Fuerzas de defensa aérea de Ucrania repelen drones lanzados por Rusiaukrinform.es

Análisis de Defensa Centro de Seguridad Internacional-UFV  No olvidemos a Ucrania: resiliencia, autonomía estratégica europea y oportunidades para España

La guerra entre Rusia y Ucrania ha puesto en cuestión los fundamentos del orden internacional basado en reglas, evidenciando el retorno de la guerra de alta intensidad al continente europeo. A pesar de la atención mediática hacia otras crisis internacionales, especialmente en Oriente Medio, la guerra en Ucrania sigue siendo el principal laboratorio de transformación militar contemporánea. En ella se están redefiniendo conceptos clave como la disuasión convencional, la resiliencia estratégica y la integración entre la tecnología civil y militar.

La persistencia del conflicto pone de manifiesto un riesgo estratégico claro: la fatiga política y social en Occidente. Reducir la atención sobre Ucrania supondría un gravísimo error, ya que el resultado de esta guerra condicionará el equilibrio de poder europeo durante décadas. Es, quizás, lo que quiere Rusia. Por eso debemos evitarlo. Ucrania no solo lucha por su supervivencia como Estado, sino que actúa como elemento de contención frente a una potencia revisionista, imperialista y agresora, que ha demostrado su disposición a emplear la fuerza para alterar el orden internacional.

La guerra ha dejado de ser una cuestión de maniobras operacionales para convertirse en una competición de resiliencia industrial, tecnológica y social. La capacidad de sostener el esfuerzo es el verdadero centro de gravedad de este conflicto, que ha evolucionado desde una fase inicial de maniobra hacia una guerra prolongada de desgaste. En este contexto, Ucrania ha demostrado una resiliencia extraordinaria, resistiendo a una potencia militar superior y transformando progresivamente el equilibrio estratégico.

Quizás Ucrania no pueda lograr una victoria decisiva a corto plazo, pero su enorme y encomiable capacidad para adaptarse, innovar e infligir costes a Rusia tiene implicaciones profundas para Europa. Y se abre una ventana de oportunidad para la autonomía estratégica europea, planteando desafíos y oportunidades concretas para España, tanto en el ámbito industrial como militar.

De la guerra de maniobra al desgaste industrial

Tras el fracaso de la ofensiva inicial rusa en 2022, el conflicto ha derivado en una guerra de desgaste caracterizada por un elevado consumo de recursos, avances territoriales limitados y un elevado coste humano y material.

Rusia ha adaptado su estrategia hacia un modelo basado en la presión constante. Combina el uso intensivo de artillería y ataques en profundidad contra infraestructuras críticas. La doctrina rusa ha priorizado el volumen de fuego sobre la precisión, buscando desgastar progresivamente las capacidades ucranianas. Sin embargo, este enfoque ha implicado costes muy elevados. Las pérdidas de equipos modernos han obligado a recurrir a material heredado de la era soviética, mientras que las bajas humanas han requerido sucesivas movilizaciones parciales y la adaptación de la estructura de fuerzas. Este desgaste ha generado tensiones internas y ha condicionado la evolución de la economía rusa hacia un modelo de economía de guerra.

Militares ucranianos caminan por la carretera hacia su base cerca del frente en la región de Donetsk, febrero de 2023AFP

Ucrania, por su parte, ha desarrollado un enfoque asimétrico basado en la flexibilidad, la adaptación continua y la innovación. La integración de sistemas occidentales, como artillería de precisión y defensa aérea avanzada, se ha combinado con soluciones propias, especialmente en el ámbito de los drones, lo que ha permitido mantener la cohesión operacional pese a la inferioridad de material.

El resultado es un equilibrio dinámico en el que ninguno de los dos logra una ruptura decisiva. La guerra se ha convertido en una competición industrial y logística, donde la capacidad de regenerar fuerzas y mantener el esfuerzo bélico es fundamental.

