El castillo que vigila la Ribeira Sacra desde hace siete siglos: una fortaleza clave de la historia medieval gallegaTurismo de Galicia

El castillo que vigila la Ribeira Sacra desde hace siete siglos: una fortaleza que dominó la Galicia medieval

Un lugar que debes visitar este invierno en Galicia debido a la baja afluencia de visitantes

Galicia es una tierra salpicada de fortalezas. Desde las torres costeras que defendían las rías de ataques corsarios hasta los castillos del interior levantados para controlar caminos, tierras y vasallos, el paisaje gallego está marcado por la piedra y la historia.

El castillo de Sotomayor, el de Monterrey o las murallas de Lugo, son solo algunos ejemplos de un patrimonio defensivo que explica siglos de conflictos, alianzas nobiliarias y luchas por el poder.

El invierno es, además, una de las mejores épocas para descubrir estos monumentos. La afluencia de visitantes es menor, la atmósfera se vuelve más auténtica y los paisajes adquieren una belleza sobria y poderosa.

Escenario de la revuelta irmandiña

Entre los castillos de Galicia, hay una fortaleza que sobresale por su ubicación, su historia y el paisaje que la envuelve: el Castillo de Castro Caldelas, en plena Ribeira Sacra.

Erigido en lo alto de la colina estratégica conocida como Cima de Vila, se alza el monumento más emblemático de Castro Caldelas.

Construido en el siglo XIV por Pedro Fernández de Castro, entre 1336 y 1343, el castillo nació como una pieza clave en el control del territorio de Tierra de Caldelas. Su emplazamiento no fue casual, ya que desde aquí se dominaban las rutas de comunicación del interior gallego y se vigilaban unas tierras disputadas durante siglos por la nobleza.

Declarado Monumento Histórico-Artístico en 1949, el castillo fue testigo de algunos de los episodios más decisivos de la Edad Media gallega. Entre ellos destaca la Revuelta Irmandiña, cuando campesinos y burgueses se alzaron contra los abusos señoriales. La fortaleza fue tomada y parcialmente destruida entre 1467 y 1469, convirtiéndose en símbolo de aquel movimiento popular que sacudió Galicia. Tras sofocar la revuelta, los señores feudales ordenaron su reconstrucción, devolviéndole su papel dominante en la comarca.

Arquitectura militar adaptada al terreno

El Castillo de Castro Caldelas presenta una planta poligonal irregular, perfectamente adaptada a la orografía del terreno. De la construcción original se conservan buena parte de las murallas, tres torres, el patio de armas y la antigua casa del administrador, aunque el foso que rodeaba el recinto desapareció con el paso del tiempo.

Uno de los elementos más llamativos es la presencia de numerosos escudos heráldicos incrustados en los muros. Estos símbolos revelan las distintas manos por las que pasó la fortaleza: los Osorio, representados por dos lobos; los Castro, identificados por sus característicos roeles; el Reino de León, con su león rampante; y el Reino de Castilla, cuyo castillo también alude al linaje de los Enríquez.

A partir del siglo XVI, el castillo fue perdiendo parte de su función estrictamente defensiva para convertirse en residencia de la alta nobleza. Esta transformación dejó huella en su estructura y en algunos espacios interiores, que ganaron en comodidad sin renunciar del todo a su carácter militar.

Visita imprescindible en Ribeira Sacra

Desde 1991, tras su cesión al Ayuntamiento, el castillo se ha convertido en el centro cultural de la comarca. En su interior se ubican la oficina de turismo, la biblioteca municipal, un salón de actos y un museo etnográfico.

Quienes lo visitan pueden recorrer sus dependencias desde el interior de la muralla o adentrarse en el patio de armas, donde aún se conservan elementos originales como un corredor de madera.

En el museo se exhiben objetos hallados durante las obras de restauración, monedas, fragmentos cerámicos y antiguos proyectiles, junto a utensilios tradicionales como ruecas, telares de lino, aperos de labranza y herramientas de carpintería, que permiten comprender la vida cotidiana de la zona.

Además, desde sus torres se contemplan vistas privilegiadas del entorno, especialmente sugerentes en invierno, cuando la piedra y la naturaleza parecen fundirse en un mismo tono.