El puente más emblemático de Galicia
El puente más emblemático de Galicia: así revolucionó la conexión entre norte y sur
Con una longitud superior al kilómetro y medio, este puente se ha consolidado como un emblema del avance ferroviario
Galicia es un territorio que sorprende más allá de sus postales de mar y montaña. A su patrimonio natural, su gastronomía y su enorme riqueza cultural se suma un conjunto de obras de ingeniería que, silenciosamente, transforman la movilidad y el paisaje sin perder de vista la sostenibilidad. En la provincia de Pontevedra, especialmente, se concentran algunas de las infraestructuras más ambiciosas de la comunidad: viaductos que cruzan valles, carreteras que abrazan la costa y estructuras que han requerido soluciones técnicas pioneras.
Entre estas obras destaca una que, por sus dimensiones, su capacidad transformadora y su integración en un entorno de alto valor ecológico, se ha convertido en uno de los mayores hitos de la ingeniería contemporánea en Galicia. Con una longitud superior al kilómetro y medio y una altura que permite dominar el curso del río que atraviesa, este puente se ha consolidado como un emblema del avance ferroviario en el noroeste peninsular. Su presencia no solo ha cambiado la forma de desplazarse, sino que también ha supuesto un desafío técnico sin precedentes en la comunidad.
Uno de los puentes más grandes
Se trata del Viaducto del río Ulla, ubicado en el municipio pontevedrés de Catoira y compartido territorialmente con Rianxo, ya en la provincia de A Coruña. Esta estructura, con 1.620 metros de longitud, es el puente más largo de Galicia y uno de los más extensos del país. Su tablero se eleva 60 metros sobre el nivel del río, sostenido por once pilares que permiten salvar el cauce sin apenas alterar el entorno natural.
El viaducto forma parte del Eje Atlántico de Alta Velocidad, uno de los proyectos ferroviarios más relevantes de las últimas décadas en la comunidad. Por su complejidad técnica y su magnitud, se ha consolidado como la obra más emblemática del trazado ferroviario que conecta las principales ciudades gallegas.
La magnitud de esta infraestructura queda reflejada en sus cifras: más de 20.000 toneladas de acero, un vano central de 240 metros, récord mundial para un tablero mixto hormigón-acero, y una anchura de 14 metros para permitir la circulación de doble vía ferroviaria. La obra fue inaugurada en 2015 tras un proceso de construcción que obligó a diseñar soluciones inéditas en España.
Según el Ministerio de Transportes y Movilidad Sostenible, el sistema de control de ejecución de la estructura metálica fue «pionero hasta la fecha» debido a la complejidad de las piezas, algunas de hasta 17,5 metros de canto. Además, se aplicó un método constructivo orientado a minimizar el impacto en el cauce del Ulla**, una prioridad al tratarse de un área de gran valor ecológico dentro del entorno de la ría de Arousa.
El resultado fue tan sobresaliente que el viaducto recibió el Premio San Telmo 2015, otorgado por el Colegio de Ingenieros de Caminos de Galicia. Asimismo, fue finalista en el Outstanding Structure Award 2016, uno de los reconocimientos internacionales más prestigiosos en el ámbito de la ingeniería estructural.
Conexión entre el norte y el sur
La relación entre ambas orillas del Ulla no se entiende únicamente desde el presente ferroviario. Décadas antes, en 1979, Catoira y Rianxo protagonizaron un momento decisivo con la inauguración de un puente de carretera que eliminó un rodeo histórico de 23 kilómetros, al que se veía obligado cualquiera que quisiera cruzar entre ambas comarcas. Diseñado por el ingeniero Luciano Yordi de Carricarte, sus 987 metros supusieron un salto adelante en la vertebración del territorio.
Esa infraestructura, a la que en 2004 se añadió una pasarela de madera durante su rehabilitación, reforzó la conexión entre Barbanza y O Salnés, una importancia que hoy se mantiene intacta.
El gran viaducto ferroviario de Catoira no es solo una obra espectacular en lo técnico. Es, sobre todo, una pieza clave en la movilidad del norte y sur de Galicia, una demostración de cómo la ingeniería puede convivir con un entorno frágil y un símbolo del avance de las comunicaciones en un territorio marcado históricamente por la dispersión y las barreras naturales.