Plus Ultra: el hidroavión que realizó el primer vuelo entre España y Argentina
Defensa española Gestas de nuestro Ejército del Aire y del Espacio: El vuelo transoceánico del «Plus Ultra»
Hace un siglo, al amanecer del día 22 de enero del año 1926, cuatro militares españoles, el comandante Ramón Franco Bahamonde como piloto, el capitán de artillería Julio Ruiz de Alda Migueléiz como observador, Pablo Rada Ustarroz como mecánico y el teniente de navío Juan Manuel Durán González como apoyo aeronáutico, asistieron a misa en la capilla de la Virgen de los Milagros de Palos de la Frontera rezando al Señor de la Calma y de la Tempestad por el éxito de su travesía aérea de más de 10.200 kilómetros sobre el océano Atlántico, en un hidroavión bimotor Dornier Do diseñado por la compañía Dornier Flugzeugwerke en el que, por muy adelantado que fuese a su tiempo, a cualquiera de los actuales lectores le estremecería despegar.
Terminada la terrible Primera Guerra Mundial, en los locos años veinte las sociedades europeas se lanzaron con espíritu postromántico por tierra, mar y aire a las últimas conquistas de la naturaleza, en el Himalaya y África, en ambos Polos o en los cinco Océanos. Una época en la que convivían coches de gasolina con carruajes de caballos, trenes de vapor con los primeros eléctricos, y barcos de vapor, clippers y veleros navegaban junto a los nacientes barcos de gasolina y gasoil. ¡Cuánto valor de estos cuatro aviadores al embarcarse con la tecnología de aquellos años en el «Plus Ultra», frágil pájaro de corazón de acero, cuerpo de duraluminio y alas de lienzo y metal, para surcar el Atlántico desde España a Hispanoamérica!
La tripulación del Plus Ultra. De izquierda a derecha: Ruiz de Alda, Durán, Ramón Franco y Rada.
Una travesía, en especial el trayecto desde Cabo Verde con el amerizaje forzoso en la isla de Fernando de Noronha, amenazada por los zarpazos de la naturaleza, los fuertes cambios de Alisios y otros vientos, la obscuridad de las noches sin estrellas por el firmamento cubierto por las nubes y nieblas. Apuesta de vida o muerte sobre el tapete glauco de la mar, en la que el capitán Ruiz de Alda, calculando derivas, sin ayudas radioeléctricas, radares o GPS, fijó con sus mediciones del derivómetro, las tablas, el goniómetro y el sextante la posición y rumbo de la nave orientándola hasta su destino en un entorno sin referencias visuales ni espaciales más allá del blanco crestear de las olas.
Añádanse las averías, que el mecánico Rada solventó con pericia y voluntad, taponando fugas de agua o equilibrando el exceso de consumo de aceite de los motores. O cuando reparó una de las hélices, la posterior, que detuvo el comandante Franco sopesada la posibilidad de estrellarse en las aguas. Desastre que casi ocurrió incluso después de tirar equipaje, repuestos, herramientas, botiquín, víveres, pistolas de señales y demás enseres, y que sólo el temple y audacia aviadores de Franco, pilotando la nave a menos de diez metros de las olas de una mar gruesa salvó hasta llegar a puerto. Serenidad y coraje, espíritu castrense heredado por los actuales militares del Ejército del Aire y del Espacio: profesionalidad, firmeza, prudencia, humildad, esfuerzo, sacrificio, compañerismo y, sobre todo, el valor que alberga la vida interior de todo soldado de España.
Mas la hazaña transoceánica del «Plus Ultra» no consistió sólo en un reto aeronáutico sino en algo mucho más profundo: tras los desastres coloniales y bélicos de 1998 que sumieron nuestra patria en el desánimo y desconcierto, España necesitaba un revulsivo internacional que mostrara al mundo que seguíamos siendo una gran nación. El fervor con el que desde las clases más humildes hasta el rey Alfonso XIII siguieron por radio y prensa las vicisitudes y azares del «Plus Ultra» hasta su postrera victoria restañó la moral de un pueblo que, herido su orgullo patrio por las pérdidas de las colonias tras la humillante firma del Tratado de París, nunca abandonó la esperanza en sus mejores hijos.
Ramón Franco y Julio Ruiz de Alda en el Plus Ultra
Además, los cuatro héroes del «Plus Ultra» establecieron un récord de distancia y velocidad aéreas para la época, validaron los procedimientos de navegación astronómica y la fiabilidad de los hidroaviones para patrullas de largo alcance, favorecieron nuevos desarrollos de futuros aviones y consolidaron las relaciones diplomáticas internacionales de España. Un logro militar de trabajo en equipo, liderazgo valeroso y sereno, y perfección personal ante el difícil pilotaje, las averías mecánicas y los potenciales errores de navegación que les hubiesen eternamente sepultado en el Reino de las Algas.
El vuelo del «Plus Ultra» fue una proeza técnica y humana, perfecta combinación de espíritu y operatividad militar, coordinación y pericia, rigor científico y romántica aventura. Pero, asimismo, al ser España el primer país en cruzar el Atlántico Sur con un único avión mostró a Occidente que la aviación española estaba a la vanguardia tecnológica y humana de su tiempo, y abrió los cielos a una década de proezas aéreas de nuestro Ejército del Aire y del Espacio que se seguirán narrando en esta sección de Defensa de «El Debate».