La revolución de los sistemas no tripulados: transformación del campo de batalla contemporáneo

Rusia ha desarrollado una estrategia de ataques combinados que integra drones de bajo coste tipo Shahed iraní (Geran-2 en versión rusa) con misiles de crucero y balísticos. Un ejemplo significativo ha sido la campaña sistemática contra la infraestructura energética ucraniana durante los inviernos de 2022– 2026, donde oleadas de drones tipo Shahed se emplearon para saturar las defensas, antes del impacto de misiles de mayor precisión. Este enfoque busca explotar una asimetría económica: el coste de interceptar un dron o misil es superior al coste del sistema ofensivo. De este modo, Rusia intenta erosionar la sostenibilidad de la defensa aérea ucraniana.

En este contexto, Ucrania ha desarrollado un modelo de empleo intensivo basado en sistemas de bajo coste, una producción descentralizada y la rápida adaptación al entorno operativo. El ecosistema de drones ucraniano se caracteriza por su diversidad funcional y su orientación táctica.

La guerra de invasión en Ucrania se ha convertido en un auténtica guerra de dronesAris Messinis / AFP

En primer lugar destacan los drones FPV (First Person View), donde el operador lo pilota directamente hacia el blanco en un vuelo relativamente corto y directo, más parecido a un misil guiado manualmente que a un sistema que "merodea”. Estos sistemas permiten ataques de alta precisión contra vehículos blindados y posiciones defensivas, con un coste significativamente inferior al de los sistemas convencionales

En segundo lugar, los drones interceptores como el Sting han adquirido un papel relevante en la defensa aérea táctica. Diseñados para neutralizar drones enemigos, (especialmente sistemas de origen iraní empleados por Rusia) estos dispositivos representan una solución eficaz y económicamente sostenible frente a amenazas aéreas.

Por último, los drones micro/mini como sistemas de reconocimiento cercano, que permiten mejorar la conciencia situacional a nivel de unidad de combate. Su uso en entornos urbanos y en guerra de trincheras proporciona ventajas tácticas significativas, reduciendo la exposición de las tropas y aumentando la precisión del fuego indirecto.

Organizaciones como Wild Hornets ejemplifican perfectamente esta dinámica, desarrollando y suministrando drones directamente a las unidades en el frente. Este modelo permite ciclos de innovación extremadamente rápidos, donde las lecciones del campo de batalla se incorporan casi en tiempo real al diseño y mejora de los sistemas.

Uno de los rasgos más distintivos del modelo ucraniano es la integración entre fuerzas armadas, unidades combatientes, industria tecnológica y redes de voluntariado. Como resultado, Ucrania ha logrado mantener una ventaja adaptativa frente a un adversario con mayores recursos industriales

Impacto operacional: la redefinición de la guerra de desgaste

El uso masivo de drones ha alterado profundamente la naturaleza del combate. En particular ha modificado la relación entre coste y efecto militar. Sistemas baratos y fácilmente reemplazables pueden destruir plataformas mucho más costosas como carros de combate, vehículos de combate de infantería o de transporte o sistemas de artillería, si no tiene sistemas de protección anti-dron.

Este fenómeno ha reforzado la lógica de guerra de desgaste que caracteriza el conflicto actual. Los drones permiten mantener una presión constante sobre el adversario, degradando sus capacidades de forma progresiva, sin necesidad de grandes ofensivas mecanizadas. Su empleo ha incrementado la letalidad del campo de batalla, reduciendo la movilidad y aumentando la vulnerabilidad de las fuerzas en posiciones expuestas.

Pero los drones presentan también limitaciones significativas. Su alcance y autonomía son reducidos. Además, son vulnerables a sistemas de guerra electrónica cada vez más presentes en el conflicto (p.e. el GPS spoofing, creando señales falsas). Por otra parte, su uso intensivo requiere una base logística sostenida tanto en términos de producción como de formación de operadores. La dependencia del apoyo occidental en componentes y financiación sigue siendo un factor crítico para Ucrania.

Los drones no son simplemente una innovación tecnológica, sino un elemento transformador del arte de la guerra. A través de su producción masiva, la innovación continua y la integración táctica, Ucrania ha logrado compensar parcialmente sus desventajas estructurales frente a Rusia.

