Una imagen de archivo de miembros de La Legión

El poderoso vínculo entre Ceuta y La Legión española

El primer hombre que se alistó en La Legión era ceutí. Más de un siglo después, aquella anécdota resume como pocas la estrecha relación entre la ciudad y una de las unidades más emblemáticas del Ejército español

Porque la historia de La Legión no puede entenderse sin Ceuta. La ciudad acogió sus primeros órganos de mando, sus primeras instalaciones de instrucción y estuvo presente en algunos de los episodios más decisivos de su trayectoria centenaria

El primer hogar del Tercio

Cuando el Tercio de Extranjeros, denominación original de La Legión, comenzó a organizarse en septiembre de 1920, su núcleo administrativo quedó establecido en el Cuartel del Rey, en Ceuta. Allí se instalaron las oficinas, la plana mayor y los servicios necesarios para poner en marcha una unidad militar que comenzaba a tomar forma a partir del proyecto concebido por su fundador, el teniente coronel Millán-Astray. Mientras en la Península se abrían los banderines de enganche para captar voluntarios, era en Ceuta donde el proyecto comenzaba a hacerse realidad.

Tras desembarcar en la ciudad, los voluntarios eran sometidos a su filiación definitiva y comenzaban el proceso que los convertiría en caballeros legionarios. Su primer centro de instrucción fue la Posición A, hoy acuartelamiento de García Aldave, en las alturas que dominan el Estrecho. Allí tuvo su primer campamento el Tercio, antes de trasladarse, apenas un mes después, a Dar Riffien, donde se formó la primera generación de legionarios.

Dar Riffien, el alma legionaria

Si el Cuartel del Rey fue el primer domicilio administrativo y la Posición A la primera escuela de los voluntarios, Dar Riffien se convirtió en el verdadero hogar de La Legión. Situado a unos seis kilómetros de Ceuta, junto a la carretera de Tetuán y muy cerca de Castillejos, aquel acuartelamiento acabaría ocupando un lugar destacado en el imaginario legionario.

Desde allí se organizó buena parte de la vida de la unidad y comenzó a forjarse lo que con el tiempo sería conocido como la mística legionaria: sus tradiciones, sus himnos, sus ceremonias y el peculiar espíritu de cuerpo que distinguiría a La Legión del resto de unidades del Ejército español.

Uno de los primeros hitos de aquella naciente mística legionaria tuvo lugar también en suelo ceutí. La primera jura de bandera del Tercio se celebró en las inmediaciones del Tarajal, utilizando para la ceremonia la bandera del Regimiento Serrallo n.º 69, de guarnición en Ceuta. De esta forma, la nueva unidad se integraba en una tradición militar centenaria representada por una de las unidades históricas de la plaza.

La oportunidad de comprobar la eficacia del Tercio no tardaría en llegar.

Cuando Ceuta acudió al rescate de Melilla

En julio de 1921, tras los sucesos de Annual, la situación de Melilla era desesperada. El implacable avance rifeño amenazaba seriamente la ciudad y el Gobierno necesitaba una respuesta inmediata. La respuesta partió de Ceuta.

El Tercio combatía en la zona occidental del Protectorado y se encontraba a punto de culminar las operaciones contra las fuerzas de El Raisuni. En la madrugada del 22 de julio llegó una orden inesperada: abandonar inmediatamente el frente y acudir en socorro de Melilla.

Tras recorrer 101 kilómetros, con todo el equipo, en poco más de treinta y tres horas desde sus posiciones en la zona occidental del Protectorado hasta Ceuta, dos banderas del Tercio embarcaron inmediatamente rumbo a Melilla.

Su llegada resultó decisiva. En unos momentos en que la ciudad vivía horas de angustia tras el derrumbe de la Comandancia de Melilla, las Banderas legionarias aportaron la fuerza de choque necesaria para asegurar la defensa de la plaza.

Aquella marcha forzada contribuiría decisivamente a forjar la leyenda de La Legión. El prestigio ganado durante el socorro de Melilla se consolidaría en los años siguientes en los campos de batalla de Marruecos, hasta alcanzar uno de sus momentos culminantes en el desembarco de Alhucemas.

Alhucemas, la operación decisiva

El 8 de septiembre de 1925 España llevó a cabo en la bahía de Alhucemas la primera acción militar anfibia de carácter conjunto y combinado de la historia. Fue el primer desembarco aeronaval exitoso realizado contra una costa fortificada y artillada en el que además participaron carros de combate.

La fuerza de desembarco, bajo el mando unificado del general Primo de Rivera, estaba compuesta por dos brigadas que actuarían de forma escalonada. La columna mandada por el general Leopoldo de Saro embarcó en Ceuta, mientras que la del general Emilio Fernández Pérez lo hizo en Melilla.

El Tercio figuraba entre las unidades llamadas a asumir las misiones más comprometidas de la operación. Las banderas embarcadas en Ceuta integraban la fuerza de vanguardia encargada de establecer y proteger la cabeza de playa, una misión tan arriesgada como decisiva para el éxito del desembarco.

Consolidada la cabeza de playa, los legionarios participaron en el avance hacia el interior, contribuyendo decisivamente al desarrollo de la operación. Con Alhucemas la guerra del Rif entraba en su fase final y, una vez más, Ceuta ocupaba un lugar central en una de las páginas más importantes de la historia militar de España.

Un vínculo permanente

Cuando en 1956 se concedió la independencia a Marruecos desapareció el Protectorado, cambiaron las fronteras administrativas y terminó una época. Sin embargo, la relación entre Ceuta y La Legión permaneció intacta. La ciudad continuó albergando unidades legionarias y mantuvo su condición de uno de los principales referentes históricos de La Legión.

Por eso, cuando se repasa la historia legionaria, resulta difícil escapar a una conclusión evidente. La identidad de La Legión se forjó entre el Cuartel del Rey, García Aldave, Dar Riffien y las lomas que rodean Ceuta.

Durante más de un siglo, la ciudad ha estado presente en algunos de los momentos fundamentales de la trayectoria legionaria, desde la organización inicial del Tercio y la instrucción de sus primeros voluntarios hasta la jura de bandera, el socorro de Melilla o el desembarco de Alhucemas.

Pocas ciudades españolas mantienen un vínculo tan estrecho con una unidad militar. En el caso de Ceuta y La Legión, ambas historias resultan inseparables.