La gesta de Fuentes Pila, el valiente artillero en el infierno de Kudia Tahar

La gesta de Fuentes Pila, el valiente artillero en el infierno de Kudia Tahar

Grandes gestas españolas

La gesta de Fuentes Pila, el valiente artillero en el infierno de Kudia Tahar

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En un jardín de la villa cántabra de Puente Viesgo se levantan dos esculturas: un pequeño busto y otra más hermosa con una inscripción: «La Madre Patria sosteniendo al ya fallecido teniente». Ambas preservan la memoria del Teniente Joaquín Fuentes Pila, joven artillero muerto en acto de servicio el 3 de septiembre de 1925. Su sacrificio, su valor y su extraordinaria competencia técnica durante la defensa de Kudia Tahar le valieron la más alta recompensa al heroísmo en el Ejército español: la Cruz Laureada de San Fernando.

Fuentes Pila

Fuentes Pilavamosacantabria.com

No fue el único condecorado. Nada menos que en Kudia Tahar se otorgaron nueve Cruces Laureadas y nueve Medallas Militares. Nunca antes, ni después, se concedieron tantas en España por una sola acción. Sin embargo, el tiempo acabó difuminando la llamada «Gesta de las Laureadas», encajonada entre dos hitos históricos tan poderosos como antagónicos: una derrota que aún duele, el Desastre de Annual, y una victoria deslumbrante, el Desembarco de Alhucemas.

El ataque a Kudia Tahar: la maniobra de Abd el Krim

El episodio de Kudia Tahar sucedió días antes del Desembarco. Para zanjar el dramático conflicto marroquí, España preparaba la operación que debía cambiar el curso de la guerra. La red de confidentes de Abd el Krim, líder rifeño tan hábil e inteligente como cruel, le informó de la inminencia del gran operativo. Por ello, fraguó un plan para intentar frenar el desembarco: atacaría una posición situada a apenas a ocho kilómetros de Tetuán. Con su caída podría tomar fácilmente la ciudad, capital del Protectorado español, y obligaría a España a acudir en su rescate. La posición era extremadamente vulnerable: rodeada de barrancos, con dificultades de comunicación con las posiciones próximas y, sobre todo, muy expuesta a las alturas de Dar Raid y Hafa del Duira, distantes apenas 1.500 metros. Por lo tanto, perfectas para bombardearla. Su nombre: Kudia Tahar.

Posición de Kudia Tahar

En la madrugada del 3 de septiembre de 1925, los rifeños lanzaban un ataque de 4.000 efectivos, mientras la kábila de Beni Hosmar, al mando de El Heriro, ex general del Raisuni, infiltraba partidas de guerreros para bloquear todas las vías de acceso con emboscadas y trincheras desde donde batir a las tropas españolas que acudieran en auxilio. La posición estaba defendida por 150 hombres de la 1.ª Compañía del Batallón Expedicionario del Regimiento Infante n.º 5, al mando del capitán Gómez Zaracibar, apoyado por una sección de Artillería dirigida por el teniente Mejón.

El asedio: 4.000 rifeños y un fuego devastador

Cuando quedaban solo cinco días para el Desembarco, a las 5 de la mañana, nueve piezas de artillería, morteros y ametralladoras comenzaban a bombardear Kudia Tahar. Destruían parte del muro, las tiendas de campaña, parte del polvorín y todas las piezas de artillería, menos una, quedaron inutilizadas. Murieron el teniente Mejón, y de los 20 artilleros, solo sobrevivieron dos. La capacidad de resistencia quedó gravemente mermada y el capitán Zaracibar encomendó al alférez Yagüe la misión de pedir auxilio a la posición de Nator.

Legionarios

Legionarios

“Todos para cada uno, y cada uno para los demás": la llegada del teniente Joaquín Fuentes Pila, una epopeya artillera

Así salía una columna de socorro hacia Kudia Tahar, y el joven oficial Fuentes Pila se enteró de la muerte de Mejón. Nadie se lo ordenó, ni le tocaba ir por turno, pero como reza el lema artillero: « Todos para cada uno, y cada uno para los demás» rápidamente se presentaba voluntario para hacerse cargo de la batería. Nacido en Santander en 1896, tenía una apostura cinematográfica e intelectual, culto, poeta, dibujante, músico y pintor. Pese a la gran posición comercial de su familia su patriotismo le llevó a consagrar su vida a la milicia y a la defensa de España y con 22 años ingresaba en la Academia de Artillería de Segovia. Ya teniente en 1923 fue destinado al Regimiento de Artillería de Montaña en La Coruña y después al de Vitoria. Posteriormente llegaría a la Comandancia de Artillería de Ceuta, donde participó —siempre como voluntario— en varios combates donde demostró su arrojo. Sus jefes tenían tal concepto de su valor, que siempre que había que llevar un convoy difícil se lo encomendaban a él, pues tenían la seguridad de que había de llegar a su destino.

