Imagen de la jornada de empresarios y directivos sobre la IA en Benicasim

Imagen de la jornada de empresarios y directivos sobre la IA en BenicasimCEU UCH

Bartolomé Serra: «Con la IA las reglas han cambiado, tenemos que desaprender a trabajar»

La Universidad CEU Cardenal Herrera reúne a empresarios y directivos para hablar sobre el impacto de la Inteligencia Artificial en el mundo empresarial en Benicasim

«Un puesto de trabajo pasará a ser una persona más un agente de IA. Las reglas han cambiado». Con esta afirmación, el experto en inteligencia artificial y director de CEU FP Comunidad Valenciana, Bartolomé Serra, invitó a reflexionar sobre cómo la inteligencia artificial está transformando los modelos de trabajo y la competitividad empresarial a los asistentes al encuentro para directivos y empresarios 'EmociónIA: hacer y pensar junto al mar'.

La jornada, organizada el pasado martes 30 de junio por la Universidad CEU Cardenal Herrera en colaboración con el Ayuntamiento de Benicasim, reunió en Villa Elisa a empresarios y responsables de compañías de distintos sectores de la provincia de Castellón para analizar el impacto que la inteligencia artificial ya está teniendo en el tejido empresarial y cómo integrarla en las organizaciones con una visión estratégica y práctica.

José Amiguet durante su intervención en el encuentro sobre IA

José Amiguet durante su intervención en el encuentro sobre IACEU UCH

La jornada contó también con la intervención del director de Desarrollo Institucional de la CEU UCH, José M. Amiguet, que, durante la bienvenida, presentó el compromiso de la institución con el sector empresarial. En su intervención, recordó que el CEU es una institución educativa obra de la Asociación Católica de Propagandistas (ACdP) y subrayó el carácter no lucrativo de la entidad y su apuesta por devolver a la sociedad los recursos generados a través de su actividad educativa y las becas a estudiantes.

El impulso de la IA en las empresas

Durante su exposición, Serra repasó la rápida evolución de la inteligencia artificial y situó el momento actual entre la tercera y la cuarta fase de desarrollo. «Va más rápido y no somos capaces de alcanzar el caballo ganador», afirmó para ilustrar la velocidad con la que aparecen nuevas herramientas y modelos. A su juicio, en este escenario el verdadero elemento diferencial seguirá siendo el sentido común y la capacidad humana para tomar decisiones.

A través de demostraciones en directo y ejemplos adaptados a los perfiles de los asistentes, Serra defendió que las empresas se enfrentan a un cambio de paradigma. «Las reglas han cambiado. Tenemos que desaprender a trabajar», aseguró, al tiempo que explicó que, a partir de ahora, cada puesto de trabajo estará formado por «la suma de una persona y un agente de IA».

En su opinión, las organizaciones deberán dejar atrás la mentalidad de analizar únicamente cuánto cuesta un trabajador para centrarse en el valor que es capaz de generar con el apoyo de estas herramientas. Los agentes de inteligencia artificial, señaló, no deben entenderse como una aplicación más, sino como una nueva capa de interacción entre las necesidades del cliente y la respuesta de la empresa, capaz de liberar a los profesionales de tareas repetitivas para dedicar ese tiempo a actividades que aporten mayor productividad y valor.

Bartolomé Serra durante su intervención en el encuentro de Villa Elisa

Bartolomé Serra durante su intervención en el encuentro de Villa ElisaCEU UCH

El experto insistió en que las empresas no deben afrontar esta transformación desde el miedo, sino desde el conocimiento de sus posibilidades y también de sus límites. «Como directivo soy el que decido si me la puedo jugar; si ese riesgo es abordable», señaló, al tiempo que defendió que, bien utilizada, la inteligencia artificial posee «un potencial increíble».

Combinar la IA con un criterio sólido

En este sentido, diferenció entre ganar eficacia, algo que cualquier organización puede conseguir mediante la tecnología, y crear valor, que consiste en hacer posible aquello que antes resultaba inalcanzable.

Para Serra, el éxito empresarial dependerá de combinar la potencia de la inteligencia artificial con un criterio sólido. «Una empresa que tenga una IA potente, pero sin criterio, no funcionará», afirmó, antes de recordar que ese criterio «no es un talento, es un método y se puede entrenar». En cualquier caso, recalcó que ninguna respuesta generada por la IA puede prescindir de la revisión humana.

Los riesgos de la IA: la cara B de la moneda

Junto a las oportunidades, Serra también alertó de los principales riesgos asociados al uso de estas herramientas. Reclamó honestidad a la hora de afrontar sus limitaciones y advirtió de que la inteligencia artificial puede ofrecer respuestas incorrectas con una apariencia totalmente convincente, lo que obliga a verificar siempre la información.

También puso el foco en la denominada «fuga silenciosa», producida cuando los empleados utilizan aplicaciones de IA sin formación ni supervisión, exponiendo información sensible de la empresa sin ser conscientes de ello. A estos riesgos sumó el «teatro de la IA», es decir, incorporar herramientas únicamente por seguir una tendencia sin una estrategia clara, y la posible atrofia cognitiva derivada de delegar cada vez más tareas intelectuales en la tecnología.

En todos los casos, concluyó, el origen del problema es el mismo: utilizar la inteligencia artificial sin criterio.

Un enfoque humano

La jornada concluyó con la intervención del director de Desarrollo Institucional de la Universidad CEU Cardenal Herrera, José M. Amiguet, quien trasladó el debate desde la tecnología hacia el comportamiento humano. Durante su reflexión sobre la empresa y las emociones, defendió que el verdadero valor añadido de muchas organizaciones no reside únicamente en sus productos, sino en el componente sociológico y emocional que consiguen construir alrededor de su marca.

Como explicó Amiguet, dos productos prácticamente iguales pueden ser percibidos de forma completamente distinta gracias a los vínculos, significados y experiencias que una empresa ha sabido generar con sus clientes, una dimensión que, pese al avance de la inteligencia artificial, seguirá siendo un elemento diferencial para las organizaciones.

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