Miembros de la Guardia Revolucionaria de Irán

Miembros de la Guardia Revolucionaria de IránAFP

Análisis | Centro para el Bien Común Global de la Universidad Francisco de Vitoria

Encrucijada crítica en Irán: opciones militares

Irán atraviesa uno de los momentos más delicados de su historia reciente. Las protestas internas se intensifican y el régimen responde con una represión cada vez más indiscriminada. Hay una tensa calma, mientras EE. UU. y sus aliados refuerzan su postura disuasoria, sin dar aún el paso hacia una intervención directa. En este frágil equilibrio entre contención, cálculo estratégico y temor a una escalada mayor, cualquier decisión o error, podría desencadenar consecuencias que irían mucho más allá de las fronteras iraníes, afectando a la estabilidad de Oriente Medio y a la economía global.

La pérdida del miedo en la sociedad iraní, la ansiedad del régimen y los movimientos estratégicos de EE. UU. elevan la probabilidad de un acontecimiento con impacto regional y económico mundial. Irán entra en una fase crítica de inestabilidad interna, mientras crece la tensión militar regional. De Teherán a Wall Street, la crisis iraní amenaza con sacudir la economía mundial. El hecho de que determinadas decisiones puedan tomarse tras el cierre de los mercados financieros un viernes en Nueva York no es un detalle menor. Ese tipo de cálculo puede mitigar reacciones inmediatas, como una subida abrupta del precio del petróleo o episodios de volatilidad financiera global. Esta lógica ilustra hasta qué punto las decisiones militares y la estabilidad económica internacional están profundamente interconectadas.

Manifestantes posan para una fotografía mientras queman una imagen del ayatolá Alí Jamenei durante una manifestación en solidaridad con el levantamiento iraní

Manifestantes posan para una fotografía mientras queman una imagen del ayatolá Alí Jamenei durante una manifestación en solidaridad con el levantamiento iraníAFP

Ataque quirúrgico o ataque abrumador

El debate entre un ataque «quirúrgico» o una ofensiva abrumadora pone de relieve las limitaciones inherentes a la coerción militar parcial. Una acción limitada podría reforzar al régimen iraní, sin degradar de forma sustancial su capacidad represiva o disuasoria. Por el contrario, una operación de mayor envergadura implicaría riesgos políticos, humanos y estratégicos de gran magnitud; quizás una guerra regional con influencia global.

No puede descartarse, por tanto, una pausa operacional destinada a preservar el «efecto sorpresa» y a recalibrar los objetivos estratégicos, antes de cualquier decisión definitiva. En este contexto, y asumiendo que cualquier análisis puede quedar obsoleto en cuestión de minutos por acciones imprevistas, el escenario actual revela un equilibrio extremadamente delicado. Incluso algunos de los adversarios más declarados de Irán parecen coincidir en que, una intervención militar precipitada podría generar más inestabilidad que beneficios tangibles.

Una operación a gran escala requeriría capacidades adicionales, como un mayor despliegue naval / aéreo y el refuerzo de la defensa de bases estadounidenses, israelíes y de otros países, como ya está ocurriendo. Además, EE.UU. podría estar insistiendo en la imposición de condiciones maximalistas a Irán —fin del enriquecimiento nuclear, renuncia a los misiles balísticos, entrega del uranio enriquecido y abandono del apoyo a actores proxis—, que resultan inaceptables para Irán, lo que sugiere una estrategia de dilación y ganancia de tiempo, por ambos lados del tablero de ajedrez.

Una imagen tomada de las redes sociales muestra a las fuerzas de seguridad iraníes utilizando gases lacrimógenos para dispersar a los manifestantes en el bazar de Teherán el martes.

Una imagen tomada de las redes sociales muestra a las fuerzas de seguridad iraníes utilizando gases lacrimógenos para dispersar a los manifestantes en el bazar de TeheránAFP

El despliegue de portaaviones y otras capacidades militares suponen un coste económico considerable. En un contexto donde el retorno político y estratégico es clave, este factor no es irrelevante. Cualquier movimiento iraní, directo o a través de actores como los hutíes, en puntos críticos como el Estrecho de Ormuz o Bab el-Mandeb, tendría un impacto inmediato en la economía mundial. ¿Estamos ante una jugada estratégica de largo alcance? Es imposible saberlo con certeza. Lo que parece probable es, que algún acontecimiento relevante se producirá más pronto que tarde, en un entorno donde el margen de error es mínimo y las consecuencias potenciales son enormes.

Impacto de la represión interna

Sin poder contrastar datos, que realmente pueden ser aterradores, las protestas que comenzaron el 28 de diciembre de 2025 por motivos económicos se han convertido en el movimiento antigubernamental más grave desde 2022 o incluso desde la Revolución de 1979. Las manifestaciones están siendo intensas, extensas y violentamente reprimidas. La represión, detenciones, asesinatos y la espera de una acción norteamericana ha provocado el vacío de las calles. Podemos pensar en miles de muertos y heridos, detenidos …, sin poder dar cifras exactas, debido a que Irán mantiene un corte casi total de internet, dificultando la verificación independiente. Esa incomunicación, a la que quieren tener los ayatolas y todo el aparato represor iraní a su pueblo, no es sino un signo claro de su desesperación.

