguna casa rural del entorno.

Tollos forma parte de la Ruta 99, un proyecto impulsado por la Generalitat Valenciana para dar visibilidad a los municipios con menos de cien habitantes de la comunidad. En total son 24 localidades repartidas por el territorio, cuatro de ellas en la provincia de Alicante, que comparten un mismo objetivo: reivindicar su patrimonio cultural, gastronómico y paisajístico. Como en el Camino de Santiago, los visitantes pueden sellar una credencial que acredita su paso por estos diminutos pueblos, una forma diferente de descubrir un turismo pausado y auténtico.