Una casa en llamas tras un ataque con drones rusos contra Odesa, en medio de la invasión rusa de UcraniaAFP

Un aspecto clave es la velocidad de innovación: los ciclos de adaptación se han reducido drásticamente, permitiendo incorporar mejoras en cuestión de semanas. Este fenómeno transforma la lógica tradicional de adquisición militar, basada en ciclos largos, hacia un modelo más ágil y dinámico.

La principal lección es que la guerra moderna no se decide únicamente por la superioridad tecnológica, sino por la capacidad de integrar sistemas diversos y adaptarse rápidamente a un entorno en constante cambio. La superioridad ya no depende exclusivamente de la calidad tecnológica, sino de la capacidad de producir, adaptar y desplegar sistemas en masa.

Resiliencia ucraniana: dimensiones militar, social y tecnológica

La resiliencia ucraniana constituye el factor decisivo que explica la evolución del conflicto. Esta resiliencia se manifiesta en tres dimensiones interrelacionadas: en el ámbito militar, las fuerzas ucranianas han demostrado una capacidad de aprendizaje excepcional. Las unidades de combate han adaptado sus tácticas en función de la evolución del enemigo, integrando rápidamente nuevas tecnologías y procedimientos, en ciclos muy cortos. La experiencia acumulada en combate ha generado una doctrina de conocimiento práctico, que no tiene equivalente en la mayoría de los ejércitos de la OTAN.

En el ámbito social, la cohesión de la población ha sido determinante. A pesar de los ataques continuos contra infraestructuras críticas, edificios, hospitales, colegios etc.., el tejido social ucraniano ha mantenido, con mucha dificultad, su voluntad de supervivencia. La percepción de la guerra como una amenaza existencial ha reforzado la voluntad de resistencia colectiva y ha sostenido el esfuerzo bélico.

En el ámbito tecnológico, Ucrania ha desarrollado un ecosistema innovador que combina recursos estatales y privados. Empresas tecnológicas, voluntarios y fuerzas armadas han colaborado en el desarrollo de soluciones adaptativas, especialmente en el ámbito de los drones y la inteligencia artificial. Esta combinación de factores ha permitido a Ucrania sostener el esfuerzo bélico y evitar el colapso, incluso en condiciones extremadamente adversas.

La estrategia de desgaste: golpear la economía rusa

Ante la dificultad de lograr avances territoriales decisivos, Ucrania ha adoptado una estrategia orientada a infligir costes a Rusia en múltiples dimensiones. Los ataques a refinerías, depósitos de combustible y nodos logísticos han tenido un impacto significativo en la economía rusa y también un impacto psicológico relevante. La percepción de seguridad interna en Rusia se ha visto erosionada, lo que introduce un elemento de presión adicional sobre el liderazgo político.

Vista de drones almacenados antes de ser transportados al remolque de un camión de gran tonelaje desde el que fueron activados a control remoto y lanzados contra aeródromos militares en cinco regiones rusasEFE

Además, la presión sobre la infraestructura energética ha afectado a los ingresos del Estado ruso, especialmente en un contexto de sanciones internacionales. El aumento del gasto militar, que ha alcanzado niveles históricamente altos, ha tensionado las finanzas públicas. Este enfoque demuestra que, en un conflicto moderno, la victoria puede definirse en términos de desgaste acumulativo y no necesariamente de control territorial inmediato. Ucrania, aunque limitada en recursos, ha logrado trasladar parte del coste de la guerra a Rusia.

Relación Ucrania - EEUU - Europa: tensiones y reequilibrio

Uno de los efectos más relevantes en el conflicto es la transformación de las relaciones entre Ucrania, EEUU y Europa. El apoyo de EE.UU. ha sido esencial para la supervivencia de Ucrania. Sin embargo, la política interna de este país ha introducido incertidumbre sobre la continuidad de este apoyo. Retrasos en la aprobación de paquetes de ayuda y debates internos han generado preocupación y heridas en el corazón del pueblo ucraniano, que se siente, en cierto modo, traicionado por Washington.

