Hermandad Nacional de Regulares de Honor

Hermandad Nacional de Regulares de Honor

La Hermandad Nacional de Regulares de Honor cohesionará a los «Regulares de Honor» de toda España

Los Regulares constituyen una de las unidades más antiguas, laureadas y singulares del Ejército de Tierra

La Hermandad Nacional de Regulares de Honor (HNRH) se constituye en 2026 como una nueva entidad destinada a llenar un vacío histórico dentro del ámbito castrense español. Hasta su creación no existía una organización que reuniera, representara y diera cohesión al colectivo de Regulares de Honor, civiles distinguidos por los Grupos de Regulares de Ceuta y Melilla por su compromiso con estas unidades centenarias. La Hermandad responde así a una aspiración largamente compartida por quienes, tras recibir el nombramiento en los acuartelamientos norteafricanos, carecían de un marco común que articulara su identidad y reforzara su pertenencia a la Familia Regular.

El proyecto fue impulsado por el Coronel Jefe del GREG 52 de Melilla, Don Carlos José Asensi Moreno, el Coronel Jefe del GREG 54 de Ceuta, Don Luis Gonzaga Jiménez Nogueras, y el ingeniero sevillano y Regular de Honor, Don Juan José Martín López, quienes promovieron la creación de una hermandad de ámbito nacional con el propósito de fortalecer los vínculos entre civiles y militares y de dotar de representación institucional a este colectivo vinculado a una de las unidades más emblemáticas del Ejército español.

Historia de los Regulares

Los Regulares constituyen una de las unidades más antiguas, laureadas y singulares del Ejército de Tierra. Nacidos el 30 de junio de 1911 en el Fuerte de Sidi Guariach, los Regulares surgieron como una unidad singular dentro del Ejército español: tropas indígenas encuadradas por oficiales y suboficiales españoles, concebidas para combatir junto a las fuerzas peninsulares y asumir el esfuerzo principal de las operaciones en el Protectorado. Bajo el mando inaugural del teniente coronel Dámaso Berenguer, aquellas primeras compañías se integraron en un entramado militar donde ya actuaban tiradores rifeños, policías xerifinas y unidades indígenas dispersas, pero ninguna con la cohesión, disciplina y eficacia que pronto caracterizaría a los Regulares.

Desde sus inicios se convirtieron en punta de lanza: participaron en la Campaña del Desquite, en el Desembarco de Alhucemas de 1925, y en las operaciones decisivas de la Guerra del Rif, donde su valor y capacidad de choque los situaron al nivel de la recién creada Legión. Su historial continuó creciendo en la península: al mando de los generales Goded y Franco, intervinieron en la Revolución de Asturias de 1934 y combatieron en los principales frentes de la Guerra Civil, prolongando su actividad en la lucha contra el maquis durante la posguerra.

Su identidad visual es tan característica como su historia: el tarbush rojo, la camisa y pantalón color garbanzo, las fajas y sulhams que distinguen a Melilla (rojo) y Ceuta (azul), el alquicel blanco, el correaje y la skara de marroquinería. Una estética que no es mero adorno, sino símbolo de un espíritu que imprime carácter. Porque, como ocurre con la Legión, la BRIPAC o las COEs, servir en Regulares no es un destino: es una marca indeleble que acompaña toda la vida.

Participaron en la Campaña del Desquite, en el Desembarco de Alhucemas de 1925, y en las operaciones decisivas de la Guerra del Rif,

Participaron en la Campaña del Desquite, en el Desembarco de Alhucemas de 1925, y en las operaciones decisivas de la Guerra del Rif,

Algunos de sus hombres sirvieron en la División Azul, otros en el Tabor de Maniobra de Ifni, y la unidad siguió ampliándose tras la contienda con nuevos grupos –Xauen, Llano Amarillo, Rif, Arcila y Bab Taza– hasta reorganizarse, ya en época reciente, en los actuales Regimientos de Ceuta n.º 54 y Melilla n.º 52, herederos directos de los históricos tabores. Entre sus misiones contemporáneas destaca la custodia de los enclaves españoles en el norte de África, como las Chafarinas, Alhucemas o Vélez de la Gomera, donde generaciones de soldados –como quien firma este testimonio– sirvieron con orgullo.

Ese legado, que trasciende lo estrictamente militar, se proyecta hoy también en la figura del Regular de Honor, título otorgado a civiles que encarnan y difunden los valores de la unidad.

Fines estatutarios de la Hermandad

La Hermandad Nacional de Regulares de Honor orienta su actividad, conforme a su Artículo 3, a fomentar la relación cívico militar mediante la creación de un espacio de amistad y entendimiento entre la sociedad civil y las Fuerzas Armadas; a impulsar el compañerismo entre los Regulares de Honor, reforzando los vínculos personales y el sentimiento de pertenencia; a preservar las tradiciones propias de las Fuerzas Regulares, asegurando su continuidad y dignificación; a apoyar a los veteranos de Regulares y, por extensión, a los veteranos de las Fuerzas Armadas, promoviendo su reconocimiento dentro de la comunidad militar; a difundir la cultura militar mediante iniciativas que fortalezcan la conciencia colectiva sobre la historia y los valores de los Regulares; y a participar en la acción social castrense colaborando activamente con Cáritas Castrense y contribuyendo al bienestar del personal militar y sus familias.

Reunión de miembros de la Hermandad

Reunión de miembros de la Hermandad

Un proyecto sustentado en el espíritu Regular

La flamante Hermandad se erige sobre los principios que han definido a los Regulares durante más de un siglo: cohesión, honor, disciplina, valentía, humildad y lealtad a España. Valores arraigados en la historia de estas unidades que ahora se proyectan en un marco asociativo destinado a preservar su legado, fortalecer su presencia en la vida social y cultural del país y consolidar la identidad de quienes han sido distinguidos como Regulares de Honor.

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