Este es el nuevo Bien de Interés Cultural que suma Galicia

Este es el nuevo Bien de Interés Cultural que suma GaliciaTurismo de Galicia

Así es el nuevo Bien de Interés Cultural gallego: un conjunto histórico que desafía al barroco tradicional

Un reconocimiento que protege siglos de historia en uno de los enclaves rurales más singulares del noroeste peninsular

Galicia continúa ampliando su catálogo patrimonial con la incorporación de un nuevo Bien de Interés Cultural (BIC), la máxima figura de protección contemplada en la legislación autonómica. Esta declaración no solo supone un reconocimiento institucional, sino también un firme compromiso con la conservación de espacios que forman parte de la identidad colectiva. En una comunidad donde conviven castros, monasterios, pazos y conjuntos históricos de gran valor, cada nueva incorporación refuerza su red patrimonial.

Entre los ejemplos de BIC más conocidos destacan la Catedral de Santiago, la muralla romana de Lugo o el monasterio de Oseira. Junto a ellos, también cobran especial relevancia numerosos conjuntos rurales menos conocidos, como este conjunto parroquial que encierra una singularidad arquitectónica y valor histórico.

Conjunto parroquial de gran relevancia

Nos referimos al conjunto parroquial de San Martiño de Barcia de Mera, situado en el municipio pontevedrés de Covelo, en la comarca de A Paradanta, que, pese a su discreción geográfica, encierra una historia y una singularidad arquitectónica excepcionales.

Su origen se remonta al siglo XII, cuando pasó a depender del monasterio cisterciense de Monasterio de Santa María de Melón, tras la concesión de la heredad y de los derechos sobre el territorio. A partir de ese momento, Barcia de Mera se fue consolidando como un punto estratégico en el valle alto del río Tea, no solo en el ámbito religioso, sino también en el económico.

Su emplazamiento respondía a una lógica muy concreta: por esta zona discurrían antiguas rutas frecuentadas por comerciantes y peregrinos, lo que favoreció su crecimiento y dinamismo a lo largo de los siglos. Ese desarrollo histórico es el que explica la relevancia del conjunto que hoy ha sido reconocido como Bien de Interés Cultural, integrado de forma unitaria por la iglesia parroquial, la casa rectoral, también conocida como pazo abacial, varias edificaciones anexas, el atrio y su entorno inmediato.

La iglesia, construida en el siglo XVII, se ajusta a los patrones del barroco gallego vinculados a los talleres de cantería de la época, con una arquitectura sobria pero de gran solidez y presencia. En ella se aprecia, además, la influencia compostelana que marcó buena parte de las construcciones religiosas del rural gallego.

Casa Rectoral

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Sin embargo, es la casa rectoral la que concentra el mayor interés monumental del conjunto. Se trata de una edificación de carácter palaciego, organizada en torno a un patio interior y concebida no solo como residencia, sino también como centro de gestión y poder eclesiástico en la zona. El elemento más singular, y el que convierte a Barcia de Mera en un caso excepcional, es su portada. Frente a la sobriedad habitual del barroco gallego, su fachada despliega una riqueza decorativa inusual, con gárgolas, aves esculpidas, figuras mitológicas y una composición de marcado carácter escultórico, culminada por un atlante que sostiene una esfera, interpretada por algunos como una representación de Zeus.

Este conjunto ornamental, fechado en 1752 según la inscripción del dintel, rompe con los cánones tradicionales de la arquitectura rural gallega. Algunos estudios apuntan incluso a influencias poco comunes, como posibles referencias precolombinas, lo que añade un grado adicional de singularidad a este enclave patrimonial.

Un conjunto muy funcional

Más allá de su valor artístico, el conjunto destaca también por su funcionalidad, ya que la casa rectoral conserva elementos que permiten entender cómo era la vida cotidiana en la época. Entre ellos sobresalen una gran chimenea cilíndrica y diversas estructuras auxiliares, a las que se suma uno de los aspectos más singulares del complejo: la integración de un molino en el propio edificio, alimentado mediante un sistema de canalización de agua procedente de puntos alejados.

El valor del conjunto se ve además reforzado por su entorno inmediato, donde se conservan antiguos cementerios, un cruceiro, distintas piezas escultóricas y un paisaje dominado por el valle fluvial, que conforman un espacio de gran coherencia tanto histórica como visual.

La declaración como Bien de Interés Cultural, aprobada por el Consejo de la Xunta de Galicia tras recibir informes favorables de instituciones como la Real Academia de Bellas Artes de Galicia o la Universidad de Vigo, garantiza así una protección integral que abarca no solo los inmuebles y su entorno, sino también un conjunto de 26 bienes muebles, entre los que se incluyen tallas religiosas y piezas litúrgicas de gran valor histórico.

Con este reconocimiento, Galicia refuerza su compromiso con la conservación de un patrimonio que, en muchos casos, sigue siendo un gran desconocido. Lugares como San Martiño de Barcia de Mera evidencian que, más allá de los grandes iconos, la comunidad gallega tiene joyas ocultas capaces de sorprender.

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