Imagen de archivo de Aureliano Mendes y otra a la deriva pidiendo auxilio frente a las costas de Bugía, en ArgeliaEl Debate

De Valencia a Argelia

El increíble (e imprudente) naufragio de Aureliano: dado por muerto tras 12 días a la deriva sin comida ni agua en plena borrasca Harry

El navegante, de 69 años y natural de Cabo Verde, emprendió un corto viaje de Gandía hasta Guardamar del Segura para cambiar el amarre de su velero pero el fuerte temporal casi acaba con su vida hasta que fue rescatado por un buque de Singapur
​

El final de 2025 y el comienzo de 2026 estuvieron marcados por una sucesión de borrascas pocas veces vista hasta la fecha. El hecho de designar con nombres propios a los temporales es algo relativamente reciente. Por ejemplo, la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet) comenzó a utilizar esta nueva metodología en la temporada 2017-2018, aunque la dana de Valencia fue anónima. En cambio, este año empezó con las llegadas de Harry, Ingrid y Joseph.

La denominación de la primera seguro que nunca la olvidará Aureliano Mendes Furtado, de 69 años, natural de Cabo Verde, casado y con tres hijos, que fue declarado por muerto tras estar doce días a la deriva en un punto desconocido del Mediterráneo, sin comida y sin bebida varios de ellos. Que pueda contarlo es prácticamente un milagro pero también, quién sabe, fruto de una ristra de imprudencias o temeridades.

Era el propietario del Almirante, un velero de diez metros de eslora y fabricación polaca atracado en el puerto de la localidad valenciana de Gandía. En Guardamar de Segura, Alicante, localizó un amarre que le salía mucho mejor en lo económico, puesto que su coste era de 2.000 euros al año. No quiso dejar pasar la oportunidad y se decidió a adquirirlo.

Sabía que el motor y la radio fallaban

Así, el 15 de enero de este mismo año salió de su casa en La Font d'en Carrós (Valencia) tras despedirse de su mujer, recoger un poco de pollo que ésta le había preparado y se dirigió al Puerto de Gandía para comenzar lo que a priori tenía que ser un tranquilo, breve y apacible trayecto hasta el recinto de Guardamar. Nada más lejos de la realidad.

Harry hizo acto de presencia. Se venía hablando de esa borrasca algunos días, pero hubo otros aspectos que contribuyeron a desbaratar por completo los planes de Aureliano y que casi acaban con su vida. En este sentido, el propio tripulante era consciente de que el motor de la embarcación estaba fallando desde tiempo atrás. Pese a ello, optó por viajar haciendo uso de la vela. No solo eso, sino que la radio tampoco estaba operativa. Y, para completar el círculo, el cable con el que pretendía cargar su teléfono móvil no era el que aceptaba el dispositivo.

Como si nada de lo descrito hubiera sucedido, no tardó en verse cara a cara con la adversidad, que llegó en forma de vientos que alcanzaban los 40 nudos de poniente y olas de cinco y seis metros de altura. Ante las dificultades que ya le complicaban la ruta, hizo una llamada a su mujer para informarle del cambio de planes, dado que por aquel entonces comenzaba a ser consciente de que lo que se había imaginado distaba sobremanera de lo que estaba viviendo. Del dos días y vuelta a casa, que era lo previsto, nada de nada.

Esa primera noche del 15 de enero la pasó sin dormir, preocupado por todo lo que tenía a su alrededor y siendo sabedor de que se encontraba en algún punto del mar Mediterráneo, pero sin saber dónde exactamente. En esos instantes fue cuando reconoció en su fuero interno que estaba perdido. Al igual que las fuerzas, la batería del móvil también se iba agotando. Un 1 % le quedaba. Con ese porcentaje, sin opción alguna de cargarlosin radio y sin comprender las cartas de navegación llamó a Emergencias de la Generalitat Valenciana. Pero no solo no entendía los números que le reflejaba la operadora del 112 en cuestión. A mayor abundamiento, la comunicación se cortó al consumirse por completo la batería.

Fue dado por muerto

Con Harry que no cesaba, Aureliano luchaba noche y día contra el viento y las grandes olas durmiendo atado con una cuerda a la cama en mitad de la zozobra provocada por el temporal y sin saber dónde estaba. Mientras tanto, su mujer presentó una denuncia ante la Guardia Civil y se puso en marcha un operativo de rescate. Medio aéreos participaron en él, pero sin éxito. De tal modo, el 23 de enero, ocho días después de partir, el hombre fue dado por muerto.

Imagen de archivo de Aureliano Mendes en un puertoAureliano Mendes / Vía Facebook

A lo largo de todas las agónicas e interminables jornadas pudo llegar a dormir e, incluso, conocedor a la perfección de que era más que probable que nunca terminaran por encontrarle, llegó a pensar en cuál sería la 'mejor' forma de morir. Aquel pollo que su mujer le había dejado era ya historia, al igual que las cuatro botellas de litro y medio de agua que llevaba. Estuvo dos días sin comer y uno sin beber.

Sin embargo, el 27, una avioneta de la Agencia Europea de la Guardia de Fronteras y Costas (Frontex) advirtió el Almirante y a Aureliano haciendo aspavientos con los brazos en señal de pedir auxilio. Inmediatamente, se activaron los correspondientes protocolos. ¿Dónde estaba el barco? Nada que ver con Gandía, Benidorm o Guardamar del Segura. Se encontraba frente a la costa de Bugía, ciudad de Argelia.

El encargado del rescate fue el Thor Confidence, un buque de 200 metros de eslora y bandera de Singapur a cuya cubierta sus tripulantes llevaron a Aureliano después de subir una escalera que recuerda como si estuviera en un cuarto piso y que no fue fácil escalar como consecuencia de que tenía las palmas de las manos quemadas de tantos días intentando sobrevivir. El navío le dejó días después en Algeciras sano y salvo.

A pesar de todo lo explicado, al náufrago todavía le quedan ganas de echarse de nuevo al mar. No descarta comprarse otro velero para cruzar el Océano Atlántico y navegar hasta su Cabo Verde natal. Eso sí, reconoce que la travesía ya no la haría solo.