Fuentes Pila

Fuentes Pila

Decían que «Era un creyente sincero, y sus entusiasmos y devociones las compartían la Religión, la Patria y el Rey»

«El que quiera, que me siga»: la marcha hacia la posición

Fuentes Pila tomó voluntariamente el mando del equipo artillero. Avanzaron protegidos por una columna de cien hombres. Al llegar al Collado de Vázquez, el avance se volvió casi imposible: el enemigo había cortado el camino y estaba perfectamente parapetado, incluso ya en los blocaos españoles que habían sido tomados aquella misma mañana. Ante la dificultad, el jefe de la columna recibió orden de desistir y replegarse. Fue entonces cuando cuentan que el teniente Fuentes Pila arengó a sus hombres con una frase propia de conquistadores, no en vano era muy admirador de las viejas glorias españolas.: «El que quiera, que me siga».

'Voluntarios para morir'

'Voluntarios para morir'Ferrer-Dalmau

Sabía que su misión era más importante que llegar: restablecer la capacidad operativa de la posición al borde del colapso. Con valor temerario, bajo fuego constante, logró alcanzar la posición, aunque perdía a doce de sus artilleros.

Al llegar, fue recorriendo las trincheras animando a los defensores diciéndoles que pronto llegarían los refuerzos y aunque la única pieza artillera que encontró estaba dañada, tendría que hacerla utilizable. Sin vacilar, se dispuso a repararla con sus propias manos, consciente de que de ella dependía la supervivencia de la posición. Bajo el acoso de las baterías rifeñas, logró ponerla en funcionamiento y mantener el fuego, sosteniendo la defensa. El enemigo con sus piezas de mayor calibre concentraba una y otra vez sus impactos sobre él. Dos proyectiles alcanzaron su cañón y lo hirieron gravemente, pero el teniente se negó a abandonar su puesto y volvió a repararlo por segunda vez. Finalmente, un tercer impacto le seccionó ambas piernas y le causó la muerte instantánea.

Pieza utilizada por Fuentes Pila

Pieza utilizada por Fuentes Pila

La situación se complica

Las horas y los días pasaban, y la situación en Kudia Tahar se complicó aún más con la muerte del capitán Gómez Zaracíbar. Los rifeños arengaban buscando quebrar la moral de los sitiados: «¡Entregaos! ¡Si os rendís, respetaremos vuestras vidas!». Nadie les creía después de la matanza traicionera de Arriut, sangrienta traición donde las haya. Pero sí fue inquietante el «!Hemos entrado en Tetuán!».

Las acciones heroicas se sucedían y el valor de los hombres alcanzaba cotas casi sobrehumanas. El Heriro no entendía como podían resistir. A través del heliógrafo, un espejo que enviaba señales en código Morse, pedían municiones, víveres, medicamentos y sobre todo agua, que ya escaseaba dramáticamente. La aviación española lanzaba con arrojo suministros desde el aire y agua en forma de hielo, y atacaba las líneas rifeñas, pero el cerco no cedía.

La posición, exhausta, resistía ya únicamente por la voluntad de sus hombres. Los rifeños seguían presionando desde las alturas y mantenían cerradas todas las vías de acceso. Cada vez eran más, y estaban decididos a aniquilarles.

Columnas liberadoras de Kudia Tahar

Columnas liberadoras de Kudia Tahar

Se oyen ecos de fusilería

Cualquier análisis táctico habría dictaminado que esa mañana la caída de la posición era inminente. Y cuando vivían el momento más crítico del asedio mientras enterraban a sus muertos entre el parapeto y la alambrada para mitigar el hedor de la descomposición, comenzaron a escucharse, en la distancia, ecos de fusilería. No pertenecían al enemigo. Eran los legionarios: la fuerza concebida, desde su creación, para lo extremo. Y es que Primo de Rivera y sus mandos sabían que la situación era extrema. Si Kudia Tahar caía, asolarían Tetuán, la capital del Protectorado. Era imprescindible actuar con rapidez y contundencia por lo que se enviaron unidades de élite del Ejército español —dos Banderas de La Legión y un tabor de Regulares— que estaban ya preparadas para participar en el Desembarco de Alhucemas. El dictador confiaba tanto en su capacidad de choque que no detuvo ni por un instante los planes de la operación aeronaval.

