Empanada gallega de milloWikipedia

Este es el curioso motivo por el que la empanada gallega lleva un agujero en el centro

Es el sello inconfundible de las elaboradas de forma artesanal

Hablar de la gastronomía de Galicia es hablar de una cocina ligada a la tradición, al producto local y a una forma de cocinar donde el tiempo y la técnica importan tanto como los ingredientes. En ese universo culinario destaca con fuerza la empanada gallega, uno de los platos más representativos de la comunidad autónoma y también uno de los más reconocibles fuera de sus fronteras.

Presente en fiestas, reuniones familiares, celebraciones populares y en las mesas en el día a día, la empanada gallega ha sabido mantenerse como un símbolo gastronómico intacto a lo largo de los siglos. Y es que, aunque se suele decir que el secreto está en la masa, lo cierto es que su éxito radica en su sencillez. Además, se trata de un plato muy versátil que admite una gran variedad de rellenos, desde atún o carne hasta zamburiñas, bacalao, chorizo o verduras, entre muchas otras combinaciones posibles. Aunque hoy en día es habitual encontrar versiones industriales en supermercados o panaderías, la auténtica empanada gallega tiene un sello inconfundible cuando se elabora de forma artesanal, un pequeño agujero en el centro de la masa.

La razón por la que lleva un agujero

La empanada gallega es uno de los ejemplos más representativos de la cocina popular adaptada a cada hogar. Cada familia conserva su propia receta y en cada zona de Galicia se introducen matices distintos, tanto en el relleno como en la masa. Sin embargo, pese a esta diversidad, todas comparten un rasgo común: su textura, con una masa crujiente por fuera y capaz de mantener un interior jugoso sin volverse blanda ni apelmazada.

Es precisamente en este punto donde entra en juego ese pequeño orificio en el centro de la empanada, que dista mucho de ser un simple adorno, como muchos podrían pensar. Su función es puramente técnica y está directamente relacionada con el proceso de cocción en el horno.

Durante el horneado, el relleno libera humedad de forma natural y, si esta no encuentra una vía de escape, queda atrapada en el interior, afectando de forma directa a la textura de la masa. El resultado suele ser una base menos crujiente y una estructura más húmeda de lo deseado.

Para evitarlo, ese pequeño agujero actúa como una especie de ‘chimenea’ que permite la liberación del vapor. Gracias a este sencillo gesto, la empanada consigue mantener su equilibrio entre un interior jugoso en una masa crujiente.

Un truco de las abuelas gallegas

Este gesto forma parte del saber popular. Las abuelas gallegas han preparado empanadas incorporándolo de manera casi automática, sin necesidad de una explicación científica. Simplemente era un paso más dentro del proceso tradicional de elaboración. Esa transmisión oral del conocimiento culinario ha permitido que la técnica perdure hasta nuestros días.

La explicación técnica llega de la mano de los profesionales. El chef Pepe Solla, referente de la cocina gallega contemporánea, ha subrayado en varias ocasiones la importancia de controlar la humedad en este tipo de elaboraciones.

Desde este enfoque, el agujero central no solo mejora la textura final, sino que también favorece una cocción más uniforme, especialmente en empanadas de gran tamaño, donde el calor tarda más en alcanzar el interior.

La empanada gallega es mucho más que un plato típico; es el resultado de una tradición culinaria donde cada detalle cuenta. Y el pequeño agujero en el centro, aparentemente insignificante, es clave para conseguir el equilibrio perfecto entre textura y sabor.