Esta situación ha provocado una cierta frustración en Ucrania, que percibe una dependencia excesiva de estas decisiones políticas externas. Por ello, Ucrania ha diversificado sus alianzas, fortaleciendo sus relaciones con Europa. No es un alejamiento de EE.UU., sino una visión pragmática y una adaptación estratégica. Ucrania busca un marco de cooperación más estable y predecible, basado en relaciones estructurales a medio y largo plazo con socios europeos. Para Europa, esta evolución representa una oportunidad histórica para asumir un papel más activo en la seguridad del continente.

Europa: autonomía estratégica y límites estructurales

La agresión de Rusia a Ucrania ha puesto de manifiesto las limitaciones de Europa en materia de defensa. Durante décadas, la reducción del gasto militar y la externalización de la seguridad hacia EEUU han generado déficits significativos y una cierta indefensión. Entre las principales carencias destacan la insuficiente producción de munición, la falta de sistemas de defensa aérea y la fragmentación en la toma de decisiones. Estas debilidades dificultan la capacidad de respuesta ante un conflicto de alta intensidad.

Sin embargo, el conflicto también ha generado una dinámica de cambio. Iniciativas como el incremento del gasto en defensa, la cooperación industrial y el desarrollo de capacidades comunes apuntan hacia una mayor autonomía estratégica. La clave reside en la voluntad política.

Sin una coordinación efectiva y una inversión sostenida, Europa corre el riesgo de no aprovechar esta oportunidad. La cooperación con Ucrania permite adquirir experiencia operativa real, acelerar la innovación y mejorar la preparación para conflictos de alta intensidad. El desafío principal es político. La fragmentación y la lentitud en la toma de decisiones pueden limitar la capacidad de respuesta. Y una disuasión creíble es la suma de liderazgo y capacidades militares. No lo olvidemos.

Industria de defensa europea y española: oportunidades y posicionamiento estratégico

La guerra ha actuado como catalizador para la transformación de la industria de defensa europea. La necesidad de reponer stocks y adaptarse a nuevas formas de guerra ha generado una demanda sostenida. Las áreas con mayor potencial incluyen la producción de munición, los sistemas anti-dron, la guerra electrónica y la inteligencia artificial aplicada a la Defensa.

La cooperación con Ucrania ofrece ventajas únicas y significativas. Permite validar sistemas en condiciones reales, en situaciones de combate, obtener retroalimentación inmediata y acelerar los ciclos de innovación y desarrollo. Esto puede traducirse en una mejora significativa de la competitividad global de la industria europea.

Destrozos en un edificio como consecuencia de un ataque ruso con drones sobre la ciudad de Odesa a finales de enero de 2026EFE

España dispone de capacidades industriales relevantes que pueden beneficiarse de esta transformación. Existen no sólo empresas grandes como Indra, Navantia o Santa Bárbara Sistemas, sino pequeñas y medianas empresas con un potencial y un know-how espectacular, que pueden desempeñar un papel clave en el desarrollo de nuevas capacidades en nuestra Fuerzas Armadas.

El tejido industrial español está en un 90% formado por pequeñas y medianas empresas, destacando la aparición de startups de tecnología de defensa en Europa en general y España en particular. Técnicamente son pequeñas empresas, pero por su naturaleza, son mucho más innovadoras en sus soluciones que otras grandes empresas. Existen enormes oportunidades y un gran talento. Es por lo que un mayor compromiso en Defensa reforzaría la posición de España dentro de la OTAN y la Unión Europea, aumentando su influencia estratégica y la capacidad de tener voz en las decisiones importantes. No perdamos una ocasión única de posicionarnos en la Industria de Defensa europea y occidental.

Lecciones doctrinales para las Fuerzas Armadas españolas: Ucrania como socio estratégico de conocimiento

El conflicto ofrece lecciones directas para las Fuerzas Armadas españolas, especialmente para el Ejército de Tierra. En primer lugar, la omnipresencia de drones obliga a replantear el concepto de campo de batalla. La ocultación y la dispersión se convierten en elementos clave. En segundo lugar, la guerra electrónica adquiere un papel central. La capacidad de interferir y proteger sistemas es fundamental para la supervivencia operativa.

