Residencia 'Irene Villa González' de la prisión de Foncalent de Alicante

Residencia 'Irene Villa González' de la prisión de Foncalent de AlicanteEl Debate

Así es la cárcel para madres en la que Maje, la viuda negra de Patraix, ha cumplido condena mientras criaba a su hijo

El establecimiento 'Irene Villa' es el entorno residencial camuflado donde María Jesús Moreno agota 36 meses junto al pequeño

El destino penitenciario de María Jesús Moreno, conocida en la crónica de tribunales como 'la viuda negra de Patraix', ha estado por su maternidad. Condenada a 22 años de prisión por planificar el asesinato a cuchilladas de su esposo, un ingeniero natural de Novelda, la interna fue trasladada en su día desde el centro valenciano de Picassent hasta la provincia de Alicante cuando se encontraba en el octavo mes de gestación. Allí dio a luz a un niño cuyo padre es otro recluso sentenciado por homicidio, a quien conoció durante su estancia inicial entre rejas.

El escenario escogido para el alumbramiento y la posterior crianza del menor fue la Unidad de Madres de la prisión de Fontcalent, unas instalaciones bautizadas oficialmente como Residencia 'Irene Villa' en homenaje a la víctima que sobrevivió a un atentado terrorista de ETA en 1991.

Este complejo, inaugurado en el año 2020, vino a sustituir las antiguas dependencias de Picassent, ofreciendo un nuevo modelo de convivencia que da cobijo a más de una quincena de reclusas y a una decena de niños tutelados por Instituciones Penitenciarias.

Bajo el amparo de la legislación de protección jurídica del menor, el propósito fundamental de este centro es velar por el interés superior de los pequeños, asumiendo que son sujetos vulnerables y completamente inocentes ante las deudas penales de sus madres.

Las directrices del complejo persiguen amortiguar por completo el impacto psicológico y emocional de la institucionalización carcelaria. De este modo, se busca conciliar de forma estricta la ejecución de penas privativas de libertad con el derecho de los niños a desarrollarse en un ambiente feliz durante sus primeros tres años de vida.

Oasis residencial con medidas invisibles

Arquitectónicamente, la infraestructura rompe de forma radical con los cánones lúgubres del presidio tradicional al estar estructurada como una «Unidad Externa», edificada por completo fuera del muro perimetral de cierre del módulo principal de Fontcalent.

El recinto se compone de un único edificio de dos plantas que alberga un área residencial dotada de 32 dependencias individuales, complementadas por celdas adaptadas para internas con movilidad reducida y habitaciones dobles diseñadas específicamente para el seguimiento de mujeres gestantes y madres lactantes.

Patio exterior del módulo de maternidad de la prisión de Fontcalent

Patio exterior del módulo de maternidad de la prisión de FontcalentACAIP

Cada uno de los habitáculos estándar dispone de una generosa superficie de 22 metros cuadrados útiles, una amplitud considerablemente superior a la de una celda ordinaria, distribuidos estratégicamente para emular un pequeño apartamento con comedor, cocina, dormitorio y cuarto de baño privado.

Las estancias colectivas están provistas de mobiliario totalmente adaptado a las distintas fases de crecimiento infantil, áreas de juego específicas, aulas formativas, talleres lúdicos y zonas de asistencia sanitaria y oficinas orientadas al cuidado integral.

Para evitar que el entorno interfiera de forma traumática en la psicología de los menores, los elementos de seguridad clásicos se han configurado para resultar imperceptibles al ojo humano. Las rejas tradicionales han desaparecido de las puertas y los pasillos colectivos, delegando la obligatoria custodia legal en sistemas avanzados de videovigilancia y controles magnéticos automatizados. Esta transformación estética proporciona un aspecto amable, colorido y familiar a todas las zonas de uso diario, construyendo una atmósfera donde la privación de libertad queda camuflada bajo la apariencia de una gran guardería.

Protección con fecha de caducidad

Sin embargo, esta burbuja de protección y estímulos pedagógicos para la 'viuda negra de Patraix' se enfrenta a un límite temporal e infranqueable dictado por la ley. Al alcanzar el menor la edad de tres años, las normativas vigentes imponen la separación entre madre e hijo para salvaguardar la escolarización y el libre desarrollo del niño en el mundo exterior.

Superada esta frontera cronológica, el menor cruzará las puertas hacia la libertad definitiva, mientras que la condenada será reincorporada de forma inmediata a los módulos ordinarios tradicionales de la prisión para extinguir el resto de su condena.

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