Imagen del edifico Espai Verd, en Benimaclet, Valencia

Imagen del edifico Espai Verd, en Benimaclet, ValenciaOpen House Valencia

El sorprendente «jardín vertical» de estilo brutalista que convierte un barrio de Valencia en un paisaje japonés

El complejo está formado por 108 viviendas distribuidas en una estructura de hasta 15 alturas escalonadas

Parece que hoy en día se ha visto prácticamente de todo en la ciudad de Valencia, una urbe que ha sabido reinventarse constantemente entre la tradición y la modernidad. Sin embargo, todavía quedan rincones y construcciones que sorprenden incluso a quienes creen conocerla a fondo.

Entre ellos destaca uno de los ejemplos más singulares de arquitectura residencial contemporánea en España, que combina hormigón visto, vegetación integrada y una concepción comunitaria del espacio que rompe con el modelo tradicional de bloque urbano. Se trata de un edificio concebido como una especie de «ciudad vertical» en la que cada vivienda dispone de su propio jardín, dentro de una estructura escalonada que apuesta por la convivencia entre naturaleza y arquitectura.

Imagen del edifico Espai Verd, en Benimaclet, Valencia

Imagen del edifico Espai Verd, en Benimaclet, ValenciaOpen House Valencia

En ese cruce entre naturaleza, hormigón y vida comunitaria se encuentra uno de los conjuntos residenciales más llamativos de Valencia: el Espai Verd, situado en el barrio de Benimaclet.

El proyecto es obra del estudio CSPT Arquitectos, formado por Antonio Cortés Ferrando, Alfonso Serrano Puig, Salvador Pérez Luján y Antonio Carrascosa Corella. Su construcción se desarrolló principalmente entre 1983 y 1994, en varias fases, dentro de un modelo de cooperativa de propietarios que permitió a los futuros residentes participar en el planteamiento del edificio y priorizar criterios de habitabilidad frente a la rentabilidad inmobiliaria.

Este enfoque experimental lo convirtió en uno de los ejemplos más representativos de vivienda cooperativa en Valencia durante finales del siglo XX.

El complejo está formado por 108 viviendas distribuidas en una estructura de hasta 15 alturas escalonadas. Cada una de ellas incorpora terrazas ajardinadas de gran superficie, con jardines privados que rondan los 90-95 metros cuadrados en muchos casos, lo que transforma la fachada del edificio en un auténtico paisaje verde vertical.

En conjunto, el complejo ocupa alrededor de 21.000 metros cuadrados y se organiza en torno a espacios comunes interiores que funcionan como plazas elevadas y zonas de encuentro vecinal.

Desde el punto de vista arquitectónico, el edificio se encuadra dentro del brutalismo y la arquitectura modular. El uso del hormigón armado visto, tanto in situ como prefabricado, define su imagen exterior, caracterizada por volúmenes rotundos, pasarelas, vacíos estructurales y una fuerte presencia geométrica.

Sin embargo, este lenguaje duro se ve contrarrestado por la vegetación, que con el paso del tiempo ha ido colonizando las terrazas y espacios intermedios, generando un efecto visual que recuerda a un jardín botánico habitado o a ciertas propuestas de arquitectura experimental de influencia internacional.

Más allá de su estética, el edificio responde a una idea urbanística concreta: la creación de un modelo de vida comunitaria en altura donde la privacidad de cada vivienda convive con amplias zonas compartidas. Piscina, espacios ajardinados y recorridos abiertos refuerzan esa intención de fomentar la interacción entre vecinos, algo poco habitual en promociones residenciales convencionales de la época.

Con el paso de los años, el conjunto se ha consolidado como una de las piezas arquitectónicas más reconocibles de Valencia, tanto por su carácter experimental como por su capacidad para mantener vigente un modelo de vivienda que anticipaba preocupaciones actuales como la integración de naturaleza en la ciudad o la sostenibilidad del espacio urbano.

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