Donald Trump, Volodimir Zelenski y Vladimir Putin

Donald Trump, Volodimir Zelenski y Vladimir PutinIA

Centro para el Bien Común Global UFV

La guerra de Ucrania tras el cambio de actitud de Trump hacia Rusia

Sólo una asistencia europea decidida a Ucrania, que desvíe hacia ella el grueso de la ofensiva rusa, puede garantizar (temporal y parcialmente) nuestra seguridad

Bajo cualquier régimen (Zarismo, Comunismo o Putinismo), Rusia ha tenido la misma obsesión: estima existencial su control de una zona de influencia adyacente a sus fronteras para garantizar su propia seguridad, especialmente en sus fronteras occidentales. Lo ideal para Rusia sería que los países situados en esa franja admitieran de buen grado el control ruso y aceptaran las indicaciones de Moscú. Pero, dejados a su propia dinámica, los vecinos occidentales de Rusia han demostrado que siempre acaban inclinándose por Occidente. Ahí está lo que anhelan: Estado de Derecho, legitimidad democrática, estabilidad social, alta tecnología, bienes de calidad, inversiones, seguridad, sanidad, etc., mientras que Rusia no tiene nada atractivo que ofrecerles, más bien al contrario: sólo aporta corrupción, autoritarismo, abusos policiales, miseria económica y moral, elecciones trucadas, propaganda insoportable, chovinismo, violencia y culto a la personalidad del líder. Por tanto, para mantener su «esfera de influencia» Rusia no tiene otro recurso que la fuerza.

Tras la caída del Muro de Berlín, las «esferas de influencia» fueron consideradas lacras del pasado. Pero pasó desapercibido que las élites rusas no renunciaban a la suya, denominada desde 1991 «extranjero próximo» («blizhnyi zarubezh»). En ese espacio, fueron perfeccionado sus técnicas de control: empleo de la energía como arma, manipulación de los procesos electorales y uso de los medios de comunicación para difundir su visión revisionista.

El «Mundo Ruso» (Russki Mir)

En línea con el sempiterno «mesianismo ruso» (que desde el S.XVI presenta a Rusia como redentora de la Humanidad, cualquiera que sea su régimen político), el principal objetivo de Putin ha sido devolver a su país el rango de Gran Potencia, restaurando lo que él llama el «Mundo Ruso» (Russki Mir): comunidad civilizatoria y espiritual formada por quienes comparten la lengua y cultura rusa, la fe ortodoxa, una memoria histórica común y una lealtad o afinidad hacia Rusia como centro de esa civilización (Putin, discurso al Parlamento de 18.03.2014). Pero ese objetivo es inalcanzable sin Ucrania. Así que, cuando falló la estrategia de controlar a Ucrania mediante el chantaje energético, las manipulaciones electorales y el uso de los medios de comunicación (el magnate pro-ruso Viktor Medvechuk fue detenido en Ucrania y su imperio mediático desmantelado), el destino del país estaba sellado: habría guerra. Tal alternativa estaba ya en las mentes de las élites rusas desde el mismo momento en que se disolvió la URSS en 1991, como pude comprobar personalmente «in situ»: sus dirigentes me expresaban sin complejos que si Ucrania no volvía a la órbita rusa, habría una guerra.

Vladimir Putin y el presidente Donald Trump tras una declaración conjunta en Alaska

Vladimir Putin y el presidente Donald Trump tras la declaración conjunta de AlaskaDrew Angerer / AFP

Mientras Rusia no se reconcilie con su pasado, es irrelevante quién sea el dirigente ruso con quien negocie la paz en UcraniaTrump o cualquier otro presidente de Estados Unidos

Como se ve, el principal obstáculo para la paz en Ucrania no es Putin porque, aunque le sustituyese otro dirigente, la posición de Moscú no cambiaría sustancialmente. Por tanto, mientras Rusia no se reconcilie con su pasado (no ha habido un «Proceso de Nürmberg» contra los crímenes del Comunismo), es irrelevante quién sea el dirigente ruso con quien negocie la paz en Ucrania el presidente Trump o cualquier otro presidente de Estados Unidos.

La conversión de un presidente

Sobre el conflicto en Ucrania, Donald Trump ha pasado de decir que Ucrania no podía ganar porque Kiev no tenía cartas que jugar, a decir que Ucrania puede recuperar todo el territorio perdido porque Rusia es un tigre de papel.

Trump se ha dado cuenta con retraso de que ha cometido con Putin un error de cálculo por desconocimiento del «Mundo Ruso». Supuso que le respetaría más a él que a Biden o a Obama porque compartía con él la protección de la familia tradicional, la aversión a las políticas de género, el rechazo de la ideología «woke», el fomento de la enseñanza religiosa en las escuelas, la recuperación del patriotismo, la defensa de la identidad nacional frente a los flujos migratorios ilegales, etc. Pero la persistencia de Putin en su criminal labor destructora y su berroqueña negativa a hacer la más mínima concesión a los sucesivos intentos de Trump para obtener un alto el fuego, han hecho que este se percatase, decepcionado, de los reales e inmutables objetivos del líder ruso: anexión de las regiones ucranianas de Crimea, Zaporiya, Lugansk, Donestk y Jerson, control del resto de Ucrania mediante la instalación de un régimen títere en Kiev y desmilitarización del país. Si Ucrania no acepta, Putin la destruirá.

Trump junto a Zelenski este lunes en la Casa Blanca

Trump junto a Zelenski en la Casa BlancaAFP

En la nueva actitud de Trump habrían actuado también otros factores, como el cambio de la situación sobre el terreno, el coraje admirable de los ucranianos, la presión interna en el Congreso y en su propio partido (donde empezaban a ver ya cierto servilismo en la actitud de su líder hacia Putin), la credibilidad internacional, las reconvenciones de sus aliados, y los innegables intereses económicos y estratégicos.

