Imagen de los escalones de la ruta del Barranco del Infierno en Alicante

Imagen de los escalones de la ruta del Barranco del Infierno en AlicanteWikiloc

La mejor ruta de senderismo de Alicante: un desfiladero morisco con más de 6.000 escalones

Este recorrido es mundialmente conocido como «La Catedral del Senderismo»

El interior de la provincia de Alicante esconde tesoros que rompen con el tópico de sol y playa, ofreciendo un refugio de paz y desafío físico cuando los días comienzan a alargarse. Para aquellos que buscan una escapada de fin de semana que ponga a prueba su resistencia sin necesidad de grandes infraestructuras ni presupuestos, este escenario natural se presenta como la opción ideal para conectar con la esencia más pura y abrupta de la geografía valenciana.

La ruta por excelencia de esta zona, conocida mundialmente como la Catedral del Senderismo, es el Barranco del Infierno. Este imponente cañón, esculpido con paciencia milenaria por el río Girona, destaca no solo por su belleza geológica, sino por el asombroso trabajo de ingeniería rural que los antiguos pobladores moriscos dejaron en sus laderas.

Se trata de un recorrido circular famoso por sus más de 6.800 escalones de piedra trabajada a mano, que serpentean por las vertientes del barranco permitiendo salvar desniveles que, de otro modo, serían imposibles de transitar.

Para iniciar esta aventura hay que desplazarse hasta la Vall de Laguar, concretamente al núcleo de Fleix, situado a unos 90 minutos de Alicante capital y poco más de una hora desde Valencia. El acceso es sencillo siguiendo la carretera CV-712 desde Pego; una vez en Fleix, el sendero PR-CV 147 está perfectamente señalizado desde el lavadero del pueblo.

La ruta es un auténtico «rompepiernas» de unos 14 kilómetros que exige una buena forma física, ya que el constante sube y baja por los escalones de piedra castiga las articulaciones. Con un desnivel acumulado de unos 800 metros, la duración media suele rondar las cinco o seis horas, por lo que se considera de dificultad media-alta, siendo crucial evitar las horas centrales del día debido a la escasez de sombras en gran parte del trayecto.

A lo largo del camino, el senderista atraviesa parajes de una fuerza visual increíble, como el Forat, un túnel natural en la roca que sirve de puerta de entrada al abismo, o les Juvees d'Enmig y de Dalt, antiguos asentamientos agrícolas que parecen detenidos en el tiempo. Las vistas desde lo alto de los escalones permiten divisar la inmensidad del barranco y, en días despejados, incluso el azul del mar en el horizonte.

Es una experiencia inmersiva donde la piedra seca, declarada Patrimonio de la Humanidad, es la protagonista indiscutible de un entorno que combina la dureza del terreno con la delicadeza de las fuentes naturales que brotan en los puntos más inesperados del cauce.

Imagen de archivo de las vistas desde el Barranco del Infierno, Alicante

Imagen de archivo de las vistas desde el Barranco del Infierno, AlicanteHoteles.net

Durante la caminata, el paisaje cambia constantemente. Hay tramos en los que el senderista camina entre paredes estrechas de roca, otros en los que se abren panorámicas del valle con terrazas agrícolas y pequeños pueblos blancos en la distancia, y zonas donde el silencio solo se rompe por el viento y el sonido de los pasos sobre la piedra. La sensación de aislamiento y naturaleza intacta es una de las grandes virtudes de esta ruta.

Tras conquistar los miles de escalones, la zona ofrece complementos turísticos que hacen que el viaje valga doblemente la pena. Se puede disfrutar de la gastronomía local en Benimaurell, el pueblo más alto del valle, donde los platos de caza y los arroces de montaña son la recompensa perfecta tras el esfuerzo.

Para quienes prefieran seguir explorando, la cercana Vall de Gallinera ofrece rutas entre cerezos, especialmente hermosas si se visita en época de floración, o se puede optar por visitar el Sanatorio de Fontilles, un conjunto arquitectónico y paisajístico de gran valor histórico. Incluso la proximidad a la costa permite terminar el día con un paseo por las calles de Denia o contemplar el atardecer desde el Montgó, cerrando así un fin de semana de contrastes entre la montaña más salvaje y la serenidad del litoral alicantino.

Aprovechando la visita, merece la pena recorrer con calma los pequeños núcleos de la Vall de Laguar, como Benimaurell o Campell, con sus calles estrechas y miradores naturales sobre el valle. Muy cerca también se encuentran otros enclaves de gran interés paisajístico, como la Vall d'Ebo o la sierra de la Serra de Segària, que ofrecen rutas alternativas y miradores espectaculares. Para completar la escapada, la cercanía con pueblos como Orba o Pego permite combinar la jornada de senderismo con gastronomía local y un recorrido tranquilo por el interior alicantino más auténtico.

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