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Familiares de Raquel, la malagueña que aún permanece en la UCI tras el grave accidente ferroviario de Adamuz

Málaga

La familia de la única paciente en la UCI por el accidente de Adamuz pide ayuda para pagar los gastos médicos

La malagueña, que ha dado a luz mientras permanece hospitalizada grave tres meses después del siniestro, sigue en un «limbo legal» sin poder acceder a las ayudas mientras su padre clama por la curatela

La familia de Raquel García Aranda, la abogada malagueña de 32 años que resultó gravemente herida en el accidente ferroviario de Adamuz, lanza un desesperado mensaje: necesitan ayuda económica. Y la necesitan ya.

Lo cierto es que el dinero existe, pero no pueden tocarlo. Alberto, el padre de Raquel, lleva un mes esperando que un juzgado de Málaga les conceda la curatela provisional de su hija. Sin ese papel, son unos completos extraños para la administración. «Nos preocupa y nos urge», confesó el progenitor en una entrevista a ABC.

El abogado Daniel García Prieto, que lleva el caso, desmonta la paradoja. La aseguradora está dispuesta a cubrir los gastos del centro privado al que previsiblemente trasladarán a Raquel cuando salga de la UCI. Pero necesita a un representante legal de la víctima para firmar los papeles. «Nadie puede hacerse cargo de ella porque es mayor de edad», lamenta el letrado. Y mientras tanto, la única ayuda recibida son 20.000 euros. Una cantidad que el padre califica de «gota de agua en una bañera».

La salida de la UCI, una nueva amenaza

Los médicos han dado una noticia que en cualquier otra familia sería motivo de fiesta: Raquel podría salir próximamente de la UCI. Su evolución, aunque lenta, es favorable. Pero ese alta médica es, paradójicamente, el momento más temido por los suyos. Un traslado a un centro privado especializado dispararía los costes. Y sin la curatela, no hay forma de gestionar ese desembolso.

Iván, su pareja y padre del pequeño Teo, lo expresa sin rodeos: «Necesitamos que los medios económicos sean los mejores para ella para que pueda tirar para adelante». No es un capricho. Es una cuestión de vida. De rehabilitación. De futuro.

Teo, el «rayito» que no puede esperar

En medio de esta vorágine de papeleos y facturas, nació Teo. El pequeño, sietemesino, lucha en una incubadora mientras su madre permanece inconsciente. «Es una extensión de Raquel», explica Iván, emocionado. Pero el bebé, lejos de ser una distracción, es un recordatorio constante de lo mucho que está en juego.

La familia ha habilitado una cuenta bancaria para quienes quieran contribuir. Saben que la justicia tarda. Y Raquel, que tanto ayudó a los demás como abogada, necesita ahora que la ayuden a ella. «Es el ejemplo de que se puede ser bondadosa, humilde y entregada», recuerda su hermana Ana. Por eso piden un esfuerzo colectivo. Porque salvar a Raquel es también salvar a Teo. Y porque el amor, a veces, tiene que pasar por el bolsillo para hacerse efectivo.

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