En tercer lugar, la protección con sistemas activos (tipo Trophy) a sistemas de armas y vehículos acorazados/ mecanizados, puestos de mando etc... es fundamental. En cuarto lugar, la logística bajo fuego constante requiere mejores equipos y una mayor resiliencia. La dispersión de depósitos y la redundancia de rutas son esenciales. Finalmente, el mando y control deben adaptarse a un entorno degradado. La descentralización y la autonomía táctica adquieren mayor relevancia.

Rusia y Ucrania se han vuelto a intercambiar ataques con dronesNurPhoto via AFP

La incorporación del conocimiento ucraniano en estos ámbitos es esencial para mejorar la preparación de las Fuerzas Armadas españolas. Esto implica una transformación doctrinal y organizativa.

En resumen, Ucrania se ha convertido en un actor clave en la generación de conocimiento militar. Su experiencia en combate real proporciona lecciones que no pueden obtenerse en ejercicios. Y lo estamos viendo en Oriente Medio. Su influencia es creciente a nivel indirecto, ya que su experiencia en la guerra frente a drones y misiles de bajo coste como el Shahed, la ha convertido en un referente operativo. Este conocimiento ya se transfiere a aliados occidentales y del Golfo, influyendo en doctrinas basadas en sistemas más baratos, escalables y adaptativos, como interceptores tipo Sting y el uso intensivo de guerra electrónica. En síntesis, Ucrania no combate en Oriente Medio, pero sí está moldeando cómo se combate, gracias a una ventaja clave: experiencia real en combate.

Conclusiones y recomendaciones

La guerra entre Rusia y Ucrania se encuentra en una fase de «estancamiento dinámico». El frente permanece relativamente estabilizado, aunque sometido a una presión constante por parte de las fuerzas rusas.

Rusia puede mantener la iniciativa táctica, mediante ataques persistentes en sectores clave como Donetsk y el eje noreste, pero estos esfuerzos no han logrado generar grandes rupturas operacionales. Los avances territoriales recientes se limitan a la captura de pequeñas localidades y carecen de impacto estratégico significativo. Ucrania, por su parte, ha demostrado una capacidad sostenida de resistencia. Sus fuerzas contienen los avances rusos y ejecutan contraataques localizados, que obligan a Moscú a redistribuir recursos, dificultando la planificación ofensiva.

Rusia conserva ventajas claras en volumen de fuerzas, artillería y recursos disponibles, lo que le permite sostener el ritmo de operaciones ofensivas. Ucrania compensa parcialmente esta asimetría mediante una mayor adaptabilidad táctica, el uso intensivo de drones y una defensa en profundidad eficaz. Esta combinación explica la actual situación de equilibrio inestable, donde ninguna de las partes logra imponerse de forma decisiva.

Existen indicios consistentes de que Rusia prepara una nueva fase ofensiva para la primavera-verano de 2026, incluyendo acumulación de tropas y refuerzo de capacidades. Las limitaciones estructurales del ejército ruso, particularmente en coordinación operacional y capacidad de ruptura, junto con la resiliencia defensiva ucraniana, apuntan a que cualquier avance será gradual y costoso.

Los ataques con drones entre Rusia y Ucrania son continuosEFE

En consecuencia, el escenario más probable es la prolongación de la guerra de desgaste. En este contexto, la variable crítica deja de ser exclusivamente militar y pasa a ser estratégica y política. La sostenibilidad del apoyo occidental a Ucrania se perfila como el factor determinante que podría inclinar el equilibrio a medio plazo. Ucrania ha logrado resistir y mantener su soberanía, infligiendo costes significativos a Rusia. Su experiencia ofrece lecciones fundamentales para Europa.

Para la Unión Europea, la prioridad debe ser avanzar hacia una mayor autonomía estratégica, reforzando su industria de defensa y mejorando su capacidad de respuesta. Para España, el conflicto representa una oportunidad para reforzar su posición estratégica e industrial, así como para modernizar sus Fuerzas Armadas.

La lección fundamental es clara: la guerra moderna no se decide únicamente en el campo de batalla, sino en la capacidad de sostener el esfuerzo en el tiempo. Se decide en la industria, en la tecnología, en la cohesión social y en la voluntad política. Invertir en estos ámbitos no es una opción, sino una necesidad estratégica.