Objetos encontrados en Metrovalencia

Objetos encontrados en MetrovalenciaGVA

Los valencianos pierden hasta un carrito de bebé: el surrealista inventario de los más de 6.600 olvidos en Metrovalencia

La red de transporte registró una media de 18 despistes diarios durante 2025

Un segundo de distracción basta para volver a casa con las manos vacías. Olvidar el paraguas un día de lluvia o la bufanda en pleno invierno es un clásico del transporte público, pero la capacidad de despiste de los usuarios de Metrovalencia ha demostrado no tener límites. Durante el pasado año 2025, el personal de Ferrocarriles de la Generalitat Valenciana (FGV) recogió un total de 6.604 objetos perdidos en sus estaciones, paradas, trenes y tranvías. Una cifra que arroja una media de 18 extravíos diarios y 550 al mes.

El ranking de los descuidos lo encabezan, como es previsible, los objetos cotidianos de primera necesidad. En lo más alto del podio se sitúan los DNI (667), seguidos de cerca por carteras y monederos (541), llaves (472), mochilas (380), gafas (262) y teléfonos móviles (261).

El inventario de Metrovalencia funciona también como un termómetro social y estacional. En diciembre y enero, la fiebre de las compras navideñas dispara la aparición de tarjetas bancarias abandonadas. En marzo, al calor de las Fallas, los vagones se convierten en un cajón de sastre donde aparece cualquier tipo de objeto. Con el buen tiempo de mayo, las gafas de sol colonizan los asientos vacíos, mientras que en octubre los paraguas, bufandas y guantes reclaman su habitual protagonismo.

De televisores a dosis de insulina

Más allá de la rutina, la lista de objetos custodiados por FGV esconde hallazgos que desafían toda lógica. Resulta difícil imaginar cómo un pasajero puede abandonar el vagón olvidando una bicicleta, una maleta, unas muletas o, incluso, un carrito de bebé. Entre las rarezas que los trabajadores han encontrado en los asientos figuran también cámaras de fotos, disfraces, uniformes de todo tipo, ordenadores, neveras portátiles e informes médicos.

Aún más desconcertante es el hallazgo de artículos críticos para la salud o de gran volumen. El personal ha llegado a recuperar dosis vitales de insulina y adrenalina, cascos de moto, férulas bucales, bastones para personas ciegas, un orinal infantil y hasta un televisor.

A pesar del alto volumen de pérdidas, el índice de recuperación ciudadano es relativamente bajo. Gracias a los protocolos de gestión de FGV, solo un 26,25 % de los objetos (1.734 en total durante 2025) vuelve a manos de sus dueños mientras permanecen bajo la custodia de la empresa. El tiempo de recuperación varía drásticamente: si el artículo tiene elementos identificativos o es de alto valor, el cliente suele reclamarlo y retirarlo durante la misma jornada de su pérdida.

El periplo del objeto perdido

El procedimiento de custodia está estrictamente pautado. En una primera fase, los artículos se centralizan en los Espacio del Cliente (Colón, Xàtiva y Alacant), el Centro de Atención de Benimaclet y los Puntos del Cliente (Àngel Guimerà, Empalme y Mislata). Posteriormente, son trasladados a la sede central para intentar localizar al propietario. Cabe destacar que el pasado año este punto central fue reubicado en la estación de Colón, debido a las inundaciones que sufrió la sede habitual de Valencia Sur.

Los objetos de valor reciben un trato especial, con registro fotográfico y custodia en caja fuerte, mientras que los documentos oficiales (DNI o pasaportes) se entregan a la policía a la mayor brevedad. Si transcurren dos meses sin que nadie reclame sus pertenencias, el destino final varía: los objetos deteriorados van a puntos de reciclaje y el resto se entrega a la Oficina de Objetos Perdidos de la Policía Local de Valencia.

Sin embargo, el olvido de unos se convierte en la ayuda de otros. El dinero en metálico que nadie reclama es donado por FGV a entidades benéficas para sufragar sus gastos. Además, la empresa pública mantiene acuerdos de colaboración con ONGs como Corazones de África, a la que se entrega ropa, libros infantiles, juguetes, mochilas y material ortopédico como muletas o bastones. Por su parte, los carritos de bebé abandonados encuentran una segunda vida gracias a la Asociación Provida, cerrando así un ciclo donde el descuido fortuito acaba transformándose en un acto de solidaridad.

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