Imagen de la mejor mocadorà de Valencia 2025.

Imagen de la mejor mocadorà de Valencia 2025.El Debate

El origen histórico del día de los enamorados único en España que se celebra el 9 de octubre

La Comunidad Valenciana conserva esta tradición que se remonta al año 1238

Para muchos, el día de los enamorados es el 14 de febrero, cuando San Valentín llena de flores, regalos y mensajes románticos las calles. Pero algunos lugares conservan sus propias tradiciones, que todavía perduran siglos después. Este es el caso de Valencia, donde cada 9 de octubre se celebra San Dionisio, Sant Donís, considerado tradicionalmente el día de los enamorados valencianos.

La protagonista es la mocadorà, un particular regalo de mazapán envuelto en un pañuelo que hunde sus raíces en la historia de la ciudad. Y es que la fecha no fue elegida por casualidad. El 9 de octubre conmemora la entrada de Jaime I en Valencia en 1238, después de la capitulación de la ciudad. Con el paso del tiempo, la jornada se convirtió en una de las principales celebraciones de identidad valenciana y, dentro de la tradición popular, San Dionisio quedó asociado a los enamorados.

La costumbre manda regalar ese día una mocadorà: un pañuelo que contiene pequeñas piezas de mazapán con forma de frutas y verduras, acompañadas habitualmente por dos dulces muy característicos, la piuleta y el tronador. El conjunto se entrega como muestra de cariño y, aunque históricamente estuvo ligado al intercambio entre enamorados, hoy también se regala entre familiares y amigos.

El origen exacto de esta tradición está rodeado de relatos populares. Uno de los más conocidos cuenta que, tras la conquista de Valencia, los habitantes entregaron frutas y hortalizas a Jaime I y a su esposa, Violante de Hungría. Con el tiempo, aquellos presentes se habrían convertido en dulces de mazapán.

Sin embargo, esta historia pertenece al terreno de la tradición y no existe una prueba histórica que permita afirmar que aquel episodio de 1238 sea el origen directo de la mocadorà. El historiador Vicent Baydal ha señalado precisamente que todavía no existe una investigación histórica definitiva que haya resuelto todos los interrogantes sobre el nacimiento de esta costumbre.

El documento histórico

Lo que sí está documentado es que la tradición de consumir dulces en torno al 9 de octubre ya existía en el siglo XVIII. Un manuscrito fechado el 9 de octubre de 1747 recoge cómo una familia adquirió en Valencia más de ocho libras de turrones de azúcar y canela y otros dulces con motivo de San Dionisio y de la «mocaorà».

El documento, localizado por el investigador Luis Ramírez, constituye una de las primeras evidencias conocidas de la celebración y demuestra que la costumbre tenía presencia popular mucho antes de convertirse en la tradición romántica que hoy conocemos.

También hay una historia detrás de las formas más reconocibles de la mocadorà. Los llamados piuletes y tronadors imitan pequeños elementos pirotécnicos. Su aparición suele relacionarse con la prohibición de utilizar determinados fuegos artificiales en las celebraciones del 9 de octubre después de la Guerra de Sucesión y la implantación de la Nueva Planta borbónica.

Ante la imposibilidad de utilizar los tradicionales artefactos, los confiteros habrían reproducido sus formas en azúcar y mazapán. El propio decreto que declaró la mocadorà Bien de Interés Cultural recoge esta explicación «según la tradición».

La tradición popular que superó una guerra

La derrota de los valencianos en la Guerra de Sucesión tuvo, además, consecuencias mucho más profundas. Los Decretos de Nueva Planta de 1707 eliminaron las instituciones y buena parte del ordenamiento propio valenciano. La celebración oficial de San Dionisio quedó interrumpida durante años, aunque la tradición sobrevivió entre la población. La fiesta recuperaría posteriormente su dimensión pública y, durante el siglo XX, el 9 de octubre acabaría consolidándose como una de las grandes fechas del calendario valenciano.

La palabra mocadorà procede precisamente de «mocador», pañuelo en valenciano. Ese pañuelo es parte esencial del regalo y también explica el nombre de la tradición. En las pastelerías valencianas se prepara con mazapanes de diferentes colores y formas, especialmente frutas y verduras, junto a las tradicionales piuleta y tronador. Algunas de estas piezas tienen, además, una simbología relacionada con la fertilidad y la sexualidad, lo que contribuyó a reforzar el carácter amoroso de la celebración.

Con el paso de los siglos, la mocadorà ha dejado de ser únicamente un regalo entre parejas y se ha convertido en una tradición familiar y cultural. Los escaparates de las pastelerías se llenan durante los primeros días de octubre de mazapanes de vivos colores, mientras los pañuelos vuelven a ocupar un lugar protagonista en las celebraciones de Sant Donís.

La tradición continúa plenamente viva en el siglo XXI, y este 2026 tiene, además, un significado especial para la memoria de Jaime I, porque se cumplen 750 años de su muerte. La efeméride ha dado lugar a distintos actos y celebraciones en la Comunidad Valenciana, reforzando el vínculo entre la figura del monarca, el 9 de octubre y la identidad histórica valenciana.

La mocadorà es, en definitiva, mucho más que un dulce de mazapán. En sus pañuelos se mezclan la conquista de Valencia de 1238, la transformación política provocada por la Guerra de Sucesión, la supervivencia de una fiesta popular frente a los cambios históricos y una tradición documentada, al menos, desde el siglo XVIII.

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