La ministra de Defensa, Margarita Robles, y el jefe de Estado Mayor de la Armada (AJEMA), almirante general Antonio Piñeiro, en la conmemoración del V centenario del nacimiento del almirante Álvaro de BazánMinisterio de Defensa

Armada española  Álvaro de Bazán, el almirante «jamás vencido» al que ha ensalzado la ministra Robles

La ministra de Defensa, Margarita Robles, ha ensalzado la figura de Álvaro de Bazán, el «almirante invicto», considerado el mayor marino español de su tiempo y cuya figura sigue siendo un modelo de valores militares. «Hay que sentirse muy orgullosos de la historia de España y de valores como la lealtad de Don Álvaro de Bazán. Una lealtad que también tienen los hombres y mujeres de la Armada, que siempre está ahí para ayudar y para responder ante los desafíos que se presentan». Así lo ha señalado Robles, que ha asistido hoy en Viso del Marqués (Ciudad Real) a la conmemoración del V centenario del nacimiento de Álvaro de Bazán (Granada, 12.XII.1526 – Lisboa (Portugal), 9.II.1588).

«Tenemos una Armada que es una referencia, como se pone de manifiesto en cada una de las reuniones internacionales, y ello es gracias al esfuerzo de las personas que la conforman y que no olvidan el legado del pasado para poder alcanzar un futuro en paz», ha expresado Robles, que durante la visita ha estado acompañada por el jefe de Estado Mayor de la Armada (AJEMA), almirante general Antonio Piñeiro.

«Jamás vencido Capitán»

Álvaro de Bazán y Guzmán (1526-1588), I marqués de Santa Cruz, fue una de las figuras navales más destacadas del siglo XVI español. La Real Academia de la Historia subraya que su trayectoria estuvo marcada por una sucesión ininterrumpida de campañas victoriosas en el Atlántico y el Mediterráneo, hasta el punto de que sus contemporáneos le definieron como «jamás vencido Capitán».

Álvaro de Bazán

Hijo de Álvaro de Bazán el Viejo, capitán general de las Galeras de España, el joven Bazán creció vinculado al mar desde su infancia. Participó junto a su padre en operaciones en el Cantábrico y en 1544, con apenas dieciocho años, intervino en el combate naval de Muros, en el marco de la guerra entre Carlos V y Francisco I. Según la completa semblanza de la Real Academia de la Historia, la escuadra española derrotó a una armada francesa que había saqueado la costa gallega, capturando veintitrés naves. Durante la acción, la capitana española embistió y hundió la nave almiranta enemiga. Tras la victoria, Bazán quedó al mando de la escuadra hasta el regreso de su padre, evidenciando ya su precoz capacidad de mando.

En 1554 recibió su primer gran encargo independiente: la custodia de las flotas de Indias frente a corsarios franceses e ingleses. Nombrado «capitán general de Armada contra Corsarios», organizó una fuerza con galeones de moderna factura —herederos de la innovación técnica impulsada por su padre— y patrulló desde el cabo de San Vicente hasta las Azores y Canarias. En sucesivas acciones capturó buques franceses fuertemente artillados, apresó galeazas y naos enemigas e incorporó las presas a su propia flotilla. Estas operaciones consolidaron su reputación como eficaz protector del comercio atlántico.

Piratería en el Estrecho de Gibraltar

En 1562 fue designado para combatir la piratería en el Estrecho de Gibraltar, ante la amenaza de corsarios turcos e ingleses. Con cinco galeras dio caza a ocho naos inglesas, obteniendo quinientos prisioneros y doscientos cañones. Poco después intervino en operaciones en el norte de África, participando en la campaña contra el Peñón de Vélez de la Gomera y cegando el río Martín en Tetuán para inutilizar la base corsaria.

Dibujo por Juan Comba ilustrando la inauguración del monumento a Álvaro de Bazán en 1891

Su prestigio alcanzó dimensión europea durante el Gran Sitio de Malta en 1565. Integrado en la expedición de socorro organizada por la Monarquía Hispánica, Bazán propuso un audaz plan para atravesar rápidamente el canal desde Gozo con una fuerza selecta de galeras y tropas de desembarco. La maniobra permitió sorprender a los sitiadores otomanos y desembarcar con rapidez en Marsa Muscetto, contribuyendo decisivamente al levantamiento del asedio. Este éxito reforzó su posición dentro de la alta jerarquía naval.

La rebelión de las Alpujarras

En 1568 fue nombrado capitán general de las Galeras de Nápoles. Durante la rebelión de las Alpujarras, actuó con iniciativa al trasladar sus fuerzas desde Italia a la costa granadina cuando supo del desastre de la escuadra del adelantado de Castilla, decisión que fue aprobada por el rey. En reconocimiento a sus méritos acumulados, Felipe II le otorgó en 1569 el título de marqués de Santa Cruz.

Su actuación más célebre tuvo lugar en la batalla de Lepanto (1571), bajo el mando supremo de Juan de Austria. Integrado en la Santa Liga contra el Imperio otomano, Bazán mandaba la reserva o «socorro». Antes del combate defendió mantener la alianza con los venecianos pese a tensiones internas, y aconsejó presentar batalla inmediata frente a la flota de Alí Pachá. Durante el enfrentamiento, intervino con oportunidad decisiva: envió refuerzos al ala derecha, recuperó presas tomadas por los turcos y acudió en auxilio del centro, donde su galera capturó la capitana de Mamí. La intervención de la reserva fue clave para inclinar la victoria hacia la Liga. Como reconocimiento, recibió varias galeras capitanas capturadas.

Las galeras de don Álvaro de Bazán en el MediterráneoGTRES

En campañas posteriores participó en acciones en Navarino y Túnez. En 1573 intervino en la toma de La Goleta y el saqueo de Túnez; en 1576 atacó la isla de Querquenes con un botín considerable. Ese mismo año fue nombrado capitán general de las Galeras de España y actuó en defensa de Ceuta y Tánger frente al rey de Fez.

Durante la anexión de Portugal (1580), apoyó desde el mar la ofensiva del duque de Alba. Tomó fortalezas en el Algarve y en la desembocadura del Tajo, derrotó a los galeones del prior de Crato en Setúbal y contribuyó a la conquista de Lisboa. Su victoria más brillante en el Atlántico fue la batalla de las islas Terceras (Azores). En 1582 derrotó a una poderosa escuadra francesa que apoyaba al pretendiente portugués, infligiéndole la pérdida de diez grandes naves sin bajas propias significativas. En 1583 culminó la campaña con el desembarco en San Miguel y la rendición de las islas rebeldes, entrando triunfalmente en Cádiz con cuarenta y seis banderas capturadas. Felipe II le confirmó entonces como capitán general del Mar Océano y le otorgó la grandeza de España.

En sus últimos años preparó el ambicioso proyecto de invasión de Inglaterra como respuesta a la política de Isabel I de Inglaterra. Sin embargo, retrasos logísticos y una epidemia de tifus en la flota frustraron la salida de la armada. Contagiado tras visitar a los enfermos, Bazán falleció en 1588, poco antes de que la empresa pasara a manos del duque de Medina Sidonia.

El balance de su carrera, recogido por la Real Academia de la Historia, es el de un estratega innovador y un marino incansable que combatió en todos los mares de su tiempo sin conocer la derrota. Sus contemporáneos lo exaltaron como «rayo de la guerra» y símbolo del poder naval hispánico en su apogeo.