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Burela, el antiguo reino de los balleneros: tras las huellas de la caza que forjó el carácter de la Mariña lucense

Un viaje desde las expediciones de los antiguos arponeros hasta el actual reinado del bonito del norte

Mucho antes de convertirse en la capital mundial del bonito del norte, las aguas de Burela fueron el escenario de una historia mucho más antigua y sangrienta: la caza de la ballena. Entre los siglos XXIV y XVII, este municipio de Lugo fue el reino de los balleneros cuando matar a este cetáceo aún no estaba prohibido.

Esta actividad, que durante años fue el epicentro de su economía, impregna todavía cada rincón de la villa y sigue moldeando el carácter resiliente y marinero de la gente de la Mariña lucense. Como prueba es que los ingresos en el puerto burelense entre los años 1641 y 1661 llegaron a representar el 75 % de la economía local.

La caza fue tan incesante que los grandes cetáceos prácticamente desaparecieron de la costa, obligando a Burela a redefinir su economía hacia la pesca del bonito del norte. Hoy es uno de los puertos boniteros de Europa más importantes, tanto por el volumen de descargas como por facturación. También se pesca jurel, merluza de pincho, caballa, o pulpo.

Esa metamorfosis marinera queda perfectamente retratada en el Barco Museo Bonitero «Reina del Carmen», una joya del patrimonio flotante que hoy permite al visitante navegar por la historia y el esfuerzo de todo un pueblo por reiventarse.

Este pesquero real de madera salvado del desguace, reconvertido hoy en museo flotante, se encuentra amarrado de forma permanente en el puerto de Burela tras décadas de faena en alta mar. A bordo de la embarcación, los visitantes pueden conocer de primera mano la vida de los hombres del mar. El Museo Etnográfico de la Cultura Marinera, premiado como Centro Azul de Educación Ambiental y desde 2010 en la Asociación Estatal de Museos del Mar.

Otros lugares de interés

Más allá del puerto, Burela es mucho más que una villa marinera. Uno de los lugares imprescindibles es la iglesia de Villa del Medio, que cuenta con unos preciosos murales góticos, además de los restos arqueológicos de su castro.

El mirador de Monte Castelo es otro de los imprescindibles. Desde lo alto de este lugar, anclado en mitad de la naturaleza, se puede otear todo Burela. La visita no puede terminarse sin sentarse a la mesa de algunos de sus restaurantes en cuyas cartas no faltan los platos protagonizados por el pescado y el marisco.

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