Vladimir Putin en el Foro Económico Oriental en Vladivostok

Vladimir Putin en el Foro Económico Oriental en VladivostokAlexander Kazakov / AFP

Instituto para el Bien Común Global de la Universidad Francisco de Vitoria (UFV)  La guerra de Ucrania cumple cuatro años

Desde Hungría y Checoslovaquia hasta Georgia y Crimea, el patrón se repite: aprovechar momentos de debilidad o distracción occidental para imponer por la fuerza sus intereses estratégicos

El 22 de febrero de 2026 se cumplieron cuatro años del inicio de la guerra más destructiva en Europa desde la Segunda Guerra Mundial. La invasión rusa de Ucrania sorprendió a numerosos líderes europeos, pese a la acumulación visible de tropas rusas en la frontera durante meses. Moscú presentó ese despliegue como maniobras, y muchos prefirieron creerlo.

La agresión de 2022 no fue un hecho aislado, sino un eslabón más en una larga cadena de intervenciones rusas en su autodenominada «esfera de influencia». Desde Hungría (1956) y Checoslovaquia (1968) hasta Georgia (2008) y Crimea (2014), el patrón se repite: aprovechar momentos de debilidad o distracción occidental para imponer por la fuerza sus intereses estratégicos.

Tras la caída del Muro de Berlín, Europa confió en que la interdependencia económica garantizaría la paz. La anexión ilegal de Crimea en 2014 fue respondida con sanciones limitadas, mientras continuaban proyectos estratégicos como Nord Stream 2. Esa tibieza fue interpretada en Moscú como señal de impunidad. Rusia no se ha reconciliado con su pasado soviético ni ha revisado críticamente sus prácticas de poder. La continuidad de élites formadas en el aparato represivo soviético condiciona su cultura política actual.

La batalla por el relato

El Kremlin activó una poderosa maquinaria propagandística para justificar la invasión. Se difundió la narrativa de que la OTAN se expandió hacia el Este traicionando promesas hechas a la URSS, amenazando la seguridad rusa, y que Moscú actuaba para proteger a los rusoparlantes y «desnazificar» Ucrania.

Sin embargo, no existió compromiso formal de no ampliar la OTAN a otros países de Europa Oriental. Las discusiones de 1990 se referían al territorio de la Alemania reunificada, no al conjunto del antiguo bloque soviético. Además, fueron los países de Europa Central y Oriental quienes solicitaron su ingreso en la Alianza, temerosos de una Rusia inestable y potencialmente revisionista.

La invasión vulnera principios fundamentales del Derecho Internacional, incluidos compromisos asumidos por la propia Rusia. No obstante, parte de la opinión pública occidental asumió parcialmente el marco interpretativo ruso, lo que debilitó la claridad moral del debate.

Las verdaderas razones de la guerra

Las motivaciones de Moscú incluyen impedir la integración europea de Ucrania y el éxito de reformas democráticas que contrastaran con el modelo ruso; recuperar estatus de gran potencia; controlar recursos estratégicos ucranianos; evitar la consolidación de Ucrania como Estado soberano plenamente autónomo; alimentar el resentimiento frente a Occidente por la derrota en la Guerra Fría; y desactivar tensiones internas tras las protestas masivas en Rusia en 2011-2012.

La guerra responde así a una combinación de ambición geopolítica, preservación autoritaria y cálculo político interno.

De la guerra regional a confrontación global

El conflicto ha transformado el sistema internacional. Rusia ha reforzado su proyección exterior mediante intervenciones en Oriente Medio y África, ampliando su influencia. Asimismo, ha estrechado la cooperación con China, consolidando una convergencia estratégica frente a Occidente basada en intercambios energéticos, tecnológicos y militares, y en la promoción de un orden multipolar.

Moscú también ha intensificado campañas de desinformación y ciberataques, además de amenazas nucleares tácticas. Paralelamente, apoya movimientos o regímenes antioccidentales para erosionar la cohesión de la UE y la OTAN.

Occidente ha respondido con sanciones económicas y con asistencia militar y financiera a Ucrania. La invasión impulsó la ampliación de la OTAN y fortaleció la cooperación transatlántica, aunque también ha contribuido a una creciente polarización internacional.

Mitos como instrumentos políticos

La propaganda rusa ha construido diversos mitos legitimadores: la «operación militar especial», la «desnazificación», Rusia como «baluarte moral» frente a la decadencia occidental, el concepto cultural del «Russki Mir» y la visión geopolítica del «Eurasianismo».

La narrativa presenta la guerra como defensa existencial ante la OTAN. Sin embargo, el férreo control mediático y la manipulación electoral sugieren que el consenso interno no es tan espontáneo como se proclama.

Lecciones de una guerra prolongada

Rusia fracasó en su objetivo inicial de tomar Kiev rápidamente e imponer un Gobierno afín. La resistencia ucraniana frustró ese plan. Desde entonces, el conflicto se ha convertido en una guerra prolongada de desgaste.

Pese a enormes pérdidas humanas, Rusia no ha logrado una victoria decisiva. Ucrania ha demostrado alta capacidad de adaptación y resiliencia. La prolongación del conflicto incrementa los costes humanos, económicos y estratégicos.

La guerra ha impulsado a la Unión Europea a avanzar hacia mayor autonomía estratégica en materia de defensa, aunque sigue dependiendo de la OTAN. Dadas las circunstancias, resulta improbable una solución rápida sin garantías sólidas para la soberanía ucraniana.

Francisco Pascual Nicolás de la Parte es embajador y miembro del Instituto para el Bien Común Global de la Universidad Francisco de Vitoria (UFV).

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