Tesoro de Villena robado este jueves
El peor final para el Tesoro de Villena: los expertos alertan de que los ladrones fundirán sus diez kilos de oro milenario
Los especialistas temen la destrucción inminente de esta histórica colección prehistórica
El reloj ha comenzado a correr en contra de la supervivencia de uno de los hallazgos más extraordinarios de la antigüedad europea. Tras el asalto milimétrico ejecutado en la madrugada de este jueves en la pinacoteca de Villena, las autoridades y los especialistas en patrimonio asumen una realidad desoladora.
La extrema singularidad de las piezas sustraídas, que componen el segundo ajuar de vajilla áurea más relevante del continente tras las tumbas reales de Micenas, hace prácticamente imposible su venta en el mercado negro del arte sin levantar sospechas, lo que aboca a los delincuentes a la salida más temida por la ciencia: la destrucción de la obra para fundir sus casi diez kilos de oro.
En caso de consumarse este fatal desenlace, no solo desaparecería un botín valorado económicamente en más de un millón y medio de euros por su peso en metal, sino un pilar fundamental para comprender la Edad del Bronce.
El catedrático de Prehistoria de la Universidad de Alicante e investigador del conjunto, Gabriel García Atiénzar, refleja el hondo pesimismo que embarga a los estudiosos tras el atraco. En sus propias palabras, «a nivel patrimonial, histórico y de identidad el daño ya está hecho» y resulta de todo punto «irreparable». Para este experto, el mero hecho de dividir la colección implica que «la pérdida ya es insalvable», puesto que perder una sola pieza significa que el conjunto histórico quedaría «incompleto».
Conjunto del Tesoro de Villena
El conjunto descubierto en 1963 no era una simple acumulación de riqueza. Sus once cuencos y 28 brazaletes forjados hacia el 1.200 a.C. constituyen una ventana privilegiada que permite asomarse a una época de príncipes y monarcas que utilizaban estos metales para escenificar su supremacía.
A través de este legado, los arqueólogos han podido descifrar «cómo eran y cómo funcionaban las élites de la Edad de Bronce» en un mundo hiperrelacionado y dotado de tecnologías metalúrgicas de una asombrosa complejidad.
Preguntas sin respuesta
El golpe criminal paraliza en seco décadas de avances científicos que estaban arrojando nueva luz sobre la prehistoria peninsular. Gracias a las técnicas modernas de análisis, impensables en los años sesenta, se había logrado determinar recientemente que el ámbar incrustado en uno de los excepcionales botones mixtos procedía directamente del mar Báltico.
Este tipo de hallazgos demuestra que el ajuar «todavía conservaba muchísimas preguntas que solo el avance de las técnicas que ha conocido la arqueología en las últimas décadas permite responder y que desgraciadamente se van a quedar en eso, meras preguntas», ha lamentado profundamente García Atiénzar en declaraciones a Europa Press.
Imagen del Museo de Villena acordonado tras el robo del Tesoro
A la consternación científica se suma la alerta de las organizaciones dedicadas a la protección cultural, que observan con extrema preocupación la vulnerabilidad de las exposiciones de carácter municipal.
La asociación Hispania Nostra ha puesto el foco en la cruda realidad que afrontan las piezas sustraídas. Su portavoz, Víctor Antona, ha trazado el paralelismo más amargo: «El oro es un problema porque al final acaba fundido y no solamente se pierde la pieza porque la han robado, sino que es imposible recuperarlo. Es como con las joyas cuando se roban, se desmontan las piedras, se funden los metales preciosos. Al final es imposible recuperarlo», lamenta en declaraciones a la citada agencia.
Este expolio de magnitud internacional abre de par en par el debate sobre la custodia de las grandes reliquias en recintos locales. Aunque el representante de Hispania Nostra reconoce que ante un grupo organizado y empeñado en un objetivo siempre existirán brechas de seguridad -«Mira el Louvre... Cuando alguien se empeña en robar algo, al final es capaz de sortearlo. Lo que pasa es que los museos, cuanto más pequeños son, más difícil tienen hacer inversiones potentes en sistemas de seguridad de lo que custodian», ha advertido-, la asociación exige una implicación inmediata de las comunidades autónomas.
La premisa es clara: o se dota a los ayuntamientos de financiación suficiente para blindar sus recintos, o se impone el traslado del patrimonio a museos provinciales donde estas joyas irrepetibles no queden a merced de quienes solo ven lingotes donde late la historia de la civilización.