Primo de Rivera

Primo de Rivera

Las II y III Banderas, veteranas de los combates más duros del Rif, emprendieron la marcha hacia Kudia Tahar en una auténtica carrera contrarreloj. La columna se abría paso por el terreno diseñado para quebrar cualquier intento de socorro. El enemigo dominaba las alturas, y los rifeños, atrincherados en los barrancos, y en posiciones tomadas horas antes, ofrecieron una resistencia feroz con un continuo fuego cruzado hostigando sin descanso, decididas a impedir que alcanzaran Kudia Tahar.

Los legionarios seguían adelante sin detenerse. Su avance bajo un castigo constante, fue una secuencia de embestidas violentas, conscientes de que la supervivencia de los defensores dependía de cada metro ganado. La espectacular fuerza de choque de La Legión era capaz de resolver situaciones límite. Poseían la energía y la ferocidad necesarias para sacar a los bereberes de sus escondrijos y trincheras —al arma blanca si era preciso—.

Recorte de prensa sobre Kudia Tahar

La presión legionaria, metódica y continua, comenzó a abrir grietas: primero cayó un blocao, luego otro, hasta que finalmente se abrió un corredor estrecho, casi suicida, por el que los hombres de las Banderas alcanzaron las alturas y rompieron definitivamente el asedio que llevaba días estrangulando Kudia Tahar. No solo entraron: barrieron las inmediaciones, consolidaron el perímetro y aseguraron el acceso para que llegaran más refuerzos. Los fieros rifeños, que ya habían aprendido a distinguir a la Legión en medio de las fuerzas españolas, huyeron dejando cientos de cadáveres.

Al ver a La Legión, comprendieron que estaban salvados

La escena que encontraron los legionarios fue sobrecogedora: cadáveres, las piezas artilleras destruidas, tiendas hechas jirones, y apenas un puñado de supervivientes. Hombres, que habían sostenido la posición con un heroísmo que desbordaba cualquier manual militar. Cuesta imaginar lo que sentían agotados, cubiertos de polvo y sangre, con los uniformes rasgados y los ojos hundidos por la sed al ver a La Legión y comprender que la salvación había llegado. Era el 13 de septiembre, segundo aniversario del Directorio Militar.

No solo se salvó la vida de los defensores: se evitó la caída de Tetuán, se frustró la maniobra de Abd el-Krim de frenar el Desembarco de Alhucemas y continuó sin alteraciones la primera operación aeronaval de la historia militar del mundo.

Liberación de Kudia Tahar

La «Gesta de las Laureadas»

La magnitud de lo ocurrido en Kudia Tahar fue muy reconocida. Con la de Fuentes Pila, el artillero que fue ascendido a Capitán, se concedieron nueve Cruces Laureadas de San Fernando y nueve Medallas Militares: García Zaracíbar, Sevillano Cousillas, Muntané Cirici, el aviador Nombela Tomasich, Ascoz Cabañero, Rodrigo Martínez, los legionarios Martínez Anglada y García Escámez. El cuerpo desmembrado de Fuentes Pila fue recogido y entregado a su hermano junto a sus efectos personales y sus dos pistolas Star, que fueron conservadas en la familia como recuerdo. Por ellas, años después, la II República acusaría su padre de tenencia ilícita de armas.

Liberación de Kudia Tahar

La conducta de Fuentes Pila en Kudia Tahar se convirtió en paradigma para generaciones de artilleros. Su Laureada no solo premió el valor y la entrega absoluta al deber, sino también la excelencia técnica, la capacidad de mantener operativa una pieza artillera en condiciones extremas. Su encadenamiento de acciones —reparar, disparar, volver a reparar, resistir y morir por ello— constituye una de las gestas más singulares de la Artillería española. Y así lo recuerda su pequeño busto y la escultura en la que le ampara La Madre Patria, guardiana silenciosa de la memoria de un hombre que demostró que por patriotismo el deber de la ciencia militar puede sostenerse hasta el límite de la vida.

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