Pornografía en Televisión Española
Ya veremos si no acaban multando a RTVE y los españoles sufragando otro importe de mala praxis con sus impuestos. Y es que, hasta Jésica, la de Ábalos, era mucho más discreta
Silvia Intxaurrondo y Óscar Puente, en La hora de la 1
Estaba de bajón Óscar Puente. Todo el relato de la semana pasada se desmoronaba a gran velocidad. Oficialmente –tampoco hacía falta ser muy listo– el accidente de Adamuz fue fruto de la mala gestión del Gobierno. Dicho de otra forma: en España han muerto 46 personas porque el Gobierno de Sánchez no ha estado pendiente del mantenimiento de las vías de alta velocidad ni, conviene recordarlo, tampoco de las de media y corta distancia. Se intentó por todos los medios cargar la culpa a los rusos, a una conspiración judeomasónica, a los propietarios de Iryo, a los fabricantes de las vías, etc., pero la jugada no salió.
En ese contexto, Óscar Puente tenía que darle una alegría al cuerpo. Pensó y pensó y, al final, terminó donde hacen los mejores servicios del país: RTVE. Allí le esperaba la cabecilla Silvia Intxaurrondo. Para estas ocasiones siempre mejor ponerse en manos de la mejor. Nada de segundonas. Silvia tenía preparada la sala como sólo ella sabe. Lo recibió con luz cálida, silencios ensordecedores y palabras agradables.
Todo comenzó con una pregunta: «Ministro, vamos a comenzar por cómo se produjo el accidente. Explíquenos la cronología cierta de lo que sucedió». Óscar venía estresado y respondió: «Uff, espero no cometer errores porque en este momento cualquier equivocación se aprovecha». Silvia, que es una gran profesional, no tardó en relajar al ministro. Tranquilo, estamos solos tú y yo. Con voz melosa fue acariciando los hombros de un macarra venido a más. El ejercicio no fue brusco. Fue constante, dulce y progresivo. Encontraba todos los puntos clave para relajar a uno de los culpables de la muerte de 46 personas. Tocaba la ultraderecha, luego la máquina del fango, el terrible PP, el capitalismo, etc. «Mmm, sí, ahí, ahí. Justo ahí. La liberalización, sigue, sigue». Parecía decir el ministro que cada vez se hallaba más relajado.
Silvia entendió perfectamente para qué la han contratado y continuó: «Ministro, ¿cómo lleva la campaña de intoxicación?» ¿Te gusta así? Con voz dulce y mirada traviesa. Faltó que sus voluptuosos labios se acercaran a su oído. «Bueno, llevo un disgusto», respondió Puente que no parecía estar del todo satisfecho. Ante ello, Silvia se esmeró como nunca. Se arrimó más que José Tomás en aquella tarde memorable de 1997 en Las Ventas y se empleó a fondo en la faena. Halagos, comprensión, ejercicios profundos de relajación y un nivel de servilismo nunca antes visto en la «televisión púbica».
Óscar –aunque no lo parezca por su falta de empatía es humano– finalmente empezó a respirar aliviado y concluyó diciéndole a la gran profesional: «Gracias, Silvia. Así da gusto». ¡Y tanto que lo da! ¡Encima pagamos nosotros el servicio!
Conviene no olvidar que la «entrevista» –que debería haber llevado como mínimo dos rombos– se emitió en horario infantil. Ya veremos si no acaban multando a RTVE y los españoles sufragando otro importe de mala praxis con sus impuestos. Y es que, hasta Jésica, la de Ábalos, era mucho más discreta.