Imagen difunida por el Estado Mayor de la Defensa del F-18 del Destacamento Vilkas en pleno vuelo con la enseña españolaEjército del Aire

Análisis militar

De la Cultura a la Conciencia de Defensa: Un tránsito necesario y deseable en nuestra sociedad

Una gran mayoría de los ciudadanos de nuestro país permanecemos expectantes, a la vez que invadidos por un alto grado de horror, al desarrollo y un desenlace que nunca llega, de la guerra que enfrenta a Ucrania con la Rusia invasora. Nuestra mirada ha ido girando hacia esa parte de Europa del Este a medida que pasaba el tiempo desde el ya lejano febrero de 2022 cuando Rusia comenzó la cruenta invasión hasta nuestros días en los que sigue sin vislumbrarse una solución y el presidente Zelensky continua su peregrinación por Europa negociando toda la ayuda militar -económica- posible a la espera de sus deseados misiles de largo alcance «Tomahawk».

El misil de crucero Tomahawk es un arma de precisión que se lanza desde barcos, submarinos y lanzadores terrestres y puede atacar objetivos con precisiónRaytheon

A lo largo de todo este tiempo, definitivamente excesivo, parece que los españoles hemos ido tomando conciencia de que los asuntos relacionados con la defensa van mucho más allá de «sencilla y simplemente» contar con unas Fuerzas Armadas. El calado en el tiempo y espacio de lo que supone la amenaza física rusa, ya demostrada su capacidad híbrida de actuar en cualquier momento y punto del planeta combinando, entre otras, acciones de sus fuerzas especiales, ciberataques y campañas de desinformación, han despertado a los españoles de ese sueño de que la seguridad es un bien permanente y gratuito. Ninguna de las anteriores propiedades es cierta. Ojalá lo fuesen.

En este escenario han surgido con especial fuerza otros dos asuntos directamente derivados de esta contienda que han contribuido a despertar a la ciudadanía de esa supuesta ensoñación en la que hemos vivido de que la seguridad es permanente y gratuita. Estos son, por un lado, la exigencia para incrementar el Presupuesto de Defensa y, ya no solo alcanzar el 2% en 2030, si no hacerlo ya, en el momento actual e incrementarlo hasta el 5% en ese horizonte temporal, cifra nada desdeñable y presumiblemente no alcanzable ni en ese marco temporal ni en otro mayor. Todo ello acompañado del enorme ruido mediático provocado por la presión ejercida en el seno de la OTAN sobre nuestro país para ese incremento de su presupuesto de Defensa.

Bandera de la OTANGTRES

Y, por otro lado, la decisión de los países europeos de impulsar de forma definitiva la industria europea de defensa y reducir así forma la secular dependencia de los Estados Unidos.

Nos hemos acercado, pues, a los temas relacionados con la Defensa por la vía de los hechos. Hemos girado la vista a nuestras Fuerzas Armadas como principales garantes de la defensa. Además, trágicos acontecimientos más o menos recientes tales como la pandemia provocada por la Covid 19 o las inundaciones en Valencia en octubre de 2024 las han puesto a las puertas de nuestras casas. Pero con relación a esto, no debiéramos obviar que, en países de nuestro entorno tales como Francia, el Reino Unido y por supuesto los Estados Unidos, la presencia y existencia de sus respectivas Fuerzas Armadas se considera algo normal y habitual como parte importante de su sociedad que son y elemento vertebrador esencial que constituyen de ella.

Presupuesto de Defensa proporcional

Los hechos anteriormente expuestos han contribuido a que se comience a comprender, incluso a interiorizar, que nuestras Fuerzas Armadas deben disponer de las capacidades más adecuadas para desarrollar sus cometidos. Y que para ello se debe disponer de un Presupuesto de Defensa proporcional y ajustado a las necesidades que debe satisfacer, que sea permanente y actualizado en el tiempo con carácter anual e, idealmente, que se alcance la soñada estabilidad legislativa en forma de una ley presupuestaria. El objetivo final de este esfuerzo debe ser que nuestro país disponga de una capacidad de disuasión integral, versátil, creíble y moderna.

