Imagen de archivo del doctor valenciano Pedro Cavadas
La confesión del doctor Pedro Cavadas sobre los pacientes terminales: «Jamás les miento»
El cirujano valenciano revela su regla de oro con enfermedades sin cura y la única excepción para decir una «mentira piadosa»
Pedro Cavadas se ha convertido en uno de los nombres propios de la cirugía española. Nacido en Valencia, el doctor ha construido durante décadas una trayectoria marcada por intervenciones de enorme complejidad y por su capacidad para abordar casos que, en determinadas circunstancias, apenas dejaban margen a la esperanza.
Su carrera incluye hitos como el primer trasplante de cara realizado en España, además de operaciones que han permitido recuperar funciones esenciales a pacientes con graves enfermedades o malformaciones. Su trabajo le ha llevado a enfrentarse a situaciones en las que el éxito no siempre significa curar, y en su día a día también aparecen pacientes para los que la medicina no tiene una solución definitiva, pero sí puede ofrecer una mejora sustancial de su calidad de vida.
Especializado en buena parte de su actividad en cirugía reconstructiva, Cavadas ha tratado a personas con tumores y lesiones especialmente agresivas que afectan a funciones tan básicas como comer, hablar o relacionarse con los demás.
Es precisamente sobre esa parte menos conocida de su profesión sobre la que ha reflexionado en una entrevista en el programa de Antena 3 'La Mesa', presentado por Cristina Pardo. A sus 60 años, el cirujano valenciano ha compartido cómo afronta la relación con quienes saben que padecen una enfermedad que la medicina todavía no puede curar y qué papel desempeña la comunicación cuando el pronóstico es especialmente complicado.
Para Cavadas, la relación entre médico y paciente parte de una premisa que considera fundamental: la sinceridad. El cirujano asegura que informa a sus pacientes de la situación real en la que se encuentran y que solo contempla una excepción muy concreta, cuando considera que la persona va a fallecer en un periodo de tiempo muy corto y entiende que una pequeña dosis de protección puede resultar beneficiosa.
El doctor se refiere así a lo que habitualmente se denomina una 'mentira piadosa'. No la plantea como una forma de ocultar sistemáticamente información, sino como una circunstancia excepcional ante el final de la vida. En cualquier caso, insiste en que alguien cercano debe conocer el verdadero diagnóstico y que, en la mayoría de las ocasiones, es el propio enfermo quien quiere saber qué está ocurriendo.
Cuando curar ya no es una opción
Durante la conversación con Pardo, Cavadas pone el foco en pacientes con determinados tumores de cabeza y cuello. Son enfermedades que pueden provocar una importante desfiguración y comprometer acciones tan elementales como comer, tragar o comunicarse. Además, en los casos a los que se refiere el cirujano, la enfermedad puede no tener una solución curativa.
Eso no significa, sin embargo, que la intervención médica deje de tener sentido. Para Cavadas, la cirugía puede conseguir que una persona recupere parte de las capacidades que la enfermedad le ha arrebatado y pueda afrontar la última etapa de su vida en unas condiciones mucho mejores.
La conversación entre médico y paciente adquiere entonces una importancia especial. Antes de entrar en determinados detalles, explica Cavadas, hay que saber si la persona quiere conocerlos. Su experiencia le dice que lo habitual es que sí. Frente a la incertidumbre sobre cuánto tiempo queda, el cirujano pone el énfasis en aquello que todavía puede hacerse.
«La única diferencia entre usted y yo»
En ese momento, Cavadas recurre a una reflexión que resume su manera de abordar estas situaciones. Frente a un paciente terminal, recuerda que existe una diferencia aparente entre ambos: uno conoce la causa de su muerte y puede tener una estimación aproximada de cuándo llegará, mientras que el médico desconoce cuándo morirá él mismo.
«La única diferencia entre usted y yo es que sabe la causa de su muerte y yo no sé cuál va a ser la mía. Sabemos más o menos cuándo se va a morir, yo no sé cuándo me voy a morir. Podría morirme antes que usted. Con la enfermedad que tiene usted, en 2026 no le podemos curar», explica.
Por eso, cuando la curación ya no es posible, Cavadas sitúa el objetivo en otro lugar. Una operación puede no añadir años de vida, pero sí permitir que el paciente pueda hablar, alimentarse, relacionarse y conservar una mayor autonomía durante el tiempo que le quede. En esos casos, el éxito de una intervención no se mide únicamente por la supervivencia, sino también por las condiciones en las que una persona puede vivir sus últimos días.
Una trayectoria marcada por casos extremos
La reflexión adquiere especial relevancia al proceder de un cirujano cuya carrera está estrechamente ligada a algunos de los casos más extraordinarios de la medicina reconstructiva. En 'La Mesa' se recordó precisamente el alcance de su trayectoria. Desde el primer trasplante de cara realizado en España hasta intervenciones destinadas a recuperar funciones básicas en personas afectadas por enfermedades graves, además de la atención a pacientes con malformaciones craneofaciales.
Son experiencias acumuladas durante años y miles de intervenciones. Pero el propio Cavadas deja claro que la cirugía tiene límites. Hay enfermedades que, pese a todos los avances, todavía no pueden curarse. En esas circunstancias, su labor consiste en explicar qué puede conseguir la medicina y qué no, y encontrar junto al paciente una manera de preservar, en la medida de lo posible, su dignidad y su calidad de vida.