Un tren, apeado en la estación de La Coruña
La dificultad de llegar a tiempo viajando en tren por Galicia: «Hoy apuesto a que iremos 45 minutos tarde»
Los retrasos en trayectos cortos afectan a los usuarios que no pueden conocer la hora a la que su tren llegará esta vez
El viaje entre Galicia y otros lugares de España como Madrid, suele estar lleno de incertidumbre. Este asunto, largamente tratado en prensa y minusvalorado por el Ministerio de Transportes, no es el que hoy trataremos. En este caso, el tema serán los miles de viajes diarios que ciudadanos gallegos hacen a diario entre ciudades por motivos, principalmente, laborales o estudiantiles.
Muchos son los que viven en ciudades como La Coruña y estudian a diario en Santiago de Compostela o, viven en Santiago y trabajan, por ejemplo, en Vigo. Si bien los trayectos son cortos –uno puede llegar hoy en día de La Coruña a Santiago en media hora– es difícil poder precisar si tu tren, esta vez, llegará a tiempo.
Es fácil observar en varios de esos trayectos como los retrasos son algo recurrente y los parones parte de la rutina de los usuarios de Renfe. Este miércoles, el tren que partía de Santiago a las tres de la tarde llegó a La Coruña, aproximadamente, a las cuatro menos diez. Aunque el retraso no parece de gravedad, es importante tener en cuenta que se trata de una demora de veinte minutos en un trayecto de treinta.
El tren se detuvo a unos metros de la estación coruñesa. Se paró y se apagó completamente. El zumbido típico del transporte dejó de sonar y los pasajeros permanecieron en sus asientos, resignados. Los comentarios no tardaron en aparecer. Una joven dijo a sus compañeros: «¿Cuánto os apostáis a que llegamos 45 minutos más tarde?». La respuesta fue rápida: «Por lo menos». A su llegada les esperaba alguien que iba a recogerles que les preguntó –que ya dice mucho del servicio– si hoy llegarían a tiempo.
Mientras, un trabajador agobiado corría de un lado a otro con la tarjeta de Renfe colgada en el cuello y sin aparente solución. Eso sí, por megafonía los pasajeros no recibieron ningún aviso. No sabían si era una avería o se trataba de otra razón.
Otra mujer, visiblemente enfadada y aparentemente menos asidua al uso de este transporte, se alarmó considerablemente al ver que el tren, no sólo no avanzaba, sino que retrocedía. «¿Pero este no paraba en la Estación de La Coruña?», preguntó. Otros pasajeros la tranquilizaron con un: «Sí, sí. Parar para».
Finalmente, y tras los veinte minutos de retraso anteriormente mencionados, el tren se puso en marcha dejando a los pasajeros en la estación. Quizá al día siguiente, pensaron, lleguemos a tiempo.