Imagen de la cárcel de Picassent, y arriba a la derecha, Salva, el amante de Maje y asesino confeso de su marido
¿Qué fue de Salva? La vida en la cárcel del asesino confeso del marido de Maje
Salvador Rodrigo Lapiedra, 20 años mayor que la viuda negra de Patraix, era un trabajador sanitario casado y padre de una hija
El nombre de Salvador Rodrigo Lapiedra, Salva, quedó inevitablemente unido al de Maje después del crimen de Patraix. Fue su amante y el hombre que, la mañana del 16 de agosto de 2017, esperó a Antonio Navarro en el garaje de su vivienda y lo asesinó de seis cuchilladas. El pasado domingo 16 de agosto de 2026 se cumplieron nueve años de aquel crimen. Desde entonces, María Jesús Moreno, conocida como la «viuda negra de Patraix», ha continuado acaparando buena parte de la atención mediática. De Salva, sin embargo, se ha sabido mucho menos.
Su vida se desarrolla actualmente entre los muros de la prisión valenciana de Picassent, donde continúa cumpliendo los 17 años que le fueron impuestos por asesinato con alevosía. La última información publicada por El Debate confirma que Salvador sigue interno en este centro penitenciario, el mismo al que Maje acaba de regresar después de pasar tres años en la Unidad de Madres de Fontcalent junto a su hijo.
Dentro de prisión, la trayectoria de Salva ha sido mucho más discreta que la de su antigua amante. Las últimas informaciones conocidas sobre su día a día dibujan el perfil de un preso adaptado a la vida penitenciaria, que cumple las normas y se ha ganado la confianza del centro. En junio de 2025, El programa de Ana Rosa desveló que trabajaba como pintor y se ocupaba del mantenimiento de las celdas, una actividad por la que percibía una remuneración.
El trabajo no es su única ocupación. Según la misma información, Salvador aprovecha también parte de su tiempo en prisión para estudiar Historia del Arte. Fue descrito entonces como un «interno de confianza» y con un comportamiento considerado ejemplar dentro del centro. La periodista Teresa Domínguez explicó en Telecinco que se encontraba muy adaptado a la cárcel, respetaba las normas y llevaba ya tiempo desempeñando trabajos remunerados.
Ese comportamiento penitenciario había permitido que comenzara a acercarse a una nueva fase de su condena. La información difundida en junio de 2025 señalaba que estaba próximo a poder acceder a sus primeros permisos, aunque no consta públicamente que estos hayan llegado a concedérsele. Nueve años después del asesinato y más de ocho desde su ingreso en prisión, su vida poco se parece ya a la que tenía antes de convertirse en uno de los protagonistas de uno de los crímenes más conocidos de Valencia.
De compañero de Maje a autor material del crimen
Antes de entrar en Picassent, Salva llevaba una vida aparentemente alejada del mundo criminal. Estaba casado, tenía una hija y trabajaba en el mismo centro sanitario que Maje, donde ambos se conocieron y comenzaron una relación sentimental. Ella estaba casada con Antonio Navarro y, con el paso del tiempo, la relación clandestina entre los dos acabó desembocando en un plan para acabar con la vida de su marido.
La Justicia declaró probado que Maje y Salva actuaron de común acuerdo. Ella le facilitó las llaves del garaje y datos precisos sobre Antonio, mientras que Salvador sería quien ejecutaría materialmente el asesinato. La mañana del 16 de agosto de 2017 lo esperó en el aparcamiento de su edificio, en el barrio valenciano de Patraix, y lo mató de seis cuchilladas mediante un ataque que la sentencia consideró alevoso.
La investigación acabó conduciendo hasta los dos amantes y ambos ingresaron en prisión en enero de 2018. Salva confesó haber matado a Antonio y colaboró posteriormente con los investigadores. Entre otras cosas, sus indicaciones permitieron recuperar el arma utilizada en el crimen. Aquella colaboración sería tenida en cuenta años después por la Justicia como una atenuante a la hora de fijar su condena.
Al principio, su relación con Maje todavía continuó entre rejas. Los dos se intercambiaron cartas desde prisión y trataron de mantener un vínculo que no tardaría en romperse. Con el avance del procedimiento, Salva terminó señalando directamente a Maje y sostuvo que había sido ella quien le pidió matar a Antonio. El jurado consideró finalmente probado que los dos habían planificado el crimen conjuntamente.
En noviembre de 2020, la Audiencia Provincial de Valencia condenó a 22 años de prisión a Maje y a 17 a Salva. En el caso de él, el tribunal tuvo en cuenta la atenuante analógica de colaboración con la Justicia. Salvador intentó posteriormente que esa circunstancia tuviera todavía más peso y permitiera reducir su pena, pero el Tribunal Supremo rechazó su recurso en enero de 2022. El Alto Tribunal recordó que su confesión se produjo cuando la investigación policial estaba ya muy avanzada y confirmó íntegramente los 17 años de cárcel.
Dos vidas que volvieron a coincidir en Picassent
Desde entonces, los caminos de los dos condenados han sido muy distintos. Maje ha protagonizado nuevas relaciones sentimentales dentro de prisión, fue madre en julio de 2023 y pasó los tres primeros años de vida de su hijo junto a él en la Unidad de Madres de Fontcalent. Salva, por el contrario, ha permanecido prácticamente apartado de la atención pública y ha continuado su condena en Picassent.
Ahora ambos vuelven a encontrarse en el mismo centro penitenciario, aunque nada indica que mantengan relación. Maje regresó a Picassent el pasado 30 de julio, después de que su hijo alcanzara la edad máxima para permanecer con ella en la unidad de madres. Salva seguía allí, convertido ya en uno de los internos veteranos de la prisión y con una rutina marcada por el trabajo, el mantenimiento del centro y sus estudios.
Nueve años después del crimen de Patraix, aquella relación que terminó con la muerte de Antonio Navarro ha quedado reducida a una historia del pasado. Maje sigue cumpliendo sus 22 años de condena y Salva permanece entre rejas por haber ejecutado el asesinato que ambos planearon. Lejos del enorme foco mediático que continúa acompañando a la «viuda negra», su vida transcurre ahora de forma mucho más silenciosa: trabajando dentro de prisión, estudiando Historia del Arte y cumpliendo los 17 años impuestos por la Justicia.