Imagen de archivo de las Islas Columbretas, CastellónTurismo Comunidad Valencia

Entre Tabarca y las Columbretes: estas son las 29 islas valencianas que no salen en las guías turísticas

El litoral de Alicante y Castellón concentra auténticas joyas de la naturaleza mediterránea

La Comunidad Valenciana guarda tesoros que a menudo quedan a la sombra del bullicio de ciudades como Valencia o Benidorm. Más allá de paseos marítimos concurridos y playas urbanas, la terreta esconde rincones donde el Mediterráneo se muestra en estado puro, con calas silenciosas, acantilados dorados y paisajes que invitan a bajar el ritmo. Entre esas joyas discretas, poco habituales en las guías turísticas, están sus islas e islotes: pequeñas porciones de tierra rodeadas de azul, casi vírgenes, muchas integradas en reservas naturales y marinas, donde la naturaleza manda y el visitante apenas es un invitado.

En total, el litoral valenciano suma 29 islas e islotes. Once se localizan en Alicante y 18 en Castellón, y solo una está habitada de forma permanente: la Isla de Tabarca. El resto permanece deshabitado, como hitos rocosos que emergen frente a la costa y que, en muchos casos, forman parte de espacios protegidos de alto valor ecológico.

Las dimensiones de estas islas son muy dispares. La mayor en superficie es Tabarca, con 430.000 metros cuadrados y unos 1.800 metros de longitud, seguida por la Isla del Portitxol y la Isla de Benidorm, que superan ampliamente las ocho hectáreas. En el extremo opuesto se encuentra el minúsculo Islote Navarrete, en el archipiélago de Columbretes, con apenas 70 metros cuadrados, poco más que una roca aflorando sobre el mar. Entre ambos extremos, una sucesión de escollos, lajas y pequeñas islas dibujan un mapa desconocido para muchos valencianos.

Las Columbretes, situadas a decenas de kilómetros mar adentro frente a la costa de Castellón, forman uno de los espacios insulares de mayor interés ecológico del Mediterráneo occidental. De origen volcánico, este pequeño archipiélago se compone de varios grupos de islotes montañosos como L'Illa Grossa, La Ferrera, La Foradada y El Carallot, cada uno con perfiles escarpados y una historia geológica impresionante que se remonta a erupciones de hace miles de años.

Archipiélago de las Islas Columbretes, CastellónTurismo Comunidad Valencia

Hoy en día, las Columbretes son Reserva Natural y Lugar de Interés Geológico, declaradas así para proteger su singular biodiversidad terrestre y marina. El acceso está muy regulado, no se puede desembarcar libremente en cualquiera de los islotes y el cupo diario de visitantes está limitado. Lo habitual es contratar plazas con las empresas autorizadas que operan bajo la marca oficial de Parcs Naturals, que ofrecen salidas desde puertos como el de Castellón o el Grao. Las visitas permiten pisar tierra firme solo en l’Illa Grossa bajo condiciones y normas estrictas, y explorar fondos marinos increíblemente ricos, ideales para buceadores y amantes del snorkel que buscan horizontes azules lejos de las multitudes.

Isla habitada más pequeña de España

Más al sur, ya en Alicante, Tabarca cuenta con una trayectoria humana muy distinta. Es la única isla habitada de la Comunidad Valenciana y además se considera la isla habitada más pequeña de España con población civil permanente. Más allá de su atractivo natural, su historia es cuanto menos fascinante. Antes de 1700 era conocida como Illa de Sant Pau o Illa Plana y fue fortificada en el siglo XVIII por orden de Carlos III, que repobló la isla con familias de pescadores genoveses liberadas de la cautividad en Túnez. Estas murallas, puertas barrocas como las de San Rafael, San Miguel o San Gabriel, y la Casa del Gobernador aún definen el núcleo histórico del pueblo y le valieron la declaración de Conjunto Histórico-Artístico en 1964.

Vista aérea de la isla de Tabarca en el mar Mediterráneo.Getty Images

Sus aguas cristalinas fueron una de las primeras en ser declaradas Reserva Marina en España en 1986, lo que ha contribuido a conservar praderas de posidonia y una fauna marina exuberante que atrae a buceadores de todo el mediterráneo.

También frente a un icono turístico como Benidorm se alza, solitaria, la Isla de Benidorm, una prolongación rocosa de la sierra cercana que cierra visualmente la bahía. Con unos 400 metros de longitud y 75 metros de altura, fue refugio en tiempos de epidemias y escondite de piratas siglos atrás. Hoy recibe visitas en barco desde el puerto y es apreciada por senderistas y submarinistas que encuentran en sus fondos rocosos una notable vida marina.

En la Marina Alta, el perfil del cabo de la Nao guarda otras dos joyas menos conocidas. La Isla del Portitxol, frente a la cala de la Barraca, es maciza, redondeada y montuosa, con restos arqueológicos que evidencian ocupaciones antiguas. Aunque el acceso a su parte alta está restringido, rodearla en kayak desde la costa es una de las experiencias más recomendables de la zona, con aguas claras donde no es raro cruzarse con bancos de peces.

La pequeña isla deshabitada del Portitxol, AlicanteWikipedia

Muy cerca se sitúa la Isla del Descubridor, pedregosa y abrupta, frente a la torre vigía del Ambolo. Es un lugar apreciado por buceadores por la calidad de sus fondos y la presencia habitual de aves marinas. A escasos metros asoma el discreto Islote El Caló, una roca mínima cuya belleza se disfruta sobre todo bajo el agua y en la pequeña cala resguardada que lo acompaña.

Junto a estas islas más conocidas, la cartografía oficial recoge nombres casi anónimos para el gran público: La Ferrereta, Escoge de Fora, Pedra Ximet, El Negat, La Señorita o Els Farrallons, entre muchos otros. Son islotes que rara vez aparecen en mapas turísticos, pero que forman parte de la identidad geográfica del litoral valenciano y, en muchos casos, de espacios protegidos donde la intervención humana es prácticamente inexistente.