Noya
El pintoresco enclave de Galicia donde nació Javier Rey: una villa marinera con alma medieval
El afamado actor español presume de sus orígenes siempre que tiene ocasión. Sueña con poder regresar algún día de forma definitiva a su querida tierra natal
Si a Javier Rey (45 años) le hubieran dicho cuando era joven que dedicaría su vida al mundo de la pequeña y gran pantalla, no se lo hubiera creído. Siempre soñó con ser ciclista profesional, pero un inesperado curso de interpretación cambió su rumbo vital y no dudó en hacer las maletas para mudarse a Madrid. Un paso valiente del que, a juzgar por su exitosa trayectoria, no se arrepiente en absoluto, ya que hoy es uno de los intérpretes más reconocidos y valorados de la profesión en España. El camino no resultó nada fácil; el sacrificio implicó dejar atrás a su familia y a su querida tierra natal: Noya.
Se trata de uno de los pueblos más bonitos de Galicia. Estratégicamente ubicada en el extremo interior de la ría de Muros y Noya, la villa delimita el margen oriental de la misma. Sus orígenes se remontan a la época romana aunque su florecimiento fue en la Edad Media gracias a que se convirtió en un importante puerto comercial por su estratégica localización en la costa atlántica.
Noya
Noya, una tierra de leyendas
El casco histórico del municipio de Javier Rey está lleno de huellas de su pasado señorial. Repleto de calles empedradas y plazas con historia, como Tapal, el centro neurálgico de la vida noyesa. Situada en la parte alta, este rinconcito antaño fue una auténtica fortaleza. En ella se erige una de las joyas de Noya: la iglesia de San Martiño, declarada Bien de Interés Cultural. Un ejemplo del estilo gótico gallego. Caracterizada por tener una única nave y capilla mayor poligonal, además de un rosetón rodeado por cuatro ángeles, testigos del crucero gótico aledaño. Como curiosidad, se dice que su torre está maldita. La rumorología apunta a que un maestro cantero perdió la vida intentando acabarla. Posteriormente, el director Claudio Guerín se cayó desde lo alto grabando la película La campana del infierno.
Noya
No es la única leyenda que entraña Noya. La principal es que se dice que la villa fue fundada por Noé. El escudo del municipio da buena cuenta de ello, pues tiene una paloma sosteniendo una rama de olivo sobre el Arca de Noé, flotando sobre las aguas del diluvio.
La mayor colección de laudas gremiales
Conocida como la 'pequeña Compostela' por su rica arquitectura gótica y su relación con la capital de Galicia, Noya está bañada por la ría y por la desembocadura del río Tambre. Esta villa marinera todavía tiene en el mar una actividad importante. Los arcos bajo los edificios de piedra son un buen ejemplo de la Noya marinera. En sus soportales, los hombres arreglaban antiguamente los aparejos de pesca.
El municipio de Javier Rey concentra, en el interior de la Iglesia de Santa María la Nueva, la mayor colección de laudas gremiales. Unos sepulcros, distinguidos con símbolos de oficios como carpinteros, sastres y carniceros, además de motivos heráldicos, que continúan en el exterior, en la parte del cementerio. El conjunto de la iglesia fue declarado Monumento Histórico-Artístico Nacional en 1973.
Javier Rey tuvo una infancia soñada en Noya. A buen seguro que pasó largas horas en la Alameda y los jardines de Felipe de Castro, el artista que fue escultor real en tiempos de Fernando VI. También ocupó el cargo de director de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. En esta preciosa zona, se encuentra la casa del Ayuntamiento, caracterizada por una torre neogótica.
Noya
El edificio del Casino es otro de los históricos de Noya. Se trata de una obra realizada por Pepe da Agulla en 1928 que hoy es sede de innumerables actividades culturales. Además cuenta con varios pazos destacados, como Pena de Ouro.
El berberecho, el tesoro gastronómico de Noya
Las delicias gallegas están muy presentes en Noya, pero si por algo destaca esta villa es por sus berberechos. Este bivalvo es el principal recurso económico que se explota en los arenales (como la desembocadura del río Tambre) por un colectivo de mariscadoras (en su mayoría mujeres), que siembran y cosechan con métodos completamente artesanales y sostenibles. La almeja es, por supuesto, otro de los productos del mar destacados de la zona.
No hay que olvidarse de su exquisita empanada, que se elabora con masa de maíz o de trigo. La diferencia clave con el resto de esta comida gallega es que, tradicionalmente, a la de trigo se le da la vuelta en el horno durante la cocción para que se dore uniformemente por ambos lados y la masa quede crujiente.