Catedral de Santiago

Catedral de Santiago

Cuando los tejados de la Catedral de Santiago se convirtieron en hogar de una familia y sus gallinas

Esta es una de esas curiosidades que sorprenden incluso a quienes creen conocerlo todo sobre la basílica del Apóstol

Hubo un tiempo en que la Catedral de Santiago no solo custodiaba reliquias, símbolos y siglos de fe, sino también escenas que hoy rozan lo increíble.

Durante buena parte del siglo XX, el tejado de la Catedral de Santiago fue un lugar habitado. Allí, entre campanas, almenas y cubiertas de piedra, se desarrolló una vida cotidiana tan extraordinaria como desconocida para muchos.

Una casa en los tejados del templo

El protagonista de esta historia es Ricardo Fandiño Lage, considerado el último campanero que residió en la Catedral de Santiago. Entre 1942 y 1962 vivió junto a su esposa y sus tres hijos en una pequeña vivienda levantada sobre el tejado del templo, junto a la torre sur, conocida como la torre de las campanas.

Se trataba de una casa modesta, dotada únicamente de las estancias básicas: cocina, comedor y dos habitaciones, adaptadas a las singulares condiciones de un hogar situado en lo alto del templo.

Sastre de oficio y natural de Sobrado de los Monjes, anotó meticulosamente cada detalle de su vida desde que comenzó a trabajar en la catedral con apenas 28 años. Gracias a sus escritos hoy se puede reconstruir cómo era el día a día del campanero y su familia.

Pero no estaban solos. En el tejado también vivían gallinas y un gallo, alojados en un gallinero instalado en una nave lateral elevada sobre el claustro. Las aves se paseaban por las cubiertas con total naturalidad y proporcionaban huevos. El canto del gallo al amanecer llegó a ser tan conocido como el propio campanero.

El trabajo de Ricardo Fandiño no se limitaba a tocar las campanas para llamar a misa. En los años santos, cada repique tenía un valor añadido, y así quedó registrado en sus notas. Además, formaba parte del reducido grupo de tiraboleiros encargados de hacer volar el botafumeiro, un ritual que aún hoy se puede disfrutar en la Catedral.

Además de campanero, Fandiño continuó ejerciendo como sastre desde su propia vivienda en la catedral, cosiendo tanto para civiles como para miembros del clero.

Con las reformas de los tejados a comienzos de los años sesenta, la familia abandonó definitivamente la vivienda y se trasladó a otro barrio de la ciudad. Desde entonces, nadie ha vuelto a vivir en las torres de la catedral. El oficio de campanero residente desapareció y con él una forma de vida que hoy resulta impensable.

La Catedral de Santiago sigue siendo un lugar de símbolos, reliquias y grandes relatos históricos. Pero entre sus piedras también se esconden historias humanas, pequeñas y extraordinarias, como la de una familia que crió gallinas sobre el templo, escuchó cantar a un gallo desde las alturas y vivió durante veinte años en el tejado más famoso de Galicia.

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