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La verdad sobre la cabeza del pulpo: desperdicio o delicia gastronómica

Lo primero en lo que nos fijamos del pulpo es en sus tentáculos ya que suelen ser la parte más consumida

El pulpo es uno de los grandes protagonistas de la gastronomía gallega, pues es uno de los mariscos más apreciados. Protagonista de platos tan emblemáticos como el pulpo á feira que consiste en cocerlo hasta alcanzar una textura tierna y servirlo en rodajas sobre una tabla de madera, aderezado con aceite de oliva, sal gruesa y pimentón.

Esta receta, tradicionalmente asociada a ferias y romerías, es una de las expresiones más auténticas de la cocina gallega, donde la sencillez de los ingredientes realza el sabor del producto.

Sin embargo, a la hora de prepararlo, surgen dudas sobre si todas sus partes son comestibles. Una de las preguntas más frecuentes es: ¿se puede comer la cabeza del pulpo?

Desperdicio o delicia gastronómica

Cuando compramos pulpo en la pescadería o en el supermercado, lo primero en lo que nos fijamos son sus tentáculos, ya que suelen ser la parte más consumida.

La cabeza, en cambio, es muchas veces desechada bajo la idea de que no es apta para el consumo. Sin embargo, no hay ninguna razón culinaria o de seguridad alimentaria que justifique este desperdicio.

La cabeza del pulpo presenta una textura algo más gelatinosa que los tentáculos, lo que puede llevar a algunos a descartarla. Sin embargo, su sabor es igual de delicioso, por lo que la principal razón para no consumirla suele ser únicamente su apariencia.

Aunque en la mayoría de los restaurantes no se suele servir junto al resto del pulpo, en muchas casas gallegas sigue formando parte de la receta tradicional, ya sea en el pulpo a la gallega o en el pulpo á feira.

Recetas más allá de 'a la gallega'

Existen diferentes formas de cocinar la cabeza del pulpo las cuales permiten suavizar su textura sin perder su sabor tan característico.

Eso sí, antes de cocinarla, es fundamental limpiarla adecuadamente. El proceso es sencillo: primero, se debe lavar con abundante agua fría para retirar restos de tinta y posibles impurezas. Luego, con unas tijeras o a mano, se eliminan la bolsa de tinta, los ojos y el pico. Finalmente, se enjuaga nuevamente para asegurarse de que esté completamente limpia y lista para cocinar.

Una opción son las croquetas de pulpo, en las que, al combinarse con bechamel y ser rebozada, su textura se integra perfectamente. También se puede utilizar en empanadas, canelones o raviolis, donde al picarse finamente y mezclarse con otros ingredientes, se convierte en un delicioso relleno.

Otra alternativa es incorporarla en arroces y guisos, como el pulpo a la mugardesa o un arroz caldoso con pulpo. Además, en el salpicón de marisco junto con otros con los que combine su sabor o crema de pulpo.

En una época en la que la cocina de aprovechamiento está cobrando cada vez más protagonismo, tirar la cabeza del pulpo es un desperdicio innecesario. No solo es comestible, sino que también es versátil y deliciosa.

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