Imagen de los representantes sindicales entregando en Educación las nuevas reclamaciones para poner fin a la huelga indefinida.
Los sindicatos evidencian la finalidad política de la huelga indefinida de profesores: «Hay una falta de interés por la lengua propia del país valencià»
Con movilizaciones diarias y una última manifestación de más de 25.000 personas, los sindicatos tiene pulmón y fuerza suficiente para aguantar la apnea y el pulso que implica una huelga indefinida de profesores de la escuela pública valenciana. El paro, que alcanza este jueves su decimocuarto día consecutivo, aparenta pocas opciones de alcanzar una solución ciertamente temprana y más después de que los sindicatos de izquierdas, liderados por STEPV, hayan rechazado de pleno la última propuesta de la Conselleria de Educación. Incluso critican que «hay una falta de interés por la lengua propia del país valencià».
La Generalitat Valenciana se encuentra prácticamente en un callejón sin salida y de ello ya ha dado cuentas el propio Juanfran Pérez Llorca, quien ha señalado que hacen falta «más cesiones por ambas partes».
Los sindicatos han aprovechado la fuerza del colectivo de los docentes para tensar la cuerda política contra la Conselleria. Es más, inicialmente las formaciones laborales exigían la «derogación de la Ley de Libertad Educativa», aunque los profesores desterraron esta idea situando la medida rebautizada como «cambio del modelo lingüístico» en sexto lugar de entre los siete bloques de solicitudes.
Educación también juega, aparentemente sus bazas, y lo hace con una negociación que ha ido cambiando de enfoque. Inicialmente se propuso que los sindicatos votaran en bloque toda la resolución de las exigencias, propuesta que sirvió en bandeja que las formaciones laborales consiguieran que los docentes apoyaran el rechazo muy mayoritario.
Ahí encallaron las negociaciones y los sindicatos aún tardaron cinco días en reenviar unas nuevas peticiones teóricamente más laxas y más cercanas al plan de Educación. La idea que suele regir una negociación de este tipo es que ambos 'bandos' vayan concluyendo en algún aspecto. Pero en este caso en concreto el devenir no deja de sorprender.
La Conselleria de Educación consiguió la firma en lo relativo a salarios por parte de ANPE y CSIF, medida que en 2028 posibilitará que los docentes con mayor experiencia cobren casi 3.500 euros. Que ambas formaciones de derechas avalaran este punto fue gasolina para que STEPV, CCOO y UGT vieran alcanzada la ansiada disputa de bloques, pasando a un atroz ataque por haber «roto la unidad sindical». Las simples propuestas tan dispares ya hacía presagiar qué sindicatos iba a buscar el acuerdo y qué formaciones iban a intentar estirar el chicle de la negociación sin dejar de lado la vertiente política.
Y ha sido tras un nuevo intento de Educación de aligerar la negociación remitiendo unas nuevas mejoras en bloque donde los tres sindicatos de izquierdas han venido a dejar claro que el trasfondo es el que es. Sólo ha hecho falta una frase para evidenciar que ciertamente interesa sostener el choque contra la administración.
En el punto relativo a las mejoras educativas en relación al valenciano la Conselleria propone el «desarrollo de un plan de formación de los profesores» y cambios en la consecución de la Capacitació en Valencià y para el Diploma de Mestre. Ante estas dos únicas propuestas, los sindicatos de forma unificada han contestado que son «una burla» y la gran cuestión: «Denunciamos la falta de interés de la administración por la lengua propia del país valencià».
Y con una respuesta así se encara una cuestión tan ideológica que dista de las reclamaciones laborales de un cuerpo de docentes que encara ya las tres semanas consecutivas de huelga indefinida.