Proyección de estabilidad

Pero cuando de acercar los temas de Defensa a los ciudadanos se trata en aras de desarrollar una verdadera cultura de defensa y, lo que pudiera ser mucho más importante y necesario, crear una verdadera conciencia de defensa, debemos considerar otros aspectos no menos notables. La primera consideración, y quizás la más importante, es que la defensa es una cuestión de Estado y que atañe y afecta, pues, a todos sus estamentos administrativos comenzando por el propio gobierno. Como tal, tiene implicaciones en los asuntos socio-económicos y afecta al desarrollo del tejido industrial y tecnológico nacional, contribuyendo así a la cohesión de todos los territorios de España. Además, la contribución de la defensa a la seguridad nacional contribuye a la proyección de estabilidad tanto dentro como fuera de nuestras fronteras.

El impulso de la cultura de defensa, y con ello el despertar de la conciencia de defensa, debiera venir, pues, de la mano de un esfuerzo integral que trascienda de la divulgación de las noticias relacionadas con la defensa que emanen de los medios de comunicación, de campañas divulgativas, más o menos exitosas, lanzadas principalmente desde el Ministerio de Defensa, o de la organización de foros, seminarios y encuentros en el ámbito público-privado, esfuerzos que, sin ser poco, pudieran no resultar suficientes para que los españoles puedan alcanzar el deseado conjunto de conocimientos que les posibilite desarrollar su propio juicio -crítico- sobre los asuntos de defensa.

Debiéramos reconocer que reside en la educación y formación proporcionada por escuelas y universidades realizar el definitivo salto cualitativo, y también cuantitativo, para llevar el conocimiento de estos asuntos a los españoles en su etapa de formación

En este sentido, y sin alarmismos innecesarios, los ciudadanos también debieran tomar conciencia de la complejidad e incertidumbre del actual panorama de seguridad en el que se dibuja un complejo espectro de riesgos y amenazas. Pero resulta difícilmente creíble que esto llegue a la sociedad, insistimos, sin caer en alarmismos, si no es como resultado de un verdadero deseo de hacerles sentir partícipes de la seguridad y defensa de España.

Debiéramos, entonces, reconocer que reside en la educación y formación proporcionada por escuelas y universidades, realizar el definitivo salto cualitativo, y también cuantitativo, para llevar el conocimiento de estos asuntos a los españoles en su etapa de formación y que de esa forma resulte el verdadero desarrollo de una conciencia de defensa libre de prejuicios y estigmas que ya en pleno siglo XXI no se corresponden a la España actual. Este supondría el notable e importante paso adelante para, desde el avance de la cultura de defensa llevar a nuestros conciudadanos a un conocimiento claro y reflexivo de la realidad y que les permita con ello desarrollar su propia conciencia de defensa.

El submarino S-81 Isaac Peral de la Armada española, en plena navegaciónMinisterio de Defensa

Ante este panorama debemos reconocer y ser conscientes de que solo podremos seguir disfrutando del enorme grado de libertad actual, sin duda el bien más preciado del que disfrutamos los españoles, si preservamos el nivel de seguridad adquirido hasta hoy, bien intangible que la realidad de la Europa del Este, y también la del resto del contexto mundial, se empeñan en demostrarnos su enorme debilidad, su fragilidad. Ello requiere, aún más, nos exige trabajar todos los días no solo para mantener y preservar lo alcanzado y lo que tenemos y disfrutamos todos los españoles, sino también para convertirlo en algo duradero y permanente en el tiempo. Ser consciente de todo esto resulta vital.

Nada de lo anterior es nuevo. El ya entonces ministro de Defensa, Eduardo Serra, a propósito de la publicación del Libro Blanco de la Defensa 2000 – excepcional documento por otro lado- decía: «El Libro Blanco pretende acercar aún más la defensa a la sociedad favoreciendo con su exposición una mayor conciencia de defensa».

El por qué este Libro no vio la luz, más allá de su publicación por parte del ministerio de Defensa, no es objeto de debate en estas líneas, pero sí nos queda el consuelo de decir que se perdió entonces una grandísima oportunidad y que nunca será tarde para promulgar un Libro Blanco de la Defensa.