Existe una clara crisis de legitimidad, una gran ansiedad y una palpable percepción de amenaza existencial en el régimen. La narrativa oficial, que atribuye las protestas a conspiraciones extranjeras, cumple una doble función: justificar la represión y reforzar la cohesión interna de las élites gobernantes, aun a costa de erosionar la credibilidad del Estado ante gran parte de la población.

Protestas contra el régimen de los ayatolás en Teherán, Irán

Protestas contra el régimen de los ayatolás en Teherán, IránAFP+

Se está produciendo una transformación psicológica de la sociedad, a pesar del baño de sangre. La confrontación con fuerzas de seguridad, los ataques a los símbolos del Estado de los ayatolás y la disposición a asumir riesgos personales elevados indican que se ha superado un umbral psicológico crítico. Este punto de inflexión aumenta la probabilidad de una terrible escalada.

Se ha atacado a fuerzas de seguridad en la capital y en algunas regiones, y el gobierno iraní ha calificado las protestas de «terrorismo», prometiendo «castigos sin clemencia» y ejecuciones. La Guardia Revolucionaria y el Ejército insisten en que protegerán al país contra lo que llaman «conspiraciones externas e internas» y en algunas zonas ha habido duros enfrentamientos directos, incendios en comisarías y consignas contra el liderazgo clerical. La pérdida de miedo de segmentos significativos de la población hacia el régimen parece reflejarse en la extensión de las protestas más allá de los tradicionales epicentros urbanos. Esto hace más difícil que la represión tradicional contenga por completo el descontento.

Despliegue militar externo

El presidente Trump ha dicho que todas las opciones están sobre la mesa y que está «considerando operaciones militares», si la represión continúa cruzando lo que él considera una línea roja. Irán, a su vez, ha advertido en la ONU que responderá con una acción «decisiva» ante cualquier agresión.

A diferencia de otras crisis, no había actualmente portaaviones estadounidenses dentro del Golfo Pérsico, creando una brecha en la proyección naval. Dicha brecha se está cerrando con la llegada de uno o dos portaaviones a zona, al Golfo Pérsico y al Mediterráneo. Pero esto no significa ausencia total de capacidad militar estadounidense (bombarderos estratégicos, aviones cisterna, F-15 etc..) a través de nodos estratégicos como las bases en las Azores, Ramstein, Diego García, Jordania etc.… lo que sugiere una estrategia de preparación flexible y una variedad de opciones operacionales.

EDITORS NOTE: Graphic content / This video grab taken on January 14, 2026 from Cuerpos tendidos en el suelo en el Centro de Diagnóstico y Laboratorio Forense de la Provincia de Teherán, en Kahrizak

Cuerpos tendidos en el suelo en el Centro de Diagnóstico y Laboratorio Forense de la Provincia de Teherán, en KahrizakAFP

Pero el despliegue sostenido de capacidades militares implica costes financieros elevados. La aversión a compromisos prolongados en la administración Trump refuerza la hipótesis de que cualquier acción militar estaría diseñada para ser decisiva y corta, evitando escenarios de guerra abierta. Pero, no parece que esta vez sea suficiente un ataque limitado. Quizás esta vez sean las fuerzas de EE. UU. las que lideren el ataque, dejando a las FDI en «stand-by», en previsión de tener que defenderse de un ataque preventivo o de represalia de Irán.

Y a esto se añade la ayuda a Irán de China y Rusia en sistemas de armas de defensa aérea y elementos químicos para el combustible de los misiles. Podría haber recibido compuestos químicos utilizados en la producción de combustible para misiles desde China, lo que puede indicar una cooperación material relevante. Puede que Irán haya recibido sistemas de defensa aérea avanzados de origen chino HQ-9B en el marco de acuerdos de intercambio de petróleo barato a cambio de armamento. También se han observado que aviones de transporte militar de Bielorrusia (IL-76) han aterrizado en Irán recientemente, lo que indica cooperación logístico - militar creciente.

Escenarios posibles en un futuro probable

Como primer escenario tendríamos una escalada mayor y una confrontación regional abierta, al producirse una acción militar decisiva de EE. UU., con apoyo pleno de uno o dos grupos de portaaviones desplegados en la región y otros medios. Esto desencadenaría una respuesta directa de Irán, empleando misiles balísticos, ataques asimétricos y la activación coordinada de actores proxis contra bases estadounidenses e israelíes, infraestructuras y rutas marítimas estratégicas. Esto podría derivar en un conflicto regional de alta intensidad entre Irán y una coalición liderada por EE. UU. El impacto económico global sería severo, con una disrupción significativa del comercio marítimo, posible destrucción de pozos petrolíferos, una subida del precio del petróleo e inestabilidad financiera. Este escenario implicaría una reconfiguración profunda del equilibrio geopolítico en Oriente Medio y una crisis prolongada.