Pero ¿ha cambiado algo realmente? Trump ha anunciado sanciones a Rusia y medidas de apoyo Ucrania, pero no consta que se hayan puesto en práctica. Estas son las principales: prórroga de anteriores sanciones a Rusia (no es realmente una nueva medida), anuncio de sanciones secundarias en forma de aranceles de un 25 % a países que compren gas o petróleo ruso (no se ha implementado), anuncio de sanciones adicionales tras ofensivas rusas sobre objetivos civiles (no se han especificado), provisión de inteligencia a Ucrania sobre objetivos militares e infraestructuras energéticas rusas (suspendida desde marzo de 2025, y sin confirmación de haber sido reanudada).

Trump se lava las manos como mediador y descarga en sus aliados europeos el peso principal de armar y asistir a Ucrania

Resumiendo: Putin no está dispuesto a detener la guerra, y tampoco podría hacerlo aunque quisiera (ha reconvertido la economía rusa en una economía de guerra que ya tiene su propia dinámica). Trump, que se ha dado cuenta de tal realidad sólo en julio-septiembre de 2025, anuncia un paquete de medidas contra Rusia que no se han implementado, se lava las manos como mediador y descarga en sus aliados europeos el peso principal de armar y asistir a Ucrania, condicionando su apoyo a que estos asuman sus responsabilidades.

Un tanque de guerra ruso en la invasión de Ucrania

Un carro de combate ruso en la invasión de UcraniaAlexander Polegenko / TASS

¿Y ahora, qué?

Permanecen serias incógnitas. Un ejemplo: ¿en qué situación deberían quedar, según Trump, los territorios ucranianos ocupados? ¿Como zonas en disputa sujetas a un futuro plebiscito o como parte irrenunciable de Rusia ya incorporados a su Constitución, que Ucrania debe aceptar? ¿Se lavará Trump las manos y dejará que ucranianos y resto de europeos lo decidan y se las compongan como puedan?

Como las sociedades europeas no parecen estar concienciadas ni preparadas para afrontar una guerra con Rusia tras décadas de pacifismo oficial y negligencia defensiva, y como los dirigentes europeos no pueden actuar sin respaldo de su opinión pública, por muy claro que vean el peligro, no parece difícil prever cómo se desarrollará la situación, salvo imprevistos:

Rusia continuará su implacable destrucción de Ucrania con drones y misiles contra objetivos civiles buscando la desmoralización y desesperación de los ucranianos. Su propaganda seguirá acusando a Occidente de la escalada. Ucrania seguirá respondiendo con ataques a la red rusa de refinerías y centrales eléctricas. Las ofensivas terrestres rusas en el frente ucraniano continuarán con 160.000 nuevos reclutas recién llamados a filas, sin importar las bajas. Rusia continuará poniendo a prueba la cohesión, determinación y capacidad de respuesta de los países de la OTAN para responder a incursiones de sus drones, aeronaves y misiles. Su atrevimiento irá en aumento una vez comprobada la inoperancia del mecanismo del art. 5 del Tratado de la OTAN y la falta de respuesta unificada europea debido a las dudas sobre el respaldo americano. El «muro anti drones» europeo resultará tardío e insuficiente sin asistencia de Ucrania, que es la única que tiene experiencia de combate con drones y que dispone del número de operadores necesarios.

Militares ucranianos cerca de Járkov

Militares ucranianos cerca de Járkov

Mientras tanto, nuestras ciudades estarán prácticamente indefensas ante ataques desde el aire. Rusia, directamente o mediante proxis, podría reanudar los cortes de cables de comunicaciones submarinos (es imposible vigilarlos todos), distorsionando el tráfico de internet y, con ello, el funcionamiento de bancos, cajeros, ministerios, bolsas de valores, servicios sanitarios, servicios de emergencias y comunicaciones militares. También continuarían imputaciones a Rusia de asesinatos y sabotajes selectivos en Europa, como los ya perpetrados contra elementos disidentes y contra almacenes de munición, aeropuertos, fábricas de drones o centros comerciales de varios países. Todos ellos se encubrirán con una denegación plausible. Puntos calientes serán el corredor de Suwalki y la frontera Polonia-Bielarus-Bálticos. Dirigentes prorrusos en varios países europeos podrían volverse más proclives a un entendimiento separado con Moscú (Georgia, Eslovaquia, República Checa, Bulgaria...), mientras algunos países miembros de la UE y de la OTAN continuarán con su ambigüedad o su bloqueo de sanciones a la agresión rusa.

Conclusión

Rusia no cambiará su política agresiva hacia Ucrania y seguirá poniendo a prueba a Europa. La capacidad de disuasión europea requiere una adecuada concienciación de nuestras sociedades, una rápida armonización de estrategias, la consiguiente unificación de mandos militares, la integración de nuestras industrias de defensa y un rearme coordinado, con respaldo decidido de Estados Unidos en las áreas de inteligencia, defensa antiaérea y apoyo logístico. Pero no se percibe urgencia alguna en los líderes europeos, salvo unos pocos casos meritorios. Así las cosas, sólo una asistencia europea decidida a Ucrania, que desvíe hacia ella el grueso de la ofensiva rusa puede garantizar (temporal y parcialmente) nuestra seguridad. Vamos a ver qué hacemos con ese tiempo comprado con sangre que Ucrania nos regala.

  • Francisco Pascual de la Parte es embajador y analista del Centro para el Bien Común UFV
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