Brazalete con hierro de meteoritoMuVi

La ignorancia de los ladrones salva la pieza extraterrestre del Tesoro de Villena

Los asaltantes del museo arqueológico desecharon un brazalete forjado con el hierro de un meteorito al confundirlo con un metal carente de valor

La precipitación y la ignorancia de los ladrones que saquearon el Museo de Villena han evitado la desaparición de la pieza científicamente más fascinante de todo el conjunto prehistórico. En su veloz huida, los criminales dejaron atrás una pulsera de aspecto oscuro y resquebrajado que, a simple vista, carecía de valor. Sin embargo, ese anillo de extremos aplanados constituye un hito de la arqueología peninsular: un brazalete elaborado a partir del mineral de un meteorito.

El contraste estético salvó a esta reliquia. Los asaltantes arrasaron con 59 objetos de oro -entre ellos 27 pulseras y 11 cuencos-, pero ignoraron por completo este metal de aspecto plomizo. Paradójicamente, sí sustrajeron la otra pieza de hierro meteórico del ajuar, una pequeña semiesfera hueca, pero solo porque estaba recubierta por una tentadora lámina áurea. Junto a la joya espacial, la banda también abandonó en las vitrinas tres copas de plata y otro brazalete de oro.

La confirmación de la naturaleza de este objeto cristalizó en un reciente estudio publicado este mismo 2024. Los investigadores Salvador Rovira-Llorens, Martina Renzi e Ignacio Montero-Ruiz -pertenecientes al Museo Arqueológico Nacional, la Diriyah Gate Development Authority de Arabia Saudí y el Instituto de Historia del CSIC, respectivamente- certificaron su origen en el informe ¿Hierro meteorítico en el Tesoro de Villena?. El documento es tajante al respecto: «Son los primeros objetos hallados en la península ibérica fabricados con hierro proveniente de fuera del planeta Tierra».

La rareza de un metal del espacio

La clave científica de este descubrimiento radica en la composición química de las piezas. El informe técnico detalla que los aerolitos procedentes del espacio exterior presentan una aleación de hierro y níquel donde este último supera el 5 % del peso, además de contener trazas de otros elementos como el cobalto.

Por el contrario, el hierro originado en el manto terrestre presenta unas tasas de níquel prácticamente indetectables, lo que permitió a los expertos descartar que el material procediera de nuestro planeta.

Durante la Edad del Bronce (entre el 2200 y el 750 a.C.), las poblaciones que habitaban la Península desconocían por completo las técnicas de la metalurgia férrica terrestre. Ante la incapacidad de extraer y moldear hierro del suelo, el material caído del cielo adquirió un prestigio incalculable.

Tesoro de Villena robado este juevesWikipedia

Esta excepcionalidad explica por qué las élites de la época consideraron que estas dos piezas merecían formar parte de un tesoro monumental, compartiendo espacio con decenas de kilos del oro más delicado. A día de hoy, los artífices que moldearon este meteorito y la procedencia exacta de la materia prima siguen siendo un enigma para la comunidad académica.

El dominio del hierro terrestre no desembarcaría en la región hasta mucho tiempo después, gracias a los fenicios. Estos navegantes introdujeron la técnica, un conocimiento que los nativos íberos acabarían asimilando y perfeccionando hasta forjar sus míticas falcatas.

Todo este contexto histórico refuerza la hipótesis de que el Tesoro de Villena pudo ser una inmensa acumulación de riqueza reunida por las poblaciones autóctonas para comerciar con los recién llegados exploradores fenicios. Una teoría que ahora, tras un asalto que ha amputado gravemente la colección, se enfrenta a enormes obstáculos para ser corroborada.