Este es el hórreo más largo del mundo

Este es el hórreo más largo del mundoOlaia

El nuevo Patrimonio Cultural Inmaterial de Galicia: un icono del rural que todos han visto pero pocos conocen

De graneros a icono cultural muchos de ellos convertidos en alojamientos para garantizar su conservación

Los hórreos gallegos, una de las estampas más reconocibles del paisaje rural del norte peninsular, acaban de recibir un impulso clave para su conservación al aprobarse su declaración como manifestación representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial que reconoce no solo su valor arquitectónico, sino también su dimensión social, simbólica y cultural.

Más allá de su apariencia, estas construcciones representan siglos de historia, saberes tradicionales y formas de vida ligadas a la tierra. Galicia, donde forman parte inseparable del territorio, se convierte así en referente de un patrimonio que sigue vivo.

El alma del rural gallego

Nos referimos a los hórreos, una de las construcciones más representativas del paisaje gallego. A simple vista pueden parecer estructuras sencillas, pero en realidad encierran siglos de conocimiento y adaptación al medio. Nacieron como graneros elevados destinados a conservar el maíz y otros cereales en un territorio marcado por la humedad y las lluvias constantes.

Su diseño responde a una lógica precisa: alzados sobre pilares y con aberturas laterales, permiten la circulación del aire para secar las cosechas, mientras que elementos como los tornarratos, piezas de piedra que impiden el acceso de roedores, evidencian el grado de sofisticación de esta arquitectura popular.

Su origen se remonta, al menos, a la Edad Media, aunque algunos estudios sugieren raíces aún más antiguas. No fue hasta la llegada del maíz en el siglo XVII cuando su uso se generalizó y evolucionó hacia las formas actuales. Construidos en piedra, madera o combinando ambos materiales, cada hórreo se adapta a las condiciones de su entorno, lo que explica la enorme variedad existente: no hay dos iguales. Desde pequeñas estructuras familiares hasta grandes construcciones monumentales, todos comparten un mismo propósito: proteger el alimento en un clima cambiante.

Con el paso del tiempo, su función trascendió lo puramente práctico. Los hórreos se convirtieron en símbolos de estatus, puntos de encuentro social y elementos clave en la organización del espacio rural, hasta consolidarse como una auténtica seña de identidad de Galicia.

Cuando se habla de grandes hórreos, muchos piensan en el de Carnota, uno de los más emblemáticos con más de 35 metros de longitud. Sin embargo, el más largo es el de Araño, que alcanza los 37,05 metros. Construido en el siglo XVII y declarado Bien de Interés Cultural, destaca por una característica singular: carece de pies y se apoya sobre una base de piedra corrida con tornarratos integrados, lo que ha permitido que haya resistido más de cuatro siglos gracias a un diseño pues sigue garantizando la ventilación natural del grano.

Paisajes únicos en Europa

Galicia también presume de concentraciones únicas de hórreos que refuerzan su valor patrimonial. Aunque localidades como Combarro son conocidas por sus hórreos junto al mar, no ostentan el récord. Ese reconocimiento recae en A Merca, donde el conjunto de Camiño da Feira reúne 34 hórreos alineados, convirtiéndose en la mayor concentración de España y la segunda de Europa. Además, tiene un origen relativamente reciente ya que fue creado en la década de 1970 tras la reubicación de varias estructuras para mejorar los accesos del municipio. Hoy se ha consolidado como un ejemplo de conservación y puesta en valor del patrimonio tradicional.

Sin embargo, no todo ha sido continuidad. Durante décadas, el abandono del medio rural y la pérdida de la función original de los hórreos provocaron el deterioro de muchas de estas construcciones. La reciente protección patrimonial busca precisamente frenar esta tendencia, no solo salvaguardando las edificaciones, sino también los conocimientos, técnicas y tradiciones vinculadas a ellas.

En paralelo, han surgido iniciativas que demuestran que los hórreos siguen teniendo futuro. Lejos de quedar relegados al pasado, algunos se están reinventando con usos innovadores que combinan tradición y modernidad. En Barreiros, por ejemplo, antiguos graneros se han transformado en alojamientos turísticos, como el conocido ‘Cabozo de Rexa’, adaptado como habitación con todas las comodidades sin renunciar a su estructura original. En otros puntos, como Ponte Caldelas, algunos hórreos se han reconvertido en espacios chill out con vistas privilegiadas.

Estas propuestas no solo contribuyen a dinamizar el turismo rural, sino que también favorecen la conservación de este patrimonio. Porque lo que no se usa, se pierde. Así, desde su función original en los campos de maíz hasta su transformación en alojamientos singulares, los hórreos continúan evolucionando sin perder la esencia que los convierte en uno de los grandes símbolos de Galicia.

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