Escalinata que hay que subir corriendo para evitar la mala suerte en el amor
Así es la escalinata en Galicia que debes subir corriendo para evitar la mala suerte en el amor
Está formada por 46 peldaños construidos en granito en el siglo XVIII, integrados en uno de los arcos del antiguo puente medieval que cruzaba el río Miño
El Camino de Santiago es una experiencia que trasciende lo meramente religioso o cultural. Cada ruta jacobea, ya sea el Camino Francés, el Primitivo, el del Norte o la Vía de la Plata, está plagada de curiosidades, tradiciones y rincones cargados de historia que despiertan la atención de miles de peregrinos cada año.
No solo se trata de recorrer kilómetros hasta llegar a la tumba del Apóstol en Compostela, sino de descubrir en el trayecto esos pequeños detalles que convierten la ruta en un viaje inolvidable, como es el caso de estas escalinatas que se convierte en un auténtico reto para aquellos que quieran seguir disfrutando del amor.
Así es este acceso tan peculiar
Uno de esos rincones singulares lo encontramos en Portomarín, en la provincia de Lugo. Allí, la entrada al casco urbano está marcada por una construcción que no deja indiferente a nadie: la escalinata de granito que conduce a la Capilla de Nuestra Señora de las Nieves. Este acceso está cargado de historia y de leyendas y se ha convertido en uno de los símbolos más reconocibles de la villa gallega.
La escalinata de Portomarín no es una escalera cualquiera. Está formada por 46 peldaños construidos en granito en el siglo XVIII, integrados en uno de los arcos del antiguo puente medieval que cruzaba el río Miño.
Escalinata Portomarín
En lo alto de la escalinata se encuentra la Capilla de Nuestra Señora de las Nieves, una pequeña construcción de nave única que fue levantada en la misma época. La capilla ocupa el lugar donde antiguamente se situaba un hospital destinado a atender a peregrinos y caminantes.
Desde la cima de las escaleras, el visitante puede contemplar unas vistas privilegiadas del embalse de Belesar, que en la década de 1960 anegó el viejo Portomarín y obligó a trasladar piedra a piedra sus principales monumentos al emplazamiento actual.
La leyenda: amor o mala suerte
Si bien la escalinata tiene un evidente interés arquitectónico y patrimonial, lo que más atrae la curiosidad de los peregrinos es la leyenda que la rodea.
Según la tradición popular, quien se detiene a descansar en mitad de los peldaños está condenado a sufrir mala suerte en el amor. Por el contrario, aquellos que se atreven a subir los 46 escalones corriendo tienen la promesa de encontrar al amor de su vida.
Por si acaso, muchos peregrinos que llegan a Portomarín prefieren no tentar a la suerte: algunos suben la escalinata a toda prisa entre risas para esquivar la supuesta maldición, mientras que otros inmortalizan el reto en vídeo y lo comparten en Internet, convirtiendo la leyenda en todo un fenómeno viral.
Más allá de la superstición, lo cierto es que subir la escalinata sin detenerse es todo un desafío, especialmente para quienes llegan desde Sarria tras una jornada intensa de caminata.
Portomarín, un pueblo con historia
Portomarín no es solo una parada obligada en el Camino Francés, sino también un ejemplo de resiliencia histórica. El pueblo que vemos hoy en lo alto de la ladera es en realidad el 'nuevo Portomarín', reconstruido tras el traslado de sus monumentos cuando el viejo casco urbano quedó sumergido bajo las aguas del Miño en los años sesenta.
Iglesias como la de San Nicolás o la de San Pedro fueron desmontadas piedra a piedra y recolocadas en su actual emplazamiento, un proceso que hoy se considera una hazaña arquitectónica.
Iglesia de San Nicolás
La villa recibe cada año a miles de peregrinos que finalizan aquí la primera etapa desde Sarria. Sus calles empedradas, su plaza mayor y su patrimonio religioso la convierten en un lugar cargado de encanto.
Ya sea para evitar la mala suerte o para atraer el amor, pocos resisten la tentación de subir sus escalones con una sonrisa. Al fin y al cabo, más allá de supersticiones y leyendas, la escalinata de Portomarín se ha convertido en un símbolo del Camino de Santiago.