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Del mejor arenal del mundo a calas escondidas: las mejores playas de Pontevedra, según ‘Condé Nast Traveler’

Su propuesta recorre la provincia de sur a norte, un itinerario que permite descubrir desde la desembocadura del Miño hasta la ría de Arosa, pasando por las Rías Bajas más conocidas y algunos rincones todavía alejados del turismo masivo

Hablar de las playas de Pontevedra es hacerlo de algunos de los paisajes costeros más variados de España. En apenas unos kilómetros de litoral conviven inmensos arenales abiertos al Atlántico, pequeñas calas escondidas entre acantilados, playas urbanas con todos los servicios, sistemas dunares protegidos y auténticos paraísos naturales que forman parte del Parque Nacional Marítimo-Terrestre de las Islas Atlánticas.

No es casualidad que publicaciones internacionales como Condé Nast Traveler hayan seleccionado esta costa como uno de los grandes destinos de playa. Su propuesta recorre la provincia de sur a norte, un itinerario que permite descubrir desde la desembocadura del Miño hasta la ría de Arosa, pasando por las Rías Bajas más conocidas y algunos rincones todavía alejados del turismo masivo.

Río Miño se encuentra con el Atlántico

El recorrido comienza en Os Muiños, en La Guardia, donde el río Miño se funde con el océano Atlántico. Para Condé Nast Traveler, este lugar representa el primer gran cambio de paisaje respecto a las playas portuguesas. «Río y océano dándose la mano, y naturaleza verde que llega hasta la mismísima arena», resume la revista sobre este arenal situado dentro del sistema dunar de Esteiro del Miño y protegido como Zona de Especial Protección para las Aves.

Tras dejar atrás la escarpada costa que separa La Guardia de Baiona, llega Ladeira, el mayor arenal del municipio. La publicación destaca especialmente «sus vistas privilegiadas del Parador y su entorno», uno de los paisajes más reconocibles de las Rías Bajas.

El recorrido continúa hacia Playa América, en Nigrán, un arenal de más de un kilómetro que, unido a Panxón, forma una enorme playa perfecta para largos paseos junto al mar, «mientras se reúne el ánimo necesario para desafiar la temperatura del agua», asegura la revista.

Muy cerca se encuentra Patos, uno de los grandes templos del surf en Galicia. Su oleaje atrae durante todo el año a escuelas y aficionados a este deporte, mientras que quienes buscan tranquilidad pueden subir al mirador de Monteferro para contemplar una de las mejores vistas de la ría de Vigo.

Ya en la ciudad olívica aparece Samil, definida por Condé Nast Traveler como la «Santa Mónica de Vigo». Restaurantes, hoteles, piscinas, zonas deportivas y un extenso paseo convierten este arenal en una de las playas urbanas más completas del norte de España.

Paraísos naturales casi vírgenes

Al cruzar la ría, la costa cambia completamente. En Cangas, las playas de Nerga, Viñó y Barra forman «un descomunal arenal virgen flanqueado por dunas, pinares y una costa intacta», destaca la revista. Mientras Nerga y Viñó conservan un ambiente familiar, Barra continúa siendo una de las playas nudistas más emblemáticas de Galicia.

Muy cerca se encuentra Melide, en Cabo Home, un pequeño arenal rodeado de naturaleza. Condé Nast Traveler subraya que aquí no hay urbanizaciones ni construcciones: «Ni una sola casa en las cercanías: solo pinares, rocas y las mejores vistas de las islas Cíes posibles». Un paisaje que, añade la publicación, sirve «para empezar a enamorarse de la Costa de la Vela».

Vistas desde Cabo HomeOlaia

La cercana ría de Aldán cambia nuevamente el paisaje. Allí aparecen pequeñas playas de aguas transparentes como Castiñeiras, que la prestigiosa publicación describe como un rincón de aspecto «caribeño» gracias a su arena blanca y a la claridad del agua.

Pero ninguna ruta por las playas de Pontevedra estaría completa sin acercarse a las islas del Parque Nacional.

Rodas, una playa que alcanzó fama internacional cuando The Guardian la eligió como la mejor playa del mundo en 2007. Aunque Condé Nast reconoce que ese título «siempre será discutible para algunos», sostiene que «su arena blanca y sus aguas transparentes (y heladas) hacen méritos para merecerlo». La publicación también pone en valor el entorno natural, donde «las colinas cubiertas de vegetación exuberante contrastan con el azul turquesa del mar», mientras el Lago de los Niños recuerda la extraordinaria biodiversidad del archipiélago.

En la misma isla, Figueiras conserva un carácter mucho más salvaje. Según la revista, «la atmósfera indómita sigue siendo la misma que se encontraron los corsarios de Sir Francis Drake cuando instalaron su campamento en las Cíes hace casi 500 años».

La siguiente parada es la Isla de Ons, donde la playa de Melide recompensa el paseo de media hora necesario para alcanzarla. «Este arenal virgen salpicado de rocas merece la pena», asegura la publicación, que añade una recomendación gastronómica ineludible: «El pulpo de Ons es imprescindible y está a un nivel que compite con las mejores pulperías del continente». No muy lejos se encuentra Area dos Cans, conocida por esconder una tumba antropomorfa excavada en la roca que la tradición popular relaciona con un antiguo sacerdote.

El corazón turístico de las Rías Bajas

Regresando al continente, se adentra en uno de los destinos turísticos más populares de Galicia, aunque antes aparecen playas como Lapamán, entre Bueu y Marín, donde la revista asegura que «sus arenas blancas y finas merecen todos los crujidos posibles» pese a las escaleras de acceso.

En Loira, en el municipio de Marín, Condé Nast Traveler encuentra «la playa de pueblo perfecta», gracias a la combinación de restaurantes, casas marineras y un ambiente tranquilo que conserva la esencia de la costa gallega. Ya en Sangenjo, la selección incluye Paxariñas, Montalvo, Areas Gordas y las playas de Foxos y Lapa, antesala del gran icono de la zona: La Lanzada.

En el Grove, la playa de Mexilloeira ofrece además una panorámica privilegiada de las bateas de mejillón que salpican la ría, mientras que Canelas, en San Vicente do Mar, destaca por combinar naturaleza y ocio. Desde allí parte el paseo de madera de Pedras Negras, uno de los recorridos costeros más recomendables del municipio.

La última etapa conduce hasta la ría de Arosa. En Vilanova de Arosa, playas como Campamento y O Vao destacan por sus aguas tranquilas y por ofrecer una imagen muy ligada a la tradición marisquera de la zona. El viaje concluye en la Isla de Arosa. Aunque la propia Condé Nast Traveler reconoce que sus playas «probablemente no se puedan comparar a sus vecinas del otro lado de la ría», también afirma que «ningún viaje a las Rías Bajas estaría completo sin visitar la isla».