Estudiantes y padres acampan, algunos des de las tres de la madrugada, para conseguir un piso de alquiler en Santiago
Colas desde la madrugada para conseguir casa en Santiago: «Vimos pisos que no tenían ni puerta en el baño»
Aunque el número de estudiantes de grado de la Universidad de Santiago (USC) se ha reducido casi a la mitad en las últimas décadas, según las estadísticas, el problema de la vivienda sigue siendo palpable
La falta de vivienda en alquiler es un problema extendido en Galicia. En Santiago, con la llegada de los universitarios, se recrudece la dificultad para encontrar un espacio.
Por ello, esta semana se han podido ver colas de jóvenes que esperaban desde la madrugada a que las inmobiliarias abriesen. Son estampas cada vez más frecuentes al inicio del mes de julio en Compostela.
El cierre del curso universitario, que suele traer consigo la extinción de los contratos de temporada que rigen los alquileres de los estudiantes, lleva a que multitud de personas se concentren ante las puertas de las varias inmobiliarias que en la ciudad asignan el acceso a la bolsa de pisos en alquiler en función del orden de llegada al establecimiento.
Aunque el número de estudiantes de grado de la Universidad de Santiago (USC) se ha reducido casi a la mitad en las últimas décadas, según las estadísticas, el problema sigue siendo palpable.
Mucha demanda y poca oferta
«Muchas de las viviendas ya no llegan a salir al mercado», explica a EFE Vicente Martínez, vicesecretario de la Asociación Gallega de Inmobiliarias (Agalin), e indica que los jóvenes se comunican entre sí para repartirse las habitaciones vacías o los pisos que abandonan.
Jóvenes esperando que abra la inmobiliaria
No obstante, Martínez precisa que «es raro que los que están ya instalados busquen vivienda» y expone que son los que llegan por primera vez a la ciudad, Erasmus o debutantes, los que cuentan con más dificultades para hacerse con un piso.
El directivo de Agalin señala que el precio medio de una habitación en el Ensanche, la zona más demandada por su proximidad a uno de los campus universitarios y su ubicación céntrica, puede rondar los 300 euros mensuales, una cifra que considera «aceptable».
De este modo, una vivienda completa con tres habitaciones en la zona tiene un coste aproximado de entre 800 y 900 euros.
Pisos sin reformar
La necesidad de disponer de alternativas más asequibles provoca también que muchas de las viviendas a las que acceden los universitarios presenten defectos notables. Humedades, muebles antiguos, falta de luz o enseres de menor calidad son deficiencias habituales en unos pisos que, aún así, permanecen escasas horas en el mercado por la elevadísima demanda.
«Nos han llegado a enseñar pisos que eran auténticas barbaridades», dice a EFE Yoha Romero, estudiante de Economía en la USC, que relata anécdotas que incluyen baños sin puertas o retretes donde es imposible sentarse por la falta de espacio.
Todo ello, lamenta, a unos «precios altísimos para lo que se ofrece», lo que provoca que aquellos que encuentran viviendas en buenas condiciones no las liberen. «Todo lo que sale a mercado lo hace en malas condiciones», remarca Romero, que está en búsqueda de un piso junto a dos compañeros más.