Cala Barraca y cala Portitxol, Jávea, Alicante
La cala valenciana de aguas cristalinas que parece Grecia y es perfecta para una escapada en el puente de mayo
En esta joya de la costa alicantina también se encuentra la puerta azul que se ha popularizado en redes sociales
La Comunidad Valenciana y sus playas no son patrimonio exclusivo del verano. El clima amable de la terreta invita a descubrir embalses escondidos, senderos entre montañas y calas de aguas cristalinas durante la primavera y el otoño, cuando estos rincones respiran con más calma y se disfrutan sin aglomeraciones. Este viernes 1 de mayo, festivo por el Día del Trabajador, regala un puente perfecto de tres días para improvisar una escapada y redescubrir la costa con otra mirada, lejos del bullicio de julio y agosto.
Uno de esos lugares que parecen sacados de una postal es la cala del Portitxol, también conocida como cala de la Barraca, en Xàbia. Sus aguas transparentes, de un azul profundo que recuerda a cualquier postal de playas griegas, y la hilera de antiguas casas de pescadores encaladas, con puertas y contraventanas pintadas de azul intenso, han convertido este rincón en uno de los más fotografiados de toda la provincia de Alicante.
La cala se abre en forma de bahía entre acantilados cubiertos de vegetación mediterránea, en un tramo de costa que discurre entre el Cap Prim y el Cap Negre, y frente a ella emerge la inconfundible silueta de la Illa del Portitxol, un islote de unos 300 metros con valor botánico y arqueológico.
La playa, de grava, bolos y roca, obliga a cambiar las chanclas por escarpines si se quiere entrar al agua con comodidad, pero compensa con creces por la limpieza y la claridad del mar. Es un lugar ideal para practicar snorkel, iniciarse en el buceo o recorrer la costa en kayak, ya que la poca profundidad y las formaciones rocosas permiten observar con facilidad la vida marina.
Cala del Portitxol (Jávea)
Durante el verano el acceso está regulado para evitar la masificación, pero en primavera el ambiente es muy distinto: se puede pasear, bañarse si el tiempo acompaña y sentarse a contemplar el paisaje sin prisas.
¿Cómo llegar?
Llegar hasta la cala es sencillo. Se puede acceder en coche desde la carretera del Cabo de la Nao, donde existe una zona de aparcamiento, o a pie descendiendo desde el Mirador de la Creu del Portitxol, siguiendo el sendero señalizado SL-CV 97. Desde las alturas, antes incluso de pisar la orilla, ya se obtiene una de las vistas más espectaculares del litoral alicantino.
En los alrededores hay otros balcones naturales muy recomendables, como el mirador de L’Illa o el de la Falzia, que permiten entender la dimensión de este tramo de costa recortada por el mar.
La mítica puerta azul
Pero si hay un elemento que ha disparado la fama de Portitxol en redes sociales es su conocida puerta azul. Pertenece a una de las antiguas casitas de pescadores que todavía se conservan en la cala y que hoy son propiedad de varias familias de Gata de Gorgos. Esa puerta, enmarcada por la pared blanca y el mar al fondo, se ha convertido en uno de los fondos más buscados en Instagram.
Hace un tiempo sufrió pintadas vandálicas, pero sus propietarios la restauraron rápidamente, conscientes del cariño que muchos visitantes sienten por esta imagen que ya forma parte del imaginario colectivo de la Costa Blanca.
La escapada puede completarse fácilmente recorriendo el entorno. El propio casco histórico de Xàbia merece un paseo tranquilo entre calles estrechas y casas de piedra tosca, con paradas en la Iglesia de San Bartolomé, de aspecto fortificado, y en el Museo Soler Blasco, que ayuda a entender la historia de la localidad. Muy cerca se encuentran otras calas igualmente espectaculares como la Cala Granadella, famosa por su tono turquesa, o la más salvaje Cala Sardinera, a la que solo se llega caminando.
En conjunto, Portitxol no es solo una cala bonita, sino una experiencia completa de paisaje, historia y mar. Un rincón que, en pleno puente de mayo, permite disfrutar de la costa valenciana en su versión más serena, cuando el sol ya calienta, el agua empieza a invitar al baño y la sensación es la de haber descubierto un secreto que, en realidad, lleva años esperando a ser visitado sin prisas.