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McKenna West

McKenna WestSPUC/Facebook

Una madre de alquiler rechaza abortar al bebé que gesta y lucha por su vida a pesar de las amenazas de los padres

Los médicos anunciaron a las 20 semanas de crecimiento que el feto presentaba una grave cardiopatía congénita

La vida es un don sagrado y, aunque algunos intenten atentar contra ella, muchas veces acaba ganando. Es el caso de McKenna West, una madre de alquiler que ha sido demandada por los padres intencionados tras negarse a abortar al bebé que está esperando por una grave cardiopatía detectada en la ecografía de la semana 20.

Todo comenzó cuando la enfermera McKenna West firmó un contrato de trabajo con Worldwide Surrogacy Specialists, una empresa que lleva a cabo estas controvertidas prácticas y prometen pagar a las mujeres entre 55.000 y 70.000 dólares. Tentada, la sanitaria aceptó, y empezó a «vender a sus hijos».

Cuando se quedó embarazada, West inició un proceso de entrevistas y, tras evaluar algunas parejas, decidió quedarse con lo que ella denominaba «el matrimonio perfecto». Sin embargo, sus percepciones cambiaron en el ecuador de la gestación, informa Sociedad de Protección de los Niños No Nacidos (SPUC), que se ha hecho eco de la noticia.

En una de las revisiones rutinarias, el obstetra les comunicó que el feto padecía el síndrome de hipoplasia del ventrículo izquierdo, una cardiopatía congénita grave donde el lado izquierdo del corazón no se desarrolla bien, lo que impide bombear suficiente sangre al cuerpo, informan los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades.

A pesar de las explicaciones del médico y de la recomendación de operar al bebé después del nacimiento, los padres intencionados se negaron y pidieron a la madre de alquiler que fuese al abortorio para acabar con la vida del feto. Sin embargo, aunque en el contrato figuraba que el vientre de alquiler podría acabar en aborto si presentaba alguna anomalía, ella se negó y decidió continuar con el desarrollo del que meses después viviría con ella para siempre.

Ella quería que la vida del bebé «no se viese truncada» y por ello, tras mucho buscar, encontró un hospital en Texas que trataba a los pequeños con la misma afección que tenía Gabriel, nombre que había elegido la enfermera West.

Esta decisión no sentó bien a los que habían contratado su servicio, y obligaron a la madre a devolverles todo el dinero que ya habían abonado y a una indemnización por los «daños y perjuicios derivados del incumplimiento del acuerdo», apunta SPUC. Sin embargo, ella se negó.

Al conocer la resolución de la madre gestante, los padres intencionados la demandaron, dando inicio así a un procedimiento legal en California que continúa abierto. Además, han solicitado al tribunal que obligue a West a dar a luz allí. Situación que ella rechaza porque sabe que si ocurre así el bebé no sobrevivirá: solo recibirá cuidados paliativos y no será sometido a ninguna intervención quirúrgica. La enfermera asegura que ella quiere «luchar por él porque se merece esa oportunidad».

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