Imagen del criminólogo y profesor de la UCV Adrián Jiménez Ribera en la presentación del libro La criminología aplicada a la seguridad urbana

Imagen del criminólogo y profesor de la UCV Adrián Jiménez Ribera en la presentación del libro La criminología aplicada a la seguridad urbanaUCV

Alertan de que España no cuenta con «planes de seguridad» para afrontar crisis violentas como las de Francia

El criminólogo y profesor de la UCV Adrián Jiménez Ribera presenta el libro La criminología aplicada a la seguridad urbana

El Instituto de Estudios Estratégicos e Internacionales de la Universidad Católica de Valencia (UCV) ha acogido la presentación del libro La criminología aplicada a la seguridad urbana (Tirant Lo Blanch, 2026), obra del criminólogo Adrián Jiménez Ribera, profesor de la UCV, y del comisario jefe de la Policía Local de Gandía, José Martínez Espasa.

En el marco de este acto de presentación, y preguntado por la violencia callejera sucedida en Barcelona y Bilbao, Jiménez Ribera ha asegurado que las fuerzas y cuerpos de seguridad españolas «no cuentan con planes para abordar esta clase de situaciones». En opinión del profesor de la UCV, una crisis «a la escala de lo sucedido en Francia nos pillaría totalmente desnudos. Nos quedaríamos totalmente en una situación vulnerable».

«Esto sucede a pesar de que, desde hace años, hay una rama de la criminología que estudia la predicción de estos eventos a través del análisis de los discursos de odio en redes sociales. Tenemos, por tanto, herramientas para predecir el grado de peligrosidad de una reacción entre grupos de agitación y cómo va a reaccionar la población. De hecho, precisamente en el caso de Barcelona, ya dos días antes de los sucesos hubo una alerta de los servicios de información advirtiendo: «Cuidado, esto va a pasar. La situación en Barcelona va a ser delicada». Se podía predecir», ha remarcado.

Por su parte, Martínez Espasa ha argumentado que, precisamente, una de las medidas que proponen en el libro es que las ciudades españolas deben concebir «el mundo del ciberdelito, el mundo de Internet» como «parte del escenario» de la propia ciudad: «Las fuerzas y cuerpos de seguridad monitorizan constantemente la radicalización violenta en las redes, pero las propias ciudades tienen que anticiparse. El mundo del ciberespacio ya debe formar parte de nuestro trabajo y de nuestra prevención».

«Son fundamentales todos los sistemas de videovigilancia, y la labor policial, pero también lo es la colaboración ciudadana. Una ciudad cohesionada puede superar y después reducir estas situaciones de alteraciones del orden público tan graves que se han producido, sin ninguna duda», ha aseverado el comisario jefe de Gandía.

Así, ha invitado a la ciudadanía a dar aviso a la policía «al recibir un WhatsApp o un mensaje privado en TikTok, en cualquier red social, que pueden estar buscando una concentración violenta o la organización de algún acto de este tipo», pues esto «ayuda mucho más que el trabajo directamente realizado por parte de la policía, que a veces queda fuera de ese tipo de mensajerías».

Un enfoque «integral» con medidas que vayan «más allá de los cuerpos policiales»

El problema clave es, en opinión de Jiménez Ribera, que, aunque estos altercados masivos puedan predecirse, «faltan los siguientes pasos», que consisten «en planificar cómo se va a gestionar la crisis». A este respecto, Jiménez Ribera ha aducido que la seguridad «queda excesivamente delegada en las fuerzas y cuerpos de seguridad, que tienen limitaciones y a veces no dan abasto o no pueden reaccionar con la velocidad suficiente ante estos movimientos. Una de las cosas que se deben hacer a la hora de diseñar estos planes y prever estos modelos es abogar por un enfoque integral. Las medidas que van más allá de los cuerpos policiales no existen. No integran al sector privado, a los comercios y demás», ha indicado.

El primer paso a dar para subsanar este escenario es el «diagnóstico», según ha expuesto: «Uno de los problemas que tenemos hoy en día en España es que intentamos replicar lo que existe en otros lugares. Pero, ¿cuáles son las condiciones de nuestro municipio? Hay que conocer las circunstancias específicas que rodean a los incidentes de cada localidad, los recursos disponibles, las posibilidades que tenemos y las prioridades. Sobre esa base hay que empezar a construir».

«Una vez que ya sabemos qué es lo que pasa y tenemos un panorama general, hay que preguntarse qué se ha hecho fuera, qué ha funcionado y por qué ha funcionado. ¿Qué características había allí que han permitido que funcione? ¿Es extrapolable aquí? Si no es extrapolable, ¿Qué adaptaciones deberían hacerse? Por ejemplo, si hay recursos limitados para la policía, se pueden plantear planes de colaboración ante estas situaciones de emergencia. Si la policía se encuentra limitada, quizás se puede contar con el apoyo de otros municipios. Se pueden hacer pequeñas permutas para suplir estas necesidades ante eventos excepcionales que, de nuevo, podemos predecir que van a suceder», ha subrayado.

Pasar de un modelo de «reacción» a uno de «planificación»

El profesor de la UCV ha lamentado que «el modelo de seguridad que existe ahora mismo en España está basado en un modelo de reacción, no de planificación. Algunas ciudades sí que cuentan con planes de seguridad o iniciativas para afrontar los distintos problemas delictivos, pero en municipios de tamaño mediano o pequeño esto es totalmente inexistente por la falta de recursos».

«En la práctica, la planificación, el abordaje de la seguridad o la gestión de la seguridad en estos municipios se basan un poco en la experiencia, la intuición y el modelo de reacción, en lugar de anticiparse a los problemas, diagnosticarlos, realizar medidas que se sabe que funcionan y después evaluar si han funcionado o no, y por qué», ha relatado.

En ese sentido, el comisario Martínez Espasa ha llamado la atención sobre la importancia de «trabajar la exclusión social, de intentar trabajar sobre la frustración de muchos jóvenes que tiene reacciones violentas». Resulta «imprescindible» descubrir las «motivaciones» de los jóvenes que participan en altercados masivos y discernir «si tienen motivos económicos, sociales, si el tema tiene que ver con el barrio donde viven o con muchas otras situaciones».

«Lo fundamental para cambiar esas motivaciones es la base educativa y, a partir de ahí, también hay una base formativa para gente que ya no está en edad escolar. Igualmente, se puede seguir trabajando con formación profesional, ocupacional y de muchos otros tipos, que nos permitirán introducir valores sociales democráticos, de convivencia y de civismo. Y todo ello permite que estas personas agraviadas con el mundo, contrariadas con la respuesta que les da la sociedad, se vean un poco más integradas y no den una respuesta tan violenta», ha argumentado.

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