Una de las acciones que tomaron contra los okupas en La Zapateira, La CoruñaASOCIACIÓN DE LA ZAPATEIRA



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Una de las acciones que tomaron contra los okupas en La Zapateira, La CoruñaASOCIACIÓN DE LA ZAPATEIRA


Una de las acciones que tomaron contra los okupas en La Zapateira, La Coruña

Okupan una vivienda turística en Orense y acaban escalando la fachada tras olvidarse las llaves

Los delincuentes alquilaron el piso por tres días y se negaron a marcharse cuando terminó la reserva, pero su plan naufragó al olvidarse las llaves

Aunque Galicia es la octava comunidad de España que menos denuncias de okupación registra, con 277 casos en todo 2025, eso no significa que los delincuentes hayan dado tregua en el mapa autonómico. Que se lo digan a unos propietarios de un piso turístico en el casco viejo de Orense, testigos atónitos del último y más surrealista asalto en la ciudad de las Burgas.

Los dueños alquilaron la vivienda por tres días, pero una vez cumplido el plazo, los inquilinos anunciaron que «se iban a quedar a vivir». Sin embargo, el plan de los delincuentes naufragó de la forma más absurda al salir a la calle dejándose las llaves de la casa en el interior.

Desesperados por entrar en la casa y al ver que los propietarios atrancaron el portal, los okupas improvisaron una temeraria maniobra, según adelanta La Voz de Galicia. Treparon por una tubería de la fachada para intentar colarse por el balcón de otro piso que también funciona como alojamiento vacacional.

Lo que no se esperaban es que en el interior de la vivienda se encontraba la propietaria, que avisó a la Policía Nacional. «¡Es mi casa, es mi casa!», se puede escuchar en el video grabado mientras lloraba de la desesperación al ver subir a los okupas por la fachada del edificio.

La mujer, embarazada, tuvo que ser trasladada al hospital por un ataque de ansiedad. «Me dio un ataque de ansiedad y tuvo que venir una ambulancia a buscarme, no estaba nerviosa por mí sino por el bebé», afirma.

Finalmente, los propietarios llegaron a un acuerdo con los okupas, que dejaron libre el piso. «No rompieron nada, pero cambiaron los bombines y estaba todo patas arriba, trajeron un montón de ropa y comida», cuenta.

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