Trump pide a Irán a "mostrar humanidad" mientras que el Gobierno iraní le acusa ante la ONU

Trump pide a Irán a «mostrar humanidad» mientras que el Gobierno iraní le acusa ante la ONU

Un segundo escenario sería una escalada militar limitada, para degradar capacidades concretas del régimen iraní y la eliminación de autoridades. Irán podría responder de forma contenida, pero asimétrica, recurriendo a amenazas, ciberataques, ataques híbridos o presión sobre aliados regionales, evitando un enfrentamiento frontal con las fuerzas estadounidenses. A nivel interno, el régimen utilizaría la agresión externa para reforzar su narrativa de resistencia. Se produciría un aumento inmediato del precio del petróleo y una fuerte volatilidad en los mercados financieros. El riesgo principal residiría en errores de cálculo que puedan empujar la situación hacia el primer escenario de confrontación abierta.

Finalmente, un tercer posible escenario sería una intensificación prolongada de la presión sobre Irán, con una desescalada diplomática, bajo una presión militar creíble de EE. UU., Israel y otros países aliados. En este escenario, Estados Unidos despliega uno o incluso dos grupos de portaaviones como instrumento de disuasión visible, sin emplearlos en acciones ofensivas directas. La presencia naval cumple una función de contención estratégica y señalización, destinada a limitar las opciones de Teherán y a tranquilizar a aliados regionales. Estados Unidos optaría por intensificar las sanciones económicas, coordinar la presión internacional y activar canales de mediación indirecta, evitando el uso directo de la fuerza.

Pero Irán continuaría manteniendo una estrategia de represión interna severa, si las protestas persisten en múltiples ciudades y regiones. La ausencia de intervención militar directa evitaría una escalada inmediata, pero prolongaría una situación de alta tensión política y social. El impacto económico global se manifestará de forma gradual y este escenario implicaría un desgaste progresivo del régimen iraní y una acumulación de tensiones, que podría aumentar la probabilidad de eventos disruptivos posteriores. Desde una perspectiva económica, este escenario contribuye a estabilizar los mercados energéticos, aunque persiste una volatilidad moderada asociada a la fragilidad del equilibrio alcanzado.

En estos momentos y debido a la impredecibilidad de la situación y la toma de decisiones, se podrían dar cualquiera de los escenarios, pero siempre se debería buscar una transición de gobierno, no un Estado fallido en Irán.

Conclusiones

Irán se encuentra en una fase de inestabilidad crítica, caracterizada por la convergencia de una crisis interna de legitimidad sin precedentes, un entorno regional e internacional marcado por la disuasión militar y la preparación operacional de EE. UU. y sus aliados, y una elevada vulnerabilidad del sistema económico global. La intensificación de la represión interna no constituye un indicador de fortaleza, sino de ansiedad estratégica y percepción de amenaza existencial del régimen. Y existe una transformación psicológica significativa en amplios sectores de la población iraní, caracterizada por la pérdida del miedo al aparato coercitivo del Estado.

La crisis actual representa un punto de inflexión. Se produce la convergencia simultánea de tres dinámicas críticas: la erosión de la confianza del régimen en su propia capacidad de control, la pérdida del miedo por parte de amplios sectores de la población y la reactivación visible de la disuasión militar estadounidense a escala global. A pesar del aparente éxito de la represión, el sistema de poder en Irán parece hoy impulsado más por el temor a un colapso interno que por la confianza en su aparato coercitivo.

EE. UU. ha adoptado una postura de presión calibrada más que de confrontación inmediata. El despliegue de uno o dos grupos de portaaviones, respaldado por otras capacidades y una arquitectura logística global debe interpretarse no tanto como un preludio automático de guerra, sino como un intento de ampliar el abanico de opciones estratégicas de EE. UU., al tiempo que se constriñen las de Irán. Un elemento particularmente revelador es la creciente expectativa de que cualquier ataque, en caso de producirse, se ejecutaría previsiblemente un viernes o sábado, tras el cierre de los mercados financieros de Nueva York. Este detalle operacional refleja hasta qué punto la toma de decisiones militares está hoy intrínsecamente ligada a la estabilidad económica global.

Incluso una escalada cuidadosamente diseñada y temporalmente calculada no eliminaría el riesgo de una dinámica incontrolable. La capacidad iraní para responder de forma asimétrica -especialmente mediante la disrupción del tráfico marítimo en el Estrecho de Ormuz, a través de actores proxis regionales o acciones hibridas /terroristas - introduce una incertidumbre difícil de gestionar. Pero, la ausencia de intervención militar externa tampoco garantiza estabilidad ya que un conflicto interno prolongado, bajo presión económica y aislamiento internacional, puede resultar igualmente desestabilizador a medio plazo.

Como conclusión, la acción más probable a corto plazo puede ir desde una acción sorpresiva limitada a una acción abrumadora. En Irán, el conflicto en curso ya no gira únicamente en torno al programa nuclear o a la influencia regional, sino a la propia supervivencia del régimen. La forma en que los actores externos gestionen este momento crítico no solo determinará la trayectoria futura de Irán, sino también la credibilidad de los mecanismos de disuasión y gestión de crisis en